Texto 265 – HOY MATÉ A UN HOMBRE, ¿QUÉ HAGO?

Matar a un hombre es acabar con la vida de alguien que tuvo el privilegio de haber nacido. Acabar con una vida es acabar con el don de vivir que Dios le dio. Esa acción desencadena múltiples consecuencias que pueden continuar generando consecuencias en el futuro. Al hablar del futuro incluyo la idea de vidas futuras. Por lo tanto nadie sabe a ciencia cierta que le puede pasar a un asesino por matar a alguien, pero el cosmos buscara la manera de dar respuesta a su mala acción. Cuando quitas una vida, te quitas parte de la libertad de tu propia vida. El crimen priva tanto al asesinado como al asesino de muchas posibilidades. Si el asesinado solo vivió un 50 por ciento de su vida, el asesino también vivirá solo un 50 por ciento de su vida. No importa, en términos de tiempo humano, si el asesino vive una larga vida, pues no se trata de ese tiempo.  El horror del crimen vivirá en su mente reduciéndola a la mitad de su vida efectiva. La efectividad de su vida es anulada grandemente. El dolor de los familiares del asesinado amarrará al asesino a una estaca donde permanecerá expuesto a la vista de todos y será aborrecido y odiado sin limitaciones de tiempo por su crimen. De ahora en adelante su vida será miserable.

Pero, se puede revertir este infierno en el cual cayo el asesino? – Es probable que el asesino viviendo las dos vidas que han quedado a medias pueda recuperar algo del honor y pueda brindar a través de sus acciones algo de gran valor a los demás. Algo como servir a otros como enmienda. Veamos este ejemplo: muchos monjes budistas fueron obligados a pelear en guerras y seguramente que algunos matarían a otros hombres. Vivir con ese peso moral les obliga a vivir, una, dos o hasta tres vidas simultáneamente para poder llevar a cabo la suma de las intenciones que estos jóvenes asesinados anidaban en sus mentes o corazones, incluyendo los sueños y expectativas de sus familias (que ya no contaran más con ellos), para ponerlas al servicio de la humanidad.

Un monje que haya vivido esta situación, podría buscar servir más y mejor a los demás para brindarle honor a la vida de los asesinados y a la suya propia. Usted, por ejemplo, podría matar a alguien en defensa propia o por accidente, y luego usted ha de buscar la manera consciente de vivir una vida plena por ambos. Por él y por usted. Su compromiso y responsabilidad personal para con el universo ha de crecer favorablemente. Sus acciones para con su comunidad pueden verse como una retribución de esa vida perdida para que ella tenga sentido. Es como ser un buda que sirve a otros tanto en su nombre como en el nombre del difunto.

Pero esta actualización de la  conciencia debe darse desde el fondo de tu corazón. De lo contrario ninguna acción realizada por usted alcanzara la categoría de noble ni humanitaria, disolviéndose rápidamente por culpa de un ego muy arraigado y poderoso. Al vivir la mitad de la vida del otro, usted se convierte karmicamente en el otro y dará testimonio de la vida del asesinado a través de  su budeidad. Entiéndase como budeidad una condición nada sagrada, sino la condición normal de un espíritu  armónico que busca darle sentido a sus acciones. Si usted mata a alguien, busque su buda interno y desde su corazón aprenda a amar, sonreír y vivir por el asesinado, y por usted. El cosmos vera esto con agrado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Junko Furuta (18 de enero de 1971 – 4 de enero de 1989) nació en 1972 en Saitama, prefectura de Misato (Japón). Hija de una familia de trabajadores japoneses, su humilde origen no le impidió sobresalir en las diversas actividades que realizaba. Era una estudiante destacada y cultivaba un amplio número de amistades entre sus compañeras de colegio y algunos vecinos.

No era igual con sus compañeros; muchos de ellos guardaban resentimiento por Furuta, ya que era una chica sencilla que no participaba de algunas de las diversiones que ellos acostumbraban. No quería relacionarse sexualmente con ninguno de ellos, ni siquiera tenía novio, no consumía alcohol ni drogas, y no frecuentaba los sitios de diversión de los que ellos gustaban.

El asesinato de esta joven japonesa por cuatro jóvenes japoneses es uno de los ejemplos más relevantes de la miseria humana. No deseo mencionar en este escrito los detalles del índice de sadismo, brutalidad y ensañamiento contra un ser humano. Pero si se puede recordar  el deshonor que ha de impregnar  las vidas de los herederos de esta terrible hazaña. El karma creado es bestial, sin límites. Y ha de durar metafóricamente “más allá del final del tiempo”.

Este podría ser un caso de mal karma para ser expuesto en cualquier libro sobre la ley de causa y efecto. En esta vandálica acción se reunió toda la fuerza de los demonios que vivían en los genes de los cuatro asesinos con la ignorancia, petulancia, sensación de poder y brutalidad mental que vivía en esas cuatro mentes en el momento del crimen.

Desde el cosmos de la oración, ofrecemos desde este blog un kito  (ceremonia ) por su alma. Su alma al menos se quitó un peso horroroso de encima. Pero los budistas conscientes debemos elevar una plegaria para que nunca más vuelva a ser vejada, ni física, ni mental ni emocionalmente. Junko nos representa a cada uno de nosotros. Y sus asesinos al poder criminal, desequilibrado y sin límites que puede existir en cualquier ser humano – en cualquiera de nosotros. Debemos entregar parte de nuestro buen karma mental para sanar su espíritu como Bodhissatvas practicantes de un Dharma guiado por la compasión. A su energía, paz.Y a sus asesinos les deseamos que vivan su muerte en silencio hasta que algún día puedan despertar.

 

 

Puedan todos los méritos

De nuestras oraciones amorosas

Viajar en el cosmos y reunirse

Con la energía de Junko y brindarle paz.

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2 comentarios en “Texto 265 – HOY MATÉ A UN HOMBRE, ¿QUÉ HAGO?

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