Texto 116 – EL SILENCIO Y LOS BROTES NUEVOS…

“Para no perturbar tu sosiego,

No rechaces lo que te dan,

Ni tiendas la mano para tomar lo que dan a otros”.

 

“No te hagas el sabio. Aunque hubieras llegado a conocerte a ti mismo, no lo digas a los demás. Cualquier cosa que conozcas, olvídalo todo. Vuélvete otra vez inocente. Mantente en el estado de no-saber, entonces te sucederán muchas más cosas” (Buda). Las cosas que aprendes del silencio, sólo tú puedes saborearlas. Es un sabor único. Eso se guarda. Lo que a ti llega viene de tu esfuerzo. Meditar es ir más allá del esfuerzo del día anterior. Ningún día se repite. Ninguna meditación es igual a otra. Cada inspiración trae algo nuevo y cada espiración saca algo viejo de ti.

 

Respirar atentamente es muy distinto de respirar sin tener consciencia de que se respira. La atención sobre tu respiración te ayuda a traer hasta ti la sabiduría necesaria para cada instante. Luego, deja ir de ese conocimiento, y nuevas cosas vendrán a ti. Nada es estacionario en el cosmos. Todo está en constante movimiento y renovación. La gente común no puede ver esto, por eso su vida se convierte en una batalla: resolver lo nuevo con experiencias viejas es imposible. Cada instante supone un nuevo brote, por eso nadie puede saberlo todo. Se cerraría a lo nuevo, experimentaría a partir de lo viejo. Eso no es progreso. Eso es estacionarse.

 

El Buda nos dice todo el tiempo “vayan más allá del más allá”. Esto supone un no detenerse. Cuando meditas, todo tu cerebro se oxigena mejor, tu estrés se reduce y tu tensión se normaliza. Cada célula se llena de una nueva energía. Tu mente se hace brillante. Puedes ver todo mucho mejor. Pero esto debe ocurrir a diario, debes sumergirte en el silencio diariamente. Es necesario equilibrar nuestra mente/cuerpo/espíritu morando en el silencio. A partir del silencio nuevas cosas vendrán.

 

Tratar de lidiar con las nuevas situaciones en nuestra vida con soportes del pasado es ignorancia. El pasado ya paso. Está enterrado. Hoy es hoy. Hoy es un nuevo día. Nada del ayer puede ayudarnos hoy. Si crees en Dios, es en el Dios de hoy! Para ver y sentir la verdadera alegría, debes ver como las flores (nuevos pensamientos) surgen cada mañana.

 

“No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir lo que es grato, lo que es bueno, lo que es perfecto”. Romanos (12:2)

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