Texto 200 – EL ALTAR EN EL DOJO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muy poco se ha escrito sobre el altar en el Zen. Hay maestros que nunca lo mencionan. Hoy  quiero hablarte sobre ese altar que se coloca en el centro de cualquier dojo o sala de meditación. Ese altar es una herramienta. Si nos postramos delante de él y decimos que hemos hecho mal, en realidad nos lo estamos diciendo a nosotros mismos. Si damos gracias por nuestra buena fortuna, estamos expresando nuestra modesta apreciación de lo que es la buena suerte. No existe en el altar  ninguna fuerza externa que nos esté escuchando. No hay ninguna retribución o perdón por nuestras faltas. El altar es meramente simbólico. Para quien sigue la Vía, el altar se usa para enfocar su  grado de conciencia sobre sí mismo, sus acciones, sus pensamientos y sobe los eventos y personas que le rodean.

Cuando nos alejamos del altar, no debemos perder esa conciencia, ese conocimiento de nosotros mismos. No debemos pensar que como el altar es simbólico, al alejarnos de él podemos comportarnos de manera inapropiada o inmoral. El altar debe estar siempre en nuestra mente, acciones y palabras. Solo un budista humilde comprende que el altar le ayudara a expresar su sinceridad y su compasión para con los demás seres sensibles.

Se necesita madurez para entender que no existen dioses y al mismo tiempo actuar como si realmente existieran. Se necesita tener un sexto sentido para saber que uno debes ser su propio maestro que lo disciplina. Solo los más sabios pueden crear sus propias leyes divinas y  vivir su vida honradamente como si realmente esas leyes fueran “palabras celestiales”.

Solo un espíritu honorable comprende este texto. El Buda señalaba que el Dharma solo puede vivirse internamente si se dispone de una buena, fuerte y declarada alta moral. Nos toca crear, vivir, utilizar y compartir nuestra moral con los demás. El altar es nuestro aliado. Las ceremonias frente al altar refuerzan esta mente clara que comprende y ejecuta basada en los principios de la rectitud y la honradez.

Cuando miras el altar, tu mente debe brillar y tu moral debe fortalecerse. El altar y tu buda interno se comunican más allá de las palabras. Vacía tu mente de imágenes fantasiosas y deja que el altar te guie. Conviértete en el hombre-altar. Buda lo era.

Texto 199 – UN TATUAJE MUY IMPORTANTE

Tatuaje de vida.

A mayor edad, más esta uno consciente del envejecimiento. Casi no podemos recordar nuestra infancia con su inocencia y su exuberancia. Nos sorprendemos de nuestras caras sin arrugas y de nuestra vitalidad cuando vemos fotografías nuestras de épocas anteriores. Cuando nos miramos en el espejo, sin dudas vemos nuestros signos de envejecimiento. Parece que no hay escapatoria de este proceso, de estas marcas sobre nuestra piel y rostro.

Cada experiencia que tenemos, cada cosa que hacemos o pensamos se registra sobre nuestro ser como el diseño de un tatuaje. Pero, en muchísimos casos, el patrón o las líneas que emergerán dependerán de nosotros mismos. Si visitamos a un experto en tatuajes, somos nosotros quienes seleccionamos el dibujo que nos interesa.  Durante nuestra vida, somos nosotros los que seleccionamos lo que deseamos ser a través de las acciones que llevamos a cabo. No hay razón para vivir la vida indisciplinadamente, rodando de un lado para otros, sin norte definido. No debemos dejar que los accidentes nos moldeen. Eso sería igual al permitirle a un ciego que nos tatúe. Como puedes dejar que la vida te convierta en algo viejo y feo?

Sea que nos veamos bellos o feos, es nuestra entera responsabilidad. Un practicante de Zen escoge su tatuaje de vida a través de sus pensamientos, palabras y acciones honorables. Si no lo hace es un irresponsable. El hecho de que su Vía sea el Zen, no lo exime de la estupidez.

Hace muchos años leí un artículo que decía” Envejecemos porque vemos a otros envejecer.” Bueno, muchos anos después pienso que lo importante es que lo que veamos en el espejo nos guste pues ni lo podemos negar, ni lo podemos eliminar. Por eso, piensa en tu tatuaje de vida, mírate a ti mismo, y disfrútate. Si te puedes disfrutar, eso querrá decir que viviste una vida plena, feliz y que disfrutaste de tus pensamientos. El resultado es igual a tus pensamientos. Eso es Zen. Si no te gusta lo que ves…te jodiste.

Texto 198 – HAIKU Y PENSAMIENTO ZEN

 

 

 

 

 

“La sorpresa es el primer paso hacia el conocimiento”. (Proverbio árabe)

Los orígenes del haiku están en el haikai. El haikai es una forma poética cuyo contenido se basa en lo cómico y lo divertido. Se dice que el haiku puede haber comenzado en el siglo XVII.

El primero de los Cuatro Grandes Maestros  fue Matsuo Bassho (1644 – 1694) quien era el equivalente a occidente a un monje errante que viajaba de pueblo en pueblo escribiendo en un estilo literario llamado renga, o poemas conectados. Un renga  podía  extenderse a  cincuenta o cien líneas, y aún más. Para conectar estas líneas existían reglas complicadas. Para darles una idea, estas reglas pueden resumirse así: la línea dos (2) debe seguir a la línea uno (1) pero lidiando con el mismo tema de manera alternativa; la línea tres (3) debía seguir la idea de la línea dos (2), pero siendo completamente distinta de la línea uno. Y así seguía la sucesión de líneas. El renga era escrito por varios poetas y era una manera de compartir socialmente entre ellos. En ese rendezvous  las nuevas líneas se convertían en una suerte de competencia.

A Bassho no se le conocía por sus haiku en sus días. De hecho, el haiku no existía como tal en esa época. A Bassho le interesaba principalmente el primer verso de la renga llamado el hokku o verso de inicio. Fue él quien lo independizó de renga. Separó el primer poema del Haikai-no-Renga (el Hokku) y por ende lo independizó del Renga, dándole al Hokku una personalización estética y expresiva.  Haiku y Hokku eran lo mismo en ese entonces para Bassho.

En el siglo XVIII la influencia de Bassho fue tomada por Yosa Buson quien era muy conocido por en Japón por su pintura y por sus haiku. Luego fue seguido por Kobayashi Issa, un hombre de origen rural y finalmente apareció en escena el último de los grandes maestros del haiku, Masaoki Shiki (1867-1902).

Shiki fue el primer poeta en emplear el término haiku (verso de juego, diversión) aunque la forma independiente del haiku ya había surgido antes de su propio nacimiento.

Masaoka Shiki separó sustancialmente el haiku del Hokku, conservando este último la esencia “cómica”, mientras el haiku adquiría un momento espiritual.

Características

El haiku tradicional tiene un arreglo de silabas determinado y carece de rima. Suele contener una palabra clave denominada kigo (季語?) que indica la estación del año a la que se refiere.

Tradicionalmente el haiku, así como otras composiciones poéticas, buscaba describir los fenómenos naturales, el cambio de las estaciones, o la vida cotidiana de la gente. Muy influido por la filosofía y la estética del Zen, su estilo se caracteriza por la naturalidad, la sencillez (no el simplismo), la sutileza, la austeridad, la aparente asimetría que sugiere a la libertad y con ésta a la eternidad.

Es algo extraño, cuando uno lo piensa, que una forma de verso desarrollada en el Japón feudal sea tan popular en el mundo hoy. Quizás sea en parte debido al hecho de que a muchos de nosotros nos encantan secretamente los poemas de la naturaleza.

¿HAIKU?

Los caracteres que conforman la palabra Haiku son dos: Hai: diversión, jugar, y Ku: palabras, poema, frases. Uniéndolas tenemos: palabras para disfrutar, para jugar, para divertirse, para cambiar de humor.

Haiku (jai-cu) es una forma tradicional de verso japonesa, notable por su descripción y su capacidad de insinuar.  En tres líneas y a través de imágenes extraídas de la observación cuidadosa  e intensa de una red de ideas asociadas (renso) , el Haiku necesita de una mente relajada  para poder ser degustado. El haiku se “ve”; después se “siente”; y finalmente “se escribe”; surge por sí mismo ante una acción real, del mismo instante que nos impacta. La forma surgió durante el siglo XVI y fue desarrollado por el poeta Bassho (1644-1694) en un refinado medio de la simbología budista y taoísta. El haiku es una expresión poético-literaria de una cultura que valora la humildad.

El haijin (el poeta del haiku) debe ser “notario del momento”, transcribiendo aquello que pasa en aquel momento, a través de los versos de métrica de haiku 5, 7,5 según métrica japonesa.

Es un poema mínimo y no obstante completo. De ahí su visión instantánea, su condición de chispazo y a veces, su toque de humor o de ironía.

Bassho dejó para la posteridad esta curiosa definición:

 “Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”.

El arte del Haiku no es, en ningún modo un juego de niños. Los poetas de la tradición japonesa dedicaron largos años a perfeccionar su técnica. En su forma más estricta, el haiku contiene las palabras <imprescindibles> e incluye estas 17 silabas (si bien los conceptos de de silaba en japonés y en español son diferentes). Un haiku clásico tiene tres versos. También contiene un kigo (palabra relativa a una estación del año), que sugiere el ánimo y ambiente que dominan en el poema. El kigo puede ser simplemente la palabra que designa la estación o referirse directamente a ella de modo que el lector pueda identificar fácilmente. La lluvia, las flores y la hierba joven sugieren los alegres días de primavera, en  tanto la luna y los pinos solitarios sugieren la melancolía del otoño. Un otoño que no está limitado por el tiempo. En el Haiku, cualquier estación es simplemente lo que es. Nada más.

Una frase budista dice: “Una vez que has visto el rostro de Buda, veras esa misma cara en todas las personas que has de conocer.” – Y si lo asociamos con la poesía?  – Pues al leer tu primer poema, veras su poder para revivir el espíritu en todos los poemas que habrás de leer.

El Haiku nos lleva a degustar un estado más allá de del intelecto. Cuando se escribe o lee un Haiku, se trasciende esa conciencia intelectual. Se escribe o se lee y nada más. Lo que ocurre al escribirlo o leerlo es un momento místico, sagrado, humano: las palabras no sirven para expresar lo que se siente.

El peral florece.

A la luz de la luna

Una mujer lee una carta.

Al leer este Haiku no te atrevas a decir lo que te comunica, lo que sientes. Para degustarlo debes ingresar en la cueva del silencio. En ese silencio que magnifican las piedras y la tierra que nos circundan. Escucha los latidos de tu corazón y el susurro de tu respiración. Debes aprender a escuchar no con el oído sino con el espíritu. El Haiku es el reino de la pureza suprema. No hay agregados, ni estigmas, ni adornos innecesarios que busquen ensalzar  las palabras melodiosas el poema. Un Haiku es una creación del silencio.  Es por eso que en tantas tradiciones religiosas se ora, se canta o se entonan mantras como un preludio al silencio. Han comprendido que la repetición y la absorción de los sonidos nos guían a lo sagrado mismo.  De este silencio surge la comprensión de lo escrito que es silencioso también. Las palabras limpias y  sencillas del Haiku nos conducen al gozo inexorable de lo inexplicable.

El sonido más profundo es el silencio. El Haiku te lleva hasta la puerta del silencio. El sonido de las palabras es también silencio. No te lleva filosofar. Es un gusto instantáneo. Tu mente debe estar serena…sino el silencio del Haiku no podrá captarse, y así su encanto no se revelara en tu espíritu.

“Y decidme, hay algo que podéis retener? Por lo tanto dad ahora; que la estación de dar sea vuestra, y no de vuestros herederos.” (El Profeta – Gibran Jalil Gibran).

El Haiku da. El Haiku ofrece. El Haiku es un fusé (colaboracion) para sanar el espíritu. El Haiku es este instante que transcurre. Evade toda postergación. Su presente es infinito. El Haiku corta con lo innecesario. Sencillez, paz, sosiego y disfrute se convierten en el resultado final.

Texto 197 – SENSEI YVES CAROUGET Y EL SATORI

Otro mas?

Siempre anda por las calles un tipo que desea conocer a un maestro Zen que este iluminado como para poder echar el cuento. Lo cierto es que en una oportunidad un ingenuo personaje de estos oyó decir que en la Colonia Bella Vista (Maracaibo) vivía un monje Zen de apellido Carouget que daba clases de artes marciales. Buscó la dirección y llegó hasta su casa un buen día, y luego de tocar la puerta por un buen rato, le sale el Sensei Yves Carouget. El tipo emocionado mira a Yves y le pregunta: “Es usted el maestro Carouget?”

Yves le dice que sí y el tipo de inmediato le pregunta: “Tiene usted el Satori?”

Yves, con toda la ironía del caso, le dice que sí. Y añade: “Lo quiere ver?”

El joven preguntón lo mira extasiado y le contesta que sí.

Yves le dice que pase, y lo lleva hasta un rincón de su patio. Allí le señala su viejo perro y le dice: “Allí esta, este es el  Satori”.

(Fin del cuento)

Texto 196 – POTAJE ZEN

Sabor Zen

Cuando la mente china entró en contacto con el pensamiento hindú, en la forma del Budismo, alrededor del primer siglo d.c., dos desarrollos paralelos sucedieron. Por un lado, la traducción de los sutras budistas estimuló a los pensadores chinos y los llevó a interpretar las enseñanzas del Buddha hindú a la luz de sus propias filosofías. De esta manera surgió un muy fructífero intercambio de ideas, que culminaron, en la escuela Hua-yen (sanscrito: Avatamsaka) de budismo en China y la escuela Kegon del Japon.

Por otro lado, el lado pragmático de la mentalidad china respondió al impacto del budismo hindú, concentrándose en los aspectos prácticos y desarrollándolos en una forma especial de disciplina espiritual que recibió el nombre de Ch’an, una palabra normalmente traducida como “meditación”. Esta filosofía Ch’an fue eventualmente adoptada por Japón, alrededor del año 1200, y ha sido cultivado ahí bajo el nombre de Zen, una tradición que se mantiene viva hasta la actualidad.

La filosofía Zen es una mezcla única de filosofías e idiosincrasias de tres culturas diferentes. Es una forma de vida típicamente japonesa, y aun así refleja el misticismo de la India, el amor de la naturalidad y espontaneidad del Taoísmo y el pragmatismo profundo de la mente Confucianista.

La experiencia Zen  debe ser pasada de Maestro a discípulo, y ha sido, de hecho, transmitida por muchos siglos por métodos especiales propios de Zen. En un resumen clásico de cuatro líneas, Zen es descrito como:

  1. Una transmisión especial externa a las escrituras.
  2. No sostenida por palabras ni letras,
  3. Apuntando directamente a la mente humana,
  4. Mirando directamente a la naturaleza propia y alcanzando el estado de Buda.

Esta técnica de “apuntar directamente” constituye el sabor especial de la filosofía Zen. Es típico de la mente japonesa, que es más intuitiva que intelectual y que le gusta entregar los hechos como hechos, sin comentario alguno. Los maestros Zen no son adeptos a la palabrería y aborrecen todo tipo de teorización y especulación. De esta manera desarrollaron métodos que apuntan directamente a la verdad, con acciones y palabras repentinas y espontáneas, que exponen paradojas del pensamiento conceptual y, como los koans, están orientados a parar el proceso mental del pensamiento, preparando así al estudiante a la experiencia mística. Los maestros hablan lo menos posible y usan sus palabras para cambiar la atención del discípulo desde los pensamientos abstractos a la realidad concreta.

El Zen sigue armonizando con otras culturas, con su ritmo de vida, con su propio hacer social y así continuara su travesía entre los hombres para poder cumplir con su tarea de llevar a muchos al despertar de su conciencia.

Texto 195 – ¿POR QUÉ MUEREN NIÑOS INOCENTES EN GUERRAS?

 

 

 

 

 

 

 

Todos vamos a morir algún día. Nuestra forma de morir será cuestión de circunstancias. Las guerras son juegos de ignorancia. Egos demasiados fuertes compiten con otros egos igual de fuertes y buscan destruirse a como dé lugar. Las guerras son absurdas, pero es que el hombre es un ser absurdo la mayor parte del tiempo. Las guerras son manifestaciones del poder extraordinario del ego humano. Un país se pelea con otro porque algunos ciudadanos cruzan una línea imaginaria que separa a ambos países (Korea del Norte y Korea del Sur, por ejemplo). Si en la mente humana existe esa división, ¿cómo no se van a dar las guerras? Toda división territorial es arbitraria y la división del planeta en grandes parcelas llamadas países nace de decisiones egoístas.

Si unos niños, o cientos de ellos mueren durante las guerras, a ningún gobernante le importa mientras él gane la guerra.  La muerte hace su tarea aupada  por nuestra ignorancia y falta de compasión. Nos olvidamos de nuestro Buda interior y comienza la pelea. Esto no es de gente noble. Thích Nhat Hạnh, monje budista vietnamita, nos dice que los pensamientos nobles, la palabra noble y las acciones nobles hacen de nosotros seres humanos nobles. Él dice que la nobleza no viene en nuestros genes ni en la llamada sangre azul, solo es una persona noble quien tenga nobleza en su mente, su palabra y en sus acciones.  Lo contrario lleva al infierno, según sus propias palabras.

Por eso, cuando vemos tantos inocentes morir, esto no es una consecuencia del poder del universo; es una consecuencia del poder del ego que alimenta su propio infierno. Si uno no es noble, entonces no puede tener humildad. Y solo a través de este “ser humilde” puede uno desear recibir el Dharma del Buda. Como ven, el hombre infernal, soberbio, arrogante no puede disfrutar de la paz.

Existe una narración budista sobre un discípulo del Buda que era famoso por sus poderes mágicos. Un día se enteró de que unos hombres iban a invadir a una aldea para matar a sus pobladores y corrió hasta el Buda para pedirle que hiciera algo para ayudar a los pobladores de la aldea. El Buda le dijo que era mejor dejar eso así. Pero este no comprendió las palabras de su maestro y por su cuenta corrió hasta la aldea para hacer un truco de magia para evitar la guerra y los muertos. Se detuvo frente al pueblo y con la ayuda de su magia convirtió al pueblo entero en una aldea chiquitica que guardó dentro de un tazón para evitar que le pasara algo malo. Le colocó una tapa al tazón y corrió a esconderlo bajo su cama. A todas estas el Buda no sabía nada de lo que él estaba haciendo. Habiendo pasado dos días, el monje mago se enteró de que los soldados enemigos habían llegado al lugar y que al no encontrar el pueblo se habían retirado. Se regocijó y fue a contárselo al Buda llevando consigo el tazón para mostrárselo y explicarle lo que había hecho.

El Buda lo escuchó, se sonrió y le dijo que le quitara la tapa al tazón y que mirara dentro del mismo. El mago retiró la tapa y asombrado vio como todos los habitantes del pueblo estaban muertos. Durante esos dos días los hombres de la aldea se habían enardecido unos contra otros (como en nuestras ciudades hoy en día) y había habido una mini guerra. Todos habían fallecido. No se pudo evitar esta tragedia. Lo que ha de ser, será. El ego es todopoderoso. Para entrar en la Vía, debes saber que tu batalla mayor será contra el poder de ese ego ignorante, abusivo y desequilibrado. Para ello, debes conocerte. Para eso practicarás zazen.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

Texto 194 – LAS NOCHES SON OSCURAS (Relato Zen)

 

 

 

 

 

 

Pasó que en un templo Zen situado en una remota montaña, un hombre de la ciudad después de su visita de tres días, cayó en cuenta de que en el mismo no había luz eléctrica. Pensando en hacer una donación al maestro del templo, le envió una planta eléctrica para que con la ayuda de un técnico (que él también envió) la instalara y así los monjes pudieran tener luz durante sus noches. El maestro recibió el regalo, el técnico instalo la maquina…y se fue.

Al cabo de unos meses, nuestro amigo benefactor visitó de nuevo el templo, y caída la noche observó que nadie hacía el mínimo intento para encender la máquina.

Este esperó un poco más, y cuando se dio cuenta de que definitivamente nadie va a encenderla, le preguntó al maestro:” ¿Cuándo van ustedes a encender la planta eléctrica para que tengamos luz?”

El maestro, con notorio asombro, le contesta de inmediato: “¿Luz? ¿Para qué? ¡Es de noche!

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen