Texto 188 – EL CAMPO DEL DHARMA (Relato Zen)

Seda del rakusu caligrafiada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cierto día un joven monje le pide a su amigo, otro monje Zen, que por favor le escriba un texto sobre su rakusu (pequeño kesa). Esta caligrafía incluye un poema Zen, el nombre de ordenación, nombre del maestro que ordena al interesado, lugar y fecha. Este lo mira y le pregunta: “¿Y cuál es tu nombre Zen?”

 

Este le contesta: “El Campo del Dharma”.

 

-“Ah, muy bien, hare la caligrafía para tu rakusu”.

 

Más tarde durante el día – en dos oportunidades – el joven le pregunta al calígrafo que si ya su rakusu esta caligrafiado. En ambas oportunidades este le indica que no ha podido hacer el trabajo aun. Cuando llega la noche, el joven monje se dirige de nuevo al calígrafo y este le contesta: “Ah caramba, solo me falta un poquito, es que se me ha olvidado tu nombre Zen. ¿Cuál es?”

 

Este, muy extrañado, le repite su nombre de ordenación: “El Campo del Dharma”.

 

El monje mayor aprovecha el instante para interrogarlo y ver su madurez dentro del Zen: “Y, dime, donde está el Campo del Dharma?”

 

Este contesta: “Esta dentro de mí. Y desde ese campo yo puedo difundir el dharma del Buda.”

 

El calígrafo le dice entonces: “Ah, pero si usted muere, que pasa con ese Campo del Dharma?”

 

El joven se le queda mirando, piensa rápidamente, titubea un instante y le contesta: “No hay campo del Dharma”.

 

Entonces, con una gran sonrisa en sus labios, el calígrafo saca de su manga el rakusu del joven practicante y le dice: “Te lo entrego porque has comprendido.”

 

Este lo abre de prisa y el  poema principal  caligrafiado sobre la seda del rakusu  decía “No hay Campo del Dharma”.

 

Ambos sonrieron.

 

Texto 186 – DESPUES DEL SATORI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después del satori, la vida toma otro sentido. La vida vivida hasta ese momento es una historia completamente distinta a la que ha de escribirse ahora.

A partir del satori tu escribirás tu nueva historia pero sin identificarte con el drama.  Desapegarte de la vida humana errante e inconsciente no significa no participar. Es decir, cuando te iluminas, no te desentiendes de tu vida humana, ni desprecias tu pasado, ni te olvidas de tu compromiso con la vida. Tu nueva vida se comienza a crear instante tras instante pero con el discernimiento claro de que  tú no eres esa historia. Si algo sale mal, no te molestas. Si algo sale bien, lo celebraras. Pero no te apegaras a ningún suceso (ni a las emociones que ellos despiertan en ti) pues te darás cuenta de que tu historia no eres tú.

El hombre común cree que él es su historia. Su historia –para llegar a no ser su historia- tiene que evolucionar desde un estado de dualidad y de separación hasta un estado de iluminación y de unidad. Solo se llega a ese estado despertando del sueño de lo trascendente de su ego para llegar a disolverse, olvidarse de sí mismo y aclarar su mente. El satori es un nuevo estado de conciencia: yo no existo como antes creía que existía. Eso es parte de la comprensión de la vacuidad en el budismo. En la vacuidad, tu historia ya no es tu historia.

 

No vale la pena regresar al ayer pues yo era alguien muy diferente en ese momento.”

Texto 184 – LA REALIDAD DE ESTAR EN UNA VÍA

La Via es amplia, la puerta esta abierta!

No se porque la gente común cree que estar en algún movimiento religioso- espiritual es sinónimo de ser un ser perfecto, armonioso, excelso, maravilloso y feliz. No se debe creer que esto es la norma. Puede ser que encuentres algunas personas aparentemente felices y armónicas en tu grupo de meditación, yoga, de oración, etc., pero no debes creer que quien está en una vía es porque ya resolvió su problema interno. Al contrario, estar en un camino como la Vía del Zen, no es sinónimo de realización.

La gente que se reúne a meditar es gente normal. Normal: con problemas, con ira, gente que critica, gente que lleva cuentos de sus propios amigos a otros amigos, gente inestable, gente irritable, gente con aires de grandeza, con prejuicios de manías, y otros con baja autoestima. Y eso es lo que hace que los grupos sean humanos.     La sólo idea de buscar un camino espiritual es sinónimo de que deseas en el fondo mejorar, ser más sincero, ser más dado, corregir tus errores, ser mejor persona. Eso es todo.

Si la Vía del Zen estuviera llena de santos, sería muy exclusiva. Y Siddharta Gautama, el Buda, nunca dijo que lo fuera. De hecho la primera gran verdad del Budismo es que todos sufrimos. Todos tenemos demonios que vencer. Por eso sufrimos. Para eso se practica la meditación sentada: para día a día luchar y vencer los demonios de ese día.  Zen quiere decir justamente esto: exorcizarse. Ese es nuestro reto diario.     Por eso me alegro de ser imperfecto. De ser un humano más. De caminar esta vía señalada por el Buda para ir, cual matador de plaza de toros, matando. Pero no matando toros. Matando ignorancia.

Me postro ante ustedes amigos de la Vía, me sonrío, y sigo practicando. A lo mejor de esta misma naturaleza humana se reía a carcajadas Ryokan todas las noches antes de acostarse. We are only human. Si no lo creen, mírenme a mi.

Sensei Paul Quintero

Texto 183 – JUGAR, PERO SIN JUGAR TAN EN SERIO

Pienso, como muy bien decía el titulo Games People Play: La psicología de las relaciones humanas (1964), el libro más vendido del psiquiatra Eric Berne, que todos en esta vida escogemos un juego y nos dedicamos a jugarlo. Y de acuerdo a ese juego (o juegos) vivimos como vivimos.

Mi punto:

Yo no soy Buda. Pero me creo budista. Entonces, juego a ser como Buda.

No soy Cristo, pero creo en él y en sus enseñanzas (para ser bueno, creo) y entonces decido jugar a ser cristiano.

Esto es un hecho. Cualquier idea que plantemos en nuestra cabeza (mente) y le demos fuerza a través de nuestra fe, se convierte en nuestra mentira (Don Miguel Ruiz: La Voz del Conocimiento). Esta mentira es nuestra creación. Somos creadores de nuestra vida, verdaderos diseñadores!

Y claro, tu sistema de credo será tu guía personal en tu viaje por tu experiencia como ser humano en esta vida.

Yo juego un juego, otro juega otro. No tenemos que jugar el mismo juego. La diversidad de juegos es infinita (vean los currículos personales de cada persona a su lado o cercana, o de personas famosas).

Y, si así es la cosa, ¿para qué tanto conflicto? – La gente piensa: “Fulano es católico, budista, musulmán…y mira como se comporta”. Eso no está bien ni pensarlo. Cada quien es quien es y trata de jugar su juego de la mejor manera posible. Pero, sus heridas, experiencias, gozos y acciones son únicas. Nunca van a coincidir con nadie más en un 100%. Esto es francamente imposible. Cada historia personal individual es única. Nadie vive ni experimenta el cristianismo, por ejemplo, como ninguno de sus congéneres. Si no, la vida sería un solo juego. El juego más popular y listo. Y todos seríamos idénticos!

Nada en el Universo es igual a nada. Todo se mueve. Nada se detiene. Pero, de acuerdo a la fe que hemos puesto en nuestro juego, nuestras acciones, nuestras mentiras (Don Miguel Ruiz)…seguimos jugando un juego que aparentemente existe en nuestra mente, y que no cambia! Por eso tanta gente sufre. Todo cambia, lo que no cambia es porque está muerto. Es así de simple.

Para entender esto, solo tienes que mirar el día que pasa a noche, observar el movimiento de los ríos, sentir la brisa pasajera. Y más tecnológicamente, mirar las agujas de un reloj. Todo se mueve, todo cambia. Todo nace a cada instante. Nada se hace sino una (1) sola vez en la vida. Nada se repite. Nada. Por eso, jugar un juego para toda la vida no es posible. Estas anquilosado mentalmente si lo crees posible. No fluyes con la verdad de un universo siempre-en-movimiento.

Sal de tu juego. Vive en alegría, se libre. This is the real thing! A jugar sin jugar a nada que te apriete tus neuronas! Wake up!

Cada estrella en el firmamento es solo una estrella.

No quiere ser más nada.

Y nunca dice: “Soy más grande que tal otra estrella,  ni  brillo más”

 

Sensei Paul Quintero

Texto 182 – Carta/poema de Jorge Ferreira para Sensei Paul Quintero

¿CUÁL ES LA INTENCIÓN  DEL PRIMER PATRIARCA AL LLEGAR DESDE EL OESTE?

El viento borra muchas cosas:

dojos, monjes, bodhisattvas, egos y falsas posturas.

Son los buitres que se alimentan de su propio cuerpo.

Para ellos la compasión y la sandalia única.

Buda, Dharma, Shanga…

Ojos sin parpados no crían buitres.

Con un brazo menos es más fácil.

Por suerte quedan los verdaderos maestros,

maestros de golpe, de risa y de koan;

los amigos que entre tinta, humo, espejos y lunas

aún se mantienen de pie en la nieve.

Sensei, si no hay nieve en San Felipe

se la llevo en un bowl

o en una piedra

o en un cuadro

o en una página en blanco o al estudiar mi karma.

Aunque perdidos están los rituales de lo habitual, el más importante sigue allí.

Gassho, Sensei.

Agosto 8, 2011

Texto 181 – NI SANRAN, NI KONTIN.

Mudra cosmico.

El estado de sanran que aparece durante zazen es un estado de dispersión y de hipertensión. Los pensamientos aparecen indisciplinadamente multiplicándose sin control. Si uno les sigue, estos te sacan de tu estado de paz mental.

En el estado de kontin, la somnolencia aparece invadiendo nuestra mente. Los pensamientos desfilan en nuestra mente lentamente llevándonos a un estado de sueño que paulatinamente oscurece nuestra conciencia.

Durante zazen pasamos de un estado a otro de manera natural, pero esto debe evitarse.

Cuando nuestros pulgares pierden la línea horizontal que deben mantener y se convierten en picos de montañas que miran en dirección a nuestra cabeza, estamos en sanran. Cuando nuestros pulgares caen y forman la figura de un valle, entonces estamos en kontin.

Ni excitación, ni somnolencia. Ambos estados nos alejan de la práctica estable. La mente disciplinada nos tiene que llevar a una vida sencilla. Para eso se hace zazen. Si sabemos ser felices de una manera sencilla, el sufrimiento desaparece. Nuestros dedos tienen la clave!

Sanran

 

Kontin

 

 

Texto 180 – INFIERNO/PARAISO

 

Parecen palabras opuestas, pero son en realidad son las dos caras de una misma moneda. Se visita el paraíso luego de visitar previamente el infierno. Y cada infierno se vive a pesar de haber vivido o visitado algún paraíso previamente.

La vida, según Buda, consta de alegrías y tristezas. La gente quiere vivir todo el tiempo en un paraíso, pero eso no es posible pues no estamos en un paraíso constantemente. Tampoco podemos vivir totalmente en un infierno, pues la vida nos ofrece muy a menudo zonas para disfrutar menos terribles y más frescas. Todo es cuestión de equilibrio. Desear alargar la felicidad o acortar nuestras experiencias dolorosas no es sensato. Uno debe vivir cada experiencia con total identificación con el momento que se vive. Una frase budista dice que no debemos acortar lo que es naturalmente largo, ni alargar lo que es naturalmente corto. Cuando fluyes dentro de esta sabiduría, vives cada experiencia completamente sabiendo que cada experiencia infierno/paraíso tiene un tiempo para vivirse y que constantemente se presentan sin orden ni planificación exacta en nuestras vidas. En un mismo día puedes visitar el infierno y el paraíso; esto no es imposible. Los hechos tipo paraíso o tipo infierno son solo las tablas de un muelle sobre las que debemos caminar durante nuestra vida.

Cuando revisas tu vida sabes muy bien que lo pasado ya ha pasado, y también sabes que no puedes tomar un vaso de agua en el futuro. Lo hecho, hecho  está, y lo que no ha llegado no se puede conocer todavía. Este presente, que si conocemos  si estamos en atención y observación constante, es nuestra única experiencia real, sea una experiencia infierno o paraíso. Es en este día que abrimos las puertas del infierno o del paraíso con nuestros pensamientos, palabras y acciones.

Muchos disfrutan del paraíso a diario, y muchos otros viven dentro de un infierno a diario. Sus mentes lo deciden. Por eso el Zen se preocupa por guiarnos hacia una mente clara. No quiere decir que una mente clara solo desea, o va a vivir en un estado de paraíso. Lo que si quiere decir es que una mente clara vive cualquier experiencia sabiendo que esta se vive y luego todo cambia. No es necesario preocuparse demasiado. Un budista comprende muy bien que todo está en constante cambio. Es una ley universal.

Cuando veas venir al diablo, salúdalo y trata de seguir tu camino en armonía. Para evitar ser atrapado por él, o ser invitado a perder un día en penurias. Haz de cada día un buen día tratando de mantener tu mente clara. Es necesario estar muy atento pues la mente es frágil y a veces divaga y se fuga sin disciplina a visitar el infierno creado por nuestros propios pensamientos. Infierno y paraíso, aunque son constantes en nuestras vidas, también son puertas que abren nuestras mentes. Vivir más en uno de esos lados es una decisión propia. Hay gente que vive en su propio infierno sin siquiera saber que es su propia decisión. A esas personas el budista debe buscar la manera de despertarlas para que vivan su vida más responsablemente. Para eso están los están los budas vivientes. Entonces, cuando estas personas se hallen en el infierno podrán salir  más fácilmente de él. La meditación Zen nos entrena en esa dirección. No todo el mundo medita, pero con sabiduría y paciencia podemos ayudar a otros a descubrir los infiernos que crean dentro de sus mentes indisciplinadas. Podemos ayudarles a abrir las puertas a nuevos paraísos.

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen

Texto 179 – UNA ANECDOTA FAMOSA

No lamentar lo que ya no existe.

 

He aquí una anécdota famosa del maestro Rinzai Ikkyu, que vivió hace alrededor de cuatrocientos años. El aquella época era un monje joven que vivía en un templo Zen, en el que también estaba su hermano. Un día, su hermano dejo caer un cuenco de té al suelo y lo rompió. Este cuenco era de un gran valor para el templo ya que había sido un obsequio del emperador. El superior del templo le amonesto severamente lo cual produjo una gran pena al hermano de Ikkyu, hasta el punto de hacerle llorar. Pero Ikkyu le dijo que se preocupara: “poseo una gran sabiduría. Voy a encontrar la solución.”

Recogió los pedazos de cerámica y los metió en la manga de su kolomo. Se fue a descansar al jardín del templo, esperando apaciblemente que el maestro pasara por allí. Al verle fue hacia él y le propuso un mondo (entrevista con preguntas y respuestas):

–          “Maestro, los hombres nacidos en este mundo, ¿mueren o no mueren?”

–          “Mueren sin lugar a dudas – respondió el maestro-. El mismo Buda murió.”

–          “Comprendo – dijo Ikkyu -, pero las demás existencias, los minerales y todos los objetos ¿están también destinados a morir?”

–          “Desde luego – respondió el maestro -. Todo lo que tenga una forma debe desaparecer necesariamente cuando llegue el momento.”

–          “Comprendo – dijo Ikkyu-. En suma, como todo es perecedero, no se debería llorar ni lamentar lo que ya no existe, ni enfadarse contra el destino.”

–          “! No, desde luego!” – respondió el maestro sonriendo.

En ese instante, Ikkyu sacó de la manga de su kolomo los restos del cuenco y se los presento al maestro. Este se quedó con la boca abierta.

Hay que comprender que mujo, el cambio, es la eternidad. Esta es la sabiduría profunda que nos ensena el Hannya Shingyo (El Sutra de la Gran Sabiduría).