Texto 87 – LOS PUNTOS DE VISTA

Todos los seres humanos somos unos cuentistas que tenemos un punto de vista propio. Cuando comprendemos esto, dejamos de sentir la necesidad de imponer nuestra historia a los demás o defender lo que creemos. En lugar de ello, consideramos que todos somos artistas con el derecho a crear nuestro propio arte.

 

Nuestra vida, de origen o raíz pura, cada uno de nosotros se encarga (por medio de sus experiencias y el poder de sus creencias personales (sus propias mentiras) de re-crearlo a su manera. De esa manera perdemos nuestra pureza original. Cada quien por su lado vive su propio paraíso o infierno. Esto es completamente personal.

 

Un budista no anda por allí deseando cambiar a nadie. Un budista respeta la vida de los demás. Y su compromiso es con su propia vida. No se puede cambiar la vida de los demás sin haber hecho un trabajo interior profundo de revisión y renovación. Por eso se medita. Para eso se medita. Al menos es un instante de silencio que muchos no hacen, para detenernos un poquito a revisar nuestra creación.

 

Y la renovación comienza a cada instante. Vivir cada instante es la vía del budista. Revisarse, mirar adentro para poder comprender el dolor ajeno. Todos somos distintos. Cada uno de nosotras es creador absoluto de su karma (historia), y, por lo mismo, cada uno debe poder sanarse a si mismo (si lo desea).

 

El bodhissatva no desea cambiar nada. Él da tips (sugerencias) de acuerdo a la situación que vive con las demás personas. En el Zen se dice “Mendigar con el pobre y darle monedas de oro al rico.”

 

Nadie puede cambiar a nadie, y tampoco es su trabajo. Conocer sobre el drama de nuestras vidas puede ayudar a otros. Podemos influir en los demás a través de nuestras acciones, palabras, gestos. Más nada. Por eso es esencial reconocer y comprender y aceptar que cada quien es creador de su propia historia. El mendigo es mendigo pues el desea serlo. Y el rico es rico pues desea serlo. Y así ocurre con todas las preferencias humanas. ¿Quién puede cambiar esto? – Nadie. Ni ningún credo, ni ningún mago, ni ningún Buda. Solamente uno. Debo decidir lo que deseo ser, y serlo.

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

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