Texto 67 – EL KARMA MÁS ELEVADO

 

A través de la sabiduría nosotros debemos comprender la raíz de las ilusiones. Pero no debemos olvidar que las ilusiones de nuestro espíritu interior producen el satori (el despertar). Los deseos se convierten en nuestro satori. Mientras mayor sea el espacio ocupado por nuestras ilusiones, más abundante será el agua de nuestro satori. Cuando aparece el mal karma, nuestro espíritu de observación se disipa, desaparece, y nuestro buen karma no puede aparecer más.

Si alguien practica zazen, así sea por una hora o un corto instante, los karmas de la palabra, del cuerpo y de la conciencia se convierten en Buda. Durante zazen no hablamos; el cuerpo asume y mantiene la postura más elevada como la del Buda Shakyamuni y nuestra conciencia se convierte en Hishiryo (el pensamiento puro, más allá del ego personal. Uno debe cortar sus propias categorías y mantener las manos y la cabeza vacías). Este es el karma más elevado. En ese momento uno entra en el Samadhi (tranquilidad justa), y se hace uno con su budeidad.

Estando entre los demás (sin huir a la soledad de una montaña) uno está como en una corriente de agua agresiva y desenfrenada. Uno es como la montaña (pues está en Samadhi) pero es necesario entrar y salir de la montaña. Ese es el trabajo de un Bodhisattva. Permaneciendo en Samadhi uno no ensucia su espíritu. Uno es como el médico que cura al paciente sin adquirir su enfermedad. El Zen es una vida de no-miedo. Ante la vida y la muerte uno debe tener valor.  No se trata de cortar con todo lo que nos rodea (huir a un lugar solitario). Se trata de vivir en medio de los demás e influenciarlos sin juzgar las cosas como buenas o malas. El bien y el mal dependen de lo relativo del momento y del lugar donde se dan los hechos. Cada cual actúa según su karma. Casi ningún karma reviste la característica de el karma más elevado.

Cuando tu mente puede ir más allá del más allá, sin mancillarse ni permanecer en un solo punto (como el ave que vuela en el cielo), entonces sientes la verdadera libertad. No eres esclavo de nada, de nadie, ni de ti mismo. Para eso practicas zazen.

 

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen

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