Texto 2611 – LA VÍA A NUESTRO ALCANCE

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Realizar la Vía es ‘vivir de otra manera‘ ya que la realidad es otra. Realizar la Vía equivale a abandonar la vida de la criatura que creemos ser. Cuando realizamos la Vía abandonamos la vida que llevábamos  y ‘volvemos’ a vivir las mismas formas y fenómenos ‘de manera distinta’. Quien se libera de la vida que llevaba al realizar la Vía lo hace hasta en las pequeñas cosas. Ver las pequeñas cosas de otra manera: no malgastar el agua, no comer haciendo ruido, caminar erguido, apreciar las plantas, mantenerse aseado es ‘morir y renacer‘.

Toda la Vía es ‘morir y renacer’. Si no estáis listos para el cambio, el cambio no puede producirse. Morir y renacer en el Zen se conoce como ‘la nueva vida‘. Este es un asunto con uno mismo.

Maestro André Lemort / Colombia / Discípulo directo de Taisen Deshimaru

COMENTARIO: Esta es la Vía: un constante renacer. Espero que profundicen en estas líneas y cambien su óptica de lo que esta es en profundidad. El Zen es esencialmente “muy sencillo”. Recuerden: Si no estáis listos para el cambio, el cambio no puede producirse.

 

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Texto 2610 – SIN TIEMPO, SIN SUFRIMIENTO

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Se dice que el sufrimiento necesita tiempo; esto se refiere a ese tiempo externo que nos hemos inventado y al cual nos acostumbramos a seguir por ignorancia propia. Ese tiempo “alimenta” nuestro sufrimiento. Cuando el ser humano “busca tiempo”, sufre. ¿Por qué”? – pues porque no existe ese tiempo exterior. No existe tal cosa.

Nosotros vivimos el tiempo. Nosotros somos el tiempo. Por esa razón, quienes buscan el tiempo, buscan algo irreal. Para ellos, el tiempo se convierte en un fantasma. Y, persiguiéndolo, sufren al no poder encontrarlo. Gran parte del sufrimiento del hombre proviene de no vivir su tiempo. Si no nos damos cuenta de que somos el tiempo, buscarlo solo nos conducirá al sufrimiento. El tiempo que inventamos fuera de nosotros mismos nos crea angustia mental, psicológica, psíquica, física. Sufrimos al tratar de conectar con algo totalmente irreal.

Cuando entendemos que “somos tiempo” (Dogen) no sufrimos pues ser tiempo es aceptar tu vida y disfrutarla como un importante y trascendente “ya”. El ahora es nuestra vida, no la que imaginamos enmarcada en un tiempo irreal, sino la que transcurre segundo a segundo.

Despertar es también descubrir que eres tiempo. Para un budista “ser tiempo” es un tesoro de dimensiones incomparables. Cuando el Señor Buda dice que nuestro problema es que creemos que tenemos tiempo se refiere exactamente a un problema psicológico humano: la incapacidad de ver que somos tiempo nos lleva a creer que “necesitamos tiempo” y vemos al tiempo como “algo” que necesitamos alcanzar. El tiempo fantasmal externo es algo imposible de alcanzar. Solo comprendiendo que “somos tiempo” podemos vivir el tiempo que nos corresponde a cada uno por ley de vida. Es en esa realización de que “somos tiempo” que todos los seres sensibles pueden mitigar su sufrimiento. No vives más de lo necesario (no te inventas tiempos), no sufres pues valoras lo que vives.

Observemos muy bien a las personas y veremos que cada quien somatiza el tiempo de manera distinta, y esto se refleja en sus rostros. Quien busca el tiempo, quien cree que “tiene tiempo” (exterior, irreal), está destinado al sufrimiento. Esto se observa en el comportamiento y en el cuerpo de todas las personas que así lo creen.

Cuando el practicante budista comprende que él mismo es el tiempo, ya no busca nada. Se conforma con vivirlo. Esto es Zen.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

Texto 2609 – UN GRAN REPOSO

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Zazen, esa aparente postura budista adoptada para meditar, no es un interés humano. Zazen es una disciplina exótica practicada por pocos, en todo caso. Es una práctica de hombres que se elevan sobre la condición humana de aquellos que obedecen a un ego sometiéndose a sus ideas e ideales,  asociándose como víctima complacida de sus instrucciones y señalamientos. El ser humano – con olor a humano – en este respecto  es solo un títere de su propia ignorancia.

Zazen es hurgar las raícesde nuestra vida. Esto lo hace muy poco atractivo. Es durante este periodo de atención y observación consciente que podemos llegar a darnos cuenta de que nuestro comportamiento y nuestros pensamientos son la expresión, la manifestación o el reflejo de eso que uno es interiormente. Hurgar las raíces equivale a conocer nuestro origen, la base de nuestra existencia. Es una visión más completa que la del hombre común que es “empujado” por esas mismas fuerzas sin entenderlas.

Zazen es la raíz. Y es esta raíz lo más importante para un budista. Zazen es sentarse en la raíz de la vida. El maestro zen André Lemort nos dice: “Mientras no haya cambio en vuestro ser (gracias a la comprensión profunda de vuestra existencia), el progreso de vuestro comportamiento y de vuestra manera de pensar solo serán una “simple decoración” de vuestro ser, agregando más confusión a vuestra ya confusa vida, restringiendo vuestra libertad, reforzando vuestra rigidez y complicando vuestras relaciones con vosotros mismos y con quienes os relacionáis en vuestro día a día”.

Es a este “reflejo” al que debemos dedicarle toda nuestra atención. Observemos nuestro propio comportamiento cotidiano y nuestras tambaleantes reacciones. Aun nuestra misma postura es un reflejo de nuestro mundo interior. No pierdan de vista que este el objetivo de la práctica. Sin observarnos seguiremos siendo unos simples desconocidos para nosotros mismos. Para quienes comprenden el verdadero zazen, esta práctica no es una práctica de evasión. Es el camino más corto al autoconocimiento. Es un compromiso profundo para conocer lo que nos desequilibra y nos hace sufrir. Zazen es un buen Karma, decía mi maestro Taisen Deshimaru.

El maestro Lemort añade: “Es a través de esta práctica (meditación sentada) que podéis daros cuenta que “mientras ustedes crean en su realidad (dirigida por el desequilibrio de un ego nada armónico) no tendrán ninguna oportunidad de salir de la ilusión, de abandonar su poder, y continuarán tratando de solucionar las dificultades inherentes a esas creencias. Por eso es necesario conocer y ubicar la raíz de la dificultad de la vida humana”.

Cuando logréis acceder a la raíz del sufrimiento humano, dejareis la condición de humanos y vuestro despertar, como decía el maestro zen Kodo Sawaki, no tendrá olor humano.

Finalmente, el mismo maestro Lemort nos dice: “Cuando estén perdidos, cuando no sepan muy bien donde ustedes se encuentran, regresen siempre al cuerpo y a la postura. Si nuestro espíritu no está libre, nuestro cuerpo tampoco lo estará, y viceversa.  La postura de zazen nos permite limitar nuestras ilusiones, nos permite mantenernos más lúcidos”.

Yo me atrevo a agregar a estas ideas de mi hermano del dharma, André, la siguiente frase: “Las tribulaciones son parte del Despertar. El Despertar es la meta del atribulado”. Las tribulaciones surgen de nuestra falta de conocimiento de la raíz de nuestro ser, ellas brotan de la insensata relación de amor que mantenemos con nuestras creencias superficiales. Y son ellas quienes nos conducen hasta el Buda. No es malo estar atribulado. Quienes practicamos zazen conocemos muy bien las tribulaciones. ¿No os dais cuenta de que conocer vuestras raíces y abrir la mente os conducen a un gran reposo?

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

Texto 2608 – SENTARSE TRANQUILAMENTE

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Un antiguo dicho expresa:

Si alguien se sienta tranquilamente durante un instante

Esto resulta más valioso que construir pagodas con las siete joyas

En tal número que igualen la cantidad de los granos de arena del río Ganges.

Si alguien se sienta (meditación sentada: zazen) tranquilamente por un breve momento, si realmente puedes permanecer tranquilo, esto es mucho mejor que construir pagodas con las siete joyas en tal número que igualen la cantidad de los granos de arena del río Ganges. Si puedes entrar en el samadhi – quedarte quieto – por un breve momento, entonces eso en sí mismo puede erradicar infinitos kalpas de ofensas que nos atan al nacimiento y la muerte. En tanto nos sentemos tranquilamente, los méritos y las virtudes serán mucho mejores que los que conllevan el construir pagodas con las siete joyas en tal número que igualen la cantidad de los granos de arena del río Ganges.

Al construir estas pagodas, meramente estás haciendo ofrendas materiales a los Budas y quizás esto sirva para influenciar a algunas personas para que estas se animen a alcanzar su realización.

 

Maestro Hsuan Hua / Vajra Boddhi Sea – 1996

Texto 2607 – TRANSFORMAR EL PASADO,

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Si sabemos que el pasado también yace en el presente, comprendemos que podemos cambiar el pasado al cambiar el presente. Los fantasmas del pasado, que nos siguen hasta el presente, también pertenecen al momento presente. Al observarlos profundamente, reconocer su naturaleza, y transformarlos, equivale a transformar el pasado. Los fantasmas del pasado son muy reales. Ellos son las formaciones internas dentro de nosotros que a veces duermen serenamente, mientras que en otros momentos despiertan de manera abrupta y actúan de manera enérgica.

Las formaciones internas continúan con nosotros, durmiendo en las profundidades de nuestra conciencia. Es a ellas a quienes llamamos “fantasmas”.

Maestro Thich Nhat Hanh / Nuestra cita con la vida. – 1990

REFLEXIÓN: Deng Ming Dao nos aclaras que los sabios nos dicen que para comunicarnos con nuestros dioses, debemos establecer una comunión con los aspectos profundos de nuestra mente. Es esta reunión con lo que se esconde en nuestra conciencia profunda la que puede liberarnos. En otras palabras, los dioses vencen a los fantasmas, los diluyen. La conciencia clara y libre es clara y libre pues ha transformado los fantasmas del pasado. ¿Dónde están tus fantasmas en este momento?

Texto 2606 – PRUEBAS EN TU CULTIVO

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Un maestro chino del Chan dijo una vez: “Todo es una prueba para ver lo que tú harás. Si no reconoces lo que está delante de ti, deberás comenzar de nuevo”. Estudiar el budismo durante años para convertirnos en eruditos, ¿de qué sirve? Piensen solamente en esto: “Si no existieran pruebas en su cultivo, ¿para qué nos estaríamos cultivando?”

Todos los eventos que se nos presentan como “pruebas” nos permiten verificar si aún tenemos semillas de avaricia, rabia y estupidez dentro de nuestra mente que diligentemente cultivamos. El mismo Buda dijo que tuviéramos cuidado de no asociarnos con la lujuria. Cuando nos asociamos con ella, surgen las calamidades. Todo cultivador debe poder ver a través de las superficialidades de lo bueno y lo malo. Debe poseer una visión profunda para poder mantener su mente en equilibrio para el momento cuando se presenten las pruebas.

De manera mucho más profunda, podríamos preguntarnos (nos dice el maestro Hsuan Hua), ¿cómo podríamos saber si las personas que nos incomodan, nos gritan e insultan y nos miran con desprecio no son sino manifestaciones de Bodhisattvas o de dioses protectores del Dharma que  presentes en nosotros, nuestras familias y que pueden provenir inclusive de deudas no resueltas con acreedores conocidos o desconocidos?

Maestro Hsuan Hua / Vajra Boddhi Sea – 1994

Texto 2605 – ASURAS

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La palabra “asura” (del Sánscrito) significa “poco atractivo”, “feo”.  Se dice que las asuras pudieran ser muy feas (para asustar) o muy bellas (para atraer y engañar).

En el hinduismo, los asuras son un grupo de deidades sedientas de poder y en constante guerra, consideradas a veces demoníacas o pecaminosas. Prácticamente podemos considerarlas energías fantasmales que propician conflictos, guerras e insolencia en las personas. Aunque su origen es mitológico, estas energías bajas son muy reales y acompañan al ser humano y lo perturban.  Un cultivador puede darse cuenta de su presencia pues esta se manifiesta en guerras y en los malos temperamentos. En nuestras sociedades estas abundan desquiciando al hombre y fomentando enfrentamientos a veces terribles entre las personas (terrorismo, violencia racial, esclavitud, genocidios y xenofobias entre otras). Muchos gobernantes a lo largo de la historia han sido atrapados por las asuras y han sumergido al mundo en terribles guerras cuyo único resultado ha sido muerte y desolación para la humanidad. Los campos de concentración durante la guerra impuesta por los alemanes, eran “casas de asuras” también.

Para el cultivador serio su influencia es fácilmente reconocible y, tal como se expresa en el budismo chino, las asuras pueden encontrarse “en cualquier senda”. ¿Qué quiere decir esto? – De la manera más elemental, quiere decir que aún para un buscador de la verdad, para un hombre que desea conocer y dominar su mente, las manifestaciones de celos, obstrucción, ignorancia y aflicciones son provocadas por estas energías desordenadas que luchan contra aquellos que desean conocer su naturaleza profunda y superar las perturbaciones externas e internas. Esa es la actividad de las asuras.

El maestro zen chino Hsuan Hua nos insta a no pelear nunca y a no fomentar temperamentos irascibles. Esta es la única forma de detener el poder de las asuras y de disociarnos de ellas. Por supuesto que a la vuelta de la esquina pueden surgir sus tentaciones y nos pueden sacar de nuestra serenidad que tanto nos ha costado cultivar. Entonces aparecen las disputas y nos salimos del Camino. Vale la pena estar pendientes de estas energías.

Sensei Paul Quintero / Monje zen