Texto 272 – SHIKANTAZA

El acto de hacer Zazen, no tiene ni una gota de nada que agregar, ni que quitar. Es el Buda realizado, un acto completo, sagrado. Nada le falta a este momento, nada de nuestra vida se encuentra fuera de nuestro zazen. Es, en criollo, el “pabellón” completo: caraota, carne mechada, arroz blanco, huevo queso y tajada. Si esto no se lo ensenamos a nuestros alumnos de zazen en los dojos, quizás, simplemente estaríamos hablando de “meditación”. Sería simplemente (ya no pabellón criollo) sino pan mojado, algo soso. Ese hacer sagrado es Shikantaza. Cuando te sientas en zazen – dice Dogen en su Fukanzazengi – todos los ancestros y todos los Budas son ese momento de zazen. Es más que una postura.  El tigre entra en la montaña. el dragón se sumerge en las aguas; no se necesita entrar en caminos polvorientos.

Sentarse en Zazen es una joya, es un instante puro y radiante, el Satori, el Nirvana, La Tierra Prometida visitada en el momento; es todas las etapas del Bodhissatvas; todos los bonnos (ilusiones) superadas.

Zazen no es un método. Pues es nuestro yo interno quien desea buscar, quien desea descubrir cómo llenar ese agujero interno, superar las dificultades, ir más allá de lo trivial. Se practica desde el interior. Los métodos son otra cosa, algo practico ofrecido a los tontos sin fuerza interior. Entonces aparece la primera gran contradicción del Zen: te sientas y no buscas nada, no hay a donde ir, nada que alcanzar, nada te hace falta. Entonces el ego es despedido, ya no tiene trabajo. No hay método Zen, hay realización Zen.

Si ensenamos solamente a concentrarnos en la respiración, la gente va a terminar pensando que ese es el punto único del Zen. Se pensaría que es simplemente un método/técnica para lograr quietud, sosiego, relajación. Si ensenamos solamente hasta allí, entonces es como si el propósito del Dharma fuese solo limpiar nuestro parabrisas. Es concentrarse en ponerse las botas, amarrar los cordones  y no escalar nada. Si no escalas, si no subes la montaña no podrás saber que cada paso es una llegada total.  Al escalar la montaña cada paso que das es la huella del Buda. Si no ensenamos un Zen Total, si no ensenamos Shikantaza, entonces  estaremos hablando de una simple práctica de meditación. Al sentarnos en Zazen debemos disfrutar (a través de los detalles que se nos ensenan de la postura, de la respiración, de la idea de mejorar nuestra atención y observación) de una espacialidad ilimitada. No es una práctica militar. Es una práctica sobre la fluidez de nuestro espíritu, un sentarse balanceado, armónico. Puedes sentarte libremente en una silla, zafu o en seiza. Tu cuerpo no debe ser un estorbo. Lo importante es que al sentarte seas Buda. Es un sentarse sagrado. No es un juego. Y si vuelas, serás Garuda. Nos sentamos no para alcanzar un estado de totalidad, sino para reconocer que la totalidad es sagrada. Al pararnos de la silla o del zafu y entramos a nuestra vida diaria, todo se convierte en acto sagrado, desde lavar un plato, caminar por la calle, y si estornudas y soplas tu nariz, en ese instante es Buda quien estornuda y se sopla la nariz.

Por eso Shikantaza no debe perderse de vista. Debe enseñarse Zazen como Shikantaza, pues si no, nuestro ego dirá siempre que algo falta. El ego entonces te dice que desea sentir algo. Por eso Shikantaza te da la verdadera panorámica de la práctica de Zazen. Zazen abraza con su totalidad todas las contradicciones, nuestros apegos, nuestro concepto de La Vía y los disuelve en una totalidad que no discrimina, ni aprieta ni juzga. Nada tiene ahora que ser como nosotros deseamos que sea, dejamos de exigirle cosas al universo, nos deshacemos de nuestro afán de necesitar. Vencemos todo eso que nos pasamos mendigando: dukkha (las pasiones mundanas).

Nos sentamos completamente satisfechos con las cosas tal como son, en una actitud sagrada; nos sentamos como Budas. Así dukkha no encontrara ni un centímetro de nosotros en cual posarse.  Sin la apreciación de Shikantaza somos pan mojado.

El Zen señala el camino de la servidumbre a la libertad”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios to “Texto 272 – SHIKANTAZA”

  1. Mu Gaki San Says:

    Gassho!

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