Texto 215 – ESPIRITUALIZAR NUESTRAS ACCIONES

“Las miserias de la existencia material: miedos, enfermedades, vejez, sufrimiento, no pueden ser mitigadas simplemente por medio de las actividades materiales. Dichas actividades tienen que espiritualizarse, exactamente como por medio del fuego un lingote de acero se pone al rojo vivo comenzando así la acción del fuego. Similarmente, la concepción material de una cosa cambia de inmediato tan pronto como se pone al servicio del Señor. Este es el secreto del éxito espiritual.”

Presento estas notas del Srimad Bhagavatam (Primer Canto) para advertir al practicante de la Vía que nuestras acciones deben en algún momento convertirse en acciones nobles. Para ello deben espiritualizarse, hacerse menos densas. Para entrar  o ya haber entrado al Noble Óctuple Sendero, tal como lo apuntan los maestros Zen, nuestras acciones, pensamientos y palabras deben ser nobles, y la nobleza de ellas se logra saliendo de lo común, de lo denso, de lo ordinario.

“Nosotros no debemos tratar de enseñorearnos sobre la naturaleza material, ni debemos rechazar las cosas materiales. Todo es una emanación del Espíritu Supremo, y por medio de su poder inconcebible Él puede convertir el espíritu en materia y la materia en espíritu. Por consiguiente una cosa material (así denominada), se convierte de inmediato, por la gran voluntad del Señor, en una fuerza espiritual. La condición necesaria para dicho cambio es emplear la así denominada materia al servicio del espíritu. Esta es la forma de tratar nuestras enfermedades materiales y elevarnos al plano espiritual donde no hay miseria ni lamentación, ni tampoco temor. Cuando todo se emplea así al servicio del Señor, podemos experimentar que no hay nada excepto el Brahman Supremo. El mantra védico de que todo es brahmán, es comprendido y experimentado por nosotros.”

Por supuesto que este texto nos llama la atención en cuanto a las dimensiones de nuestra vida: o se vive en lo material denso, o se eleva uno sobre lo material y espiritualiza lo denso buscando la libertad del ser. Un practicante de Zen no hablara del Señor, pero si debe darse cuenta de que  ir más allá del más allá  es sin duda también elevarse sobre la transitoriedad de lo material para buscar la paz, sosiego y estabilidad propia de la dimensión espiritual liviana y sin complicaciones. El maestro Zen Kodo Sawaki, nos decía en algún momento que el poder o fuerza de nuestros bonnos (nuestros apegos y el sufrimiento ocasionado por ellos) es la misma fuerza liberadora de nuestro espíritu. Lo material, denso se convierte en fuerza espiritual. Por eso decía:” A mayor número de bonnos, mayor el despertar”. La frase: “Por consiguiente una cosa material (así denominada), se convierte de inmediato, por la gran voluntad del Señor, en una fuerza espiritual.”, igualmente  así lo explica. Pero, los bonnos no se transforman en Satori sin el trabajo personal del practicante de Zen. No es cuestión de magia. Es un proceso de poner al fuego nuestro ego (nuestro mundo de asociación densa y  apego a  las cosas) para depurarlo, quitarle las impurezas y asperezas y llevarlo a un no-ego. Llevarlo a convertirse en una fuerza compasiva que pueda ser utilizado para el bien de todos los seres (el ideal del Boddhisattva). Para esto se necesita fuerza del cosmos, sintonía con el universo, hacerse menos denso. Por ello este texto del Srimad Bhagavatam apunta en la misma dirección del Zen. El practicante de Zen practica zazen y es a través de la postura, actitud del espíritu y su respiración que la materia se pone al servicio del espíritu. Y cuando el texto dice: “Esta es la forma de tratar nuestras enfermedades materiales y elevarnos al plano espiritual donde no hay miseria ni lamentación, ni tampoco temor.”, simplemente nos habla  del abandono del ego. Es este ego quien se empeña en crear nuestro propio infierno con enfermedades y pesares. En otros dos textos anteriores,  ya he explicado como sanar eliminando el ego. Este es nuestro trabajo. Y así como la meta del Srimad Bhagavatam es llevar al devoto a servir a la humanidad, a desarrollar su don de servicio desinteresado y amoroso, el zazen debe llevarte a desarrollar esa espiritualidad genuina que te convierte en el hombre compasivo. Solo así puede servir a los demás. El no ego se convierte en compasión.

 

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2 comentarios en “Texto 215 – ESPIRITUALIZAR NUESTRAS ACCIONES

  1. Muy bueno el artículo, resuena mucho en mi interior mucho de lo que expones aquí. Hola coterráneo…!, soy venezolano y caraqueño.

    Desde hace algunos años, he sentido la imperiosa necesidad de espiritualizar mi vida, ya que, el solo dedicar períodos cortos de tiempo a la oración, la meditación, el ejer o el servicio al prójimo, no lo siento suficientes, desde entonces.

    La mayor parte de mi energía y tiempo, durante mi vigilia diaria, se consume en trabajar para sobrevivir, cumplir mis obligaciones y responsabilidades propias de mi subsistencia y lidiar con mis relaciones afectivas y laborales. En vista de eso, últimamente me he preguntado, ¿ como hago para espiritualizar éstas actividades, que no puedo evitar, y que, además, muchas de ellas me resultan tan densas, rutinarias o pesadas?.

    Siento que tu artículo apunta en la dirección de la respuesta que he estado buscando. Mil gracias..!.

    Mi nombre es Mariano y mi mail es mirefugiomm@hotmail.com, para cuando quieras compartir sobre éste tema u otros. Me resulta muy enriquecedor intercambiar con personas, que están interesadas en el crecimiento interior o la espiritualidad.

    Feliz día..!

    1. Si el texto apunta en la dirección de tu búsqueda, tu búsqueda apunta en la dirección del texto. Lo que haces con la Mente deseosa de alcanzar esa espiritualidad es YA un acto espiritual. Sigue tu vida con consciencia clara y verás que lo efímero (insustancial) de lo material te permitirá comprender que todas tus acciones son realmente espirituales. Sigue visitándonos. Y si tienes tiempo únete a la practica de la meditación Zen en Santa Monica, Caracas con el sensei Daniel Marquez. (0414 – 1224807). Estaremos en contacto. Gracias por tu comentario (también es una acción espiritual). Saludos, sensei Paul Quintero.

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