Texto 81 – BARRER Y FORTALECER

La práctica de Zazen es sin duda una práctica sencilla. Amerita atención en lo que se hace y observación en cuanto a lo que transcurre durante la meditación sentada. Luego extender esta atención y observación a las acciones de la vida diaria. El Zazen tiene una postura que se debe respetar y lo mejor es practicarla sobre un zafu redondo que nos permite elevar nuestro cadera y así colocar bien las dos rodillas en el piso. Eso permite adoptar una postura estable. No se deben cerrar los ojos, pues  se terminaría durmiendo.

 

¿Para qué practicamos? Esto es difícil de explicar al principio. Nuestro ego nos trae hasta el Zen. Luego, al sentarnos debemos abandonar ese ego. Es una contradicción aparente. Pero, no hay que olvidar que nuestro espíritu busca desde lo más profundo una condición normal, libre, equilibrada. Es nuestro espíritu que nos da fuerzas para continuar. El Zen no es muy atractivo para muchos. La gente de las sociedades actuales no se caracteriza por una fuerza de voluntad férrea. El espíritu, debido a la debilidad del cuerpo y de la mente, termina por ser débil también. Por esta razón, la postura del cuerpo (a veces un tanto difícil para algunos) es una buena oportunidad para crear una voluntad y un cuerpo fuerte…que pueda influenciar al espíritu para que este no se debilite. Pero, si durante Zazen nos dormimos, no sólo perdemos el tiempo, sino que también debilitamos nuestro espíritu que es buscador de su propio equilibrio.

 

Esta práctica es sencilla. Si tu espíritu es sencillo, la práctica también lo es. Si tu espíritu es complicado, todo lo que hagas te parecerá complicado. Así funciona todo en nuestra vida. Por eso vemos a la gente a nuestro alrededor y a veces nos preguntamos: ¿Por qué se complican tanto? ¿Por qué tanto enredo innecesario? En verdad es resultado de nuestra propia complicación interna.– Para esto existe el Zen: practicar esta meditación sentada es igual a barrer el sucio de  la entrada a nuestra casa (nuestra mente), es desempolvar nuestra vida y aceitar nuestra mente para poder movernos hacia un estado en el cual, los demonios representados por los bonnos (pasiones) y nuestros apegos (creadores de nuestro sufrimiento), sean barridos fuera de nuestra vida para poder actuar concientemente y buscar la  condición normal de nuestro espíritu que a la vez es la condición normal de nuestra mente y nuestro cuerpo.

 

Si practicamos con sinceridad el Zazen, más adelante comprenderemos esta frase Zen: Shin jin datsu raku, datsu raku shin jin.  Esta frase traduce: Abandonar espíritu y cuerpo, cuerpo y espíritu abandonados. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que a final del camino, ni cuerpo ni espíritu son necesarios, tu naturaleza armónica, tu condición de Buda ( persona despierta) decide tu vida. Pero para que esta condición de Buda actúe, es necesario haber conocido perfectamente tu cuerpo y tu espíritu. Para eso se practica Zazen. Luego, sueltas amarras y tu propio orden natural te guía. En ese momento los conceptos de cuerpo, mente, espíritu son innecesarios. Recuerda: hay que limpiar, barrer para llegar a despertar tu Buda interno. Abandonar cuerpo y espíritu es abandonar lo viejo, lo complicado, la dualidad y abrirse camino con tu propio orden natural hacia un despertar que te traerá sosiego y felicidad. Esta es la Vía del Buda.

 

 

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