Texto 2204 – EL AHORA DE LOS LIBROS Y EL KARMA DEL AHORA

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Ponerte a esperar a conocer el ahora del cual hablan los libros equivale a mirar pasar una ola y no creer que esta sea el mar mismo. Nuestra mente inquieta y buscadora de emociones, nombres, etiquetas y momentos especiales es la única mente que tenemos. Si la educamos y nuestros pensamientos se convierten en pensamientos elevados somos budas; pero si seguimos en esta eterna guachafa (comportamiento desordenado) de saber más sin actuar ni limpiar nuestros pensamientos… solo seguiremos siendo hombres ordinarios. ¿Cuál es el ahora del que hablan los libros, el Buda, Eckhart Tolle, o el maestro Jian Liao? – Pues este momento. Aprendemos a “esperar” que el momento aparezca. Somos culturas que esperan  que las cosas sucedan o se aparezcan. Este es ese momento del que siempre nos han hablado. Este es el momento para actuar. Cuando leas sobre el ahora sumérgete en él. No esperes.  Haz todo lo que puedas en este ahora y tu vida y tu karma se tornarán radiantes. Los que no logran ver este ahora viven imaginando tonterías y esta distracción solo lleva a la angustia y al sufrimiento. Practicar zazen (meditación sentada) es la puerta que se abre y que te permite “sentir” el ahora. Con esto basta para actualizar tu karma pues tu karma es justamente este instante que vives. Si vives en el ahora, alcanzas la dimensión del Buda. El amor, la compasión, la sinceridad y la armonía viven solo en este presente. Lo demás solo es el poder de tu imaginación revoloteando sin cesar.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

Texto 2203 – ZEN VERDADERO

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La meditación no es lo que piensas. Te sientas en absoluto silencio y tu mente empieza a repasar todas tus películas. Durante ese proceso, te vuelves tan familiar con los guiones que mantienes en tu vida que acabas hartándote de ellos. Entonces comprendes que la persona que crees que eres no es más que un complicado guión en el que gastas la mayor parte de tu energía. Tras un examen más minucioso, descubres que tu personalidad te asquea. Y eso es porque en realidad no eres tú. Si te sientes lo suficientemente aterrado por esa personalidad, espontáneamente permites que se desvanezca. Y entonces, si tienes suerte, puedes experimentarte a ti mismo sin la distorsión de esa personalidad. Ese es, en esencia, el proceso de zazen”.

Leonard Cohen / Monje zen.

COMENTARIO: Esta es una verdad irrefutable. Este es el verdadero proceso que se vive en el Zen. Realmente no te analizas para luego descartar lo que no te gusta; simplemente “pasas” por este proceso si le permites a tu zazen hacer su trabajo. Mucha gente huye del Zen a toda prisa para evitar cambiar; quienes se quedan se convierten en “testigos” de este proceso. Tu película cambia… ¿qué más puedes desear?

Texto 2201– OBSESIONARSE CON UNA VÍA

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Sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. Ese es mi punto de vista y me adhiero a él absoluta e incondicionalmente. La verdad, al ser ilimitada, incondicionada, inabordable por ningún camino, no puede organizarse; ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente a seguir un sendero particular. Si desde el principio entienden eso, entonces verán cuna imposible es organizar una creencia. Una creencia es un asunto puramente individual, y no pueden ni deben organizarla. Si lo hacen, se convertirá en algo muerto, cristalizado, en un credo, en una secta, en una religión que debe imponerse a los demás. Esto es lo que todo el mundo trata de hacer. La Verdad se empequeñece y se transforma en un juguete para los débiles, para los que están sólo momentáneamente descontentos. La Verdad no puede rebajarse, es más bien el individuo quien debe hacer el esfuerzo de elevarse hacia ella. No pueden traer la cumbre de la montaña al valle; si quieren alcanzar la cumbre de la montaña, deben cruzar el valle, subir la cuesta, sin temor a los peligrosos precipicios.

Jiddhu Krishnamurti

Tomado de: Discurso de disolución de La Orden de la Estrella de Oriente. (1929)

 

Texto 2200 – AGARRANDO AUNQUE SEA FALLO

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A la mente ordinaria dirigida por el ego, le encanta agarrarse de cualquier cosa. De conversaciones pasadas, de ilusiones, de principios morales, percepciones erróneas, miedos, apegos, suposiciones… No solamente se agarra, sino que puede llegar a hacerlo durante largo tiempo.

Utiliza todo esto a modo de bloques y cabillas para poder sostenerse, crear defensas, paredes y sótanos donde pueda resguardarse y guardar todo aquello que le avergüence y pueda debilitarla.

Solo cuando el ego ha construido muchas defensas y comienza a asfixiarse es cuando se da cuenta de que necesita derribarlas para poder ver la luz de nuevo.

Se enfrenta entonces con la gran duda, ¿quedarse asfixiado y adolorido por el peso de las paredes pero “seguro” o derribar todo su fortín para ver la luz aunque se sienta vulnerable?

El ego cree que nadie se da cuenta de lo que hace. Piensa que su construcción no solo es infalible sino que también es invisible.

Una mente clara en cambio, no se agarra de nada. Sabe que agarrarse es igual a sufrir, es desconectarse del presente y si llega a agarrarse busca cómo soltarse.

Para eso practicamos Zen, para observar todos los bloques que usó nuestro ego para sostenerse y gobernarnos. En otras palabras, todas las formaciones mentales de las que se ha agarrado nuestra mente y dejarlas ir. Si ves el Zen de manera distinta, te estás agarrando de otra ilusión más. Despierta pues.

Por un lado nuestro “ego” vive “agarrando aunque sea fallo” (creencias, argumentos, justificaciones…) para fortalecerse y sostenerse en el tiempo generando en todo momento sufrimiento en cómodas cuotas.

Y, por otro lado, en el Zen siempre “agarramos aunque sea fallo” algún pedazo del Dharma de Buda para ayudarnos a derribar muros de impotencia, estupidez y de ignorancia creados por el ego. Esa es la Mente Clara de la cual se habla en el Budismo: esa mente que no construye, sino que se libera de lo construido.

Nuestros cerebros están condicionados por la educación, por la religión, a pensar que somos entidades con almas separadas. No somos individuos en absoluto. Somos el resultado de miles de años de experiencia, actividad y lucha humana.

Krishnamurti

Bodhisattva Rubí Saki Sho / Linaje de Taisen Deshimaru

Texto 2199 – ESCUCHEN PUES

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“¿Cuando se darán ustedes cuenta de que no se sientan para alcanzar nada? Quienes se sientan (en zazen) solo lo hacen para certificar su budeidad, su despertar. Solo un buda se sienta en zazen. Esto no necesita ni de traducción ni de interpretación.”

Sensei Paul Quintero / Monje zen

Texto 2198 – ¿QUÉ GANAS CON GANAR?

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En estos días ojeaba libros en una librería y encontré una obra llamada “El arte de tener razón” de Arthur Schopenhauer. La reseña decía: “…este libro enseña diferentes modos de imponer el propio punto de vista al adversario mediante una dialéctica que no busca la verdad objetiva sino el triunfo a toda costa“.

Confieso que quise comprar el libro, pues considero que Schopenhauer realizó observaciones brillantes sobre el ser humano. Sin embargo me pregunto ¿de qué sirve tener la razón? ¿De qué sirve triunfar en una discusión? ¿A quién o qué busco satisfacer?… Muy bien, ganaste… ¿Y ahora qué? ¿Colgarás el premio en tu habitación o lo llevarás en el cuello para que todos puedan verlo? 

Mientras más argumentos tengas, más fuerte será tu ego y tu propensión a sufrir también será mayor. Los argumentos son vicios que mantienen otros vicios: miedos, ilusiones y apegos. Tratar de validar siempre lo que piensas es un hábito que terminará por encarcelar tu mente en un laberinto sin salida.

Cuando dejas de justificar, puedes empezar a ver las cosas como realmente son. “Para poder entrar en contacto directo con algo, la palabra no tiene que interferir” nos enseñan varios maestros Zen. Por lo tanto, para entrar en contacto directo con la verdad absoluta, con nuestra naturaleza original/iluminada, los pensamientos no pueden interferir. Para poder ser verdaderamente libre hay que liberarse de todo condicionamiento.

El maestro zen Taizan Maezumi Roshí decía:
Intentamos cuidar de nosotros mismos, de la estructura de nuestro ego, pensando. Pero el pensar es una abstracción. Es NO SER, es PENSAR sobre el SER. Y como cada segundo estamos naciendo y muriendo 70.000 veces, las condiciones sobre las que pensamos ya han desaparecido”.

Tus argumentos que eran válidos o útiles ayer, ya no lo son hoy, puesto que no eres el mismo de ayer. Cuando mantienes tus argumentos no solo fortaleces tu ego, sino que te hacen perseguir el pasado, prolongando así tu sufrimiento.

Por eso practicamos zazen, para darnos cuenta de cuán dependientes somos de nuestros pensamientos, argumentos, condicionamientos, y de cómo éstos aparecen y desaparecen. ¿Quién puede tener serenidad y libertad si siempre se opone, argumenta e impone?

 

Bodhisattva Rubí Saki Sho / Linaje de Taisen Deshimaru