Texto 310 – CASA ZEN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenas noches sensei. Leyendo este post pienso en lo que en una oportunidad comentó el maestro Deshimaru cuando le preguntaban sobre zazen. Él decía que zazen es zazen y para saber lo que es el zen hay que hacer zazen. Podemos hablar mucho sobre la postura, la respiración y la actitud del espíritu, pero a menos que podamos sentarnos en un zafú no sabremos lo que es zazen. “Se puede disertar sin fin sobre las cualidades de un vaso de agua. Se puede decir que está fría, caliente, que es H2O, que es agua mineral y no vino, pero zazen es, llanamente, beber el agua”.

A veces pienso que vivimos la vida tratando de comprender todo intelectualmente. Buscamos libros de todo tipo para comprender lo que es vivir y armamos un interesante postulado de cómo hay que ser, de cómo hay que vivir y cuál es el significado de la vida, pero al final son palabras vacías, son máscaras que cubren nuestro entendimiento profundo. Una de las cosas que me resulta bellísima del zen, es que no necesito ser un erudito, un hombre con cualidades especiales; sólo basta mi deseo genuino de acercarme a mí mismo, de mirar en lo profundo de mi mismo, de observarme tal cual soy sin juzgarme.

Hoy en el dojo comentaron algo que resultó muy importante para mí y es que en el Zen nos sacamos las máscaras, dejamos el título afuera y estamos allí dando lo mejor que podemos dar, de manera genuina, haciendo lo que hay que hacer, sin tratar de llenar expectativas de nadie, sin tratar de ser bueno o malo. Como diría el Dalai Lama: “just Be”. Podemos mentirle al mundo pero es imposible mentirnos a nosotros mismos cuando nos miramos frente al espejo, cuando hacemos zazen.

Finalmente, siempre me encanta recordar a Sogyal Rimpoche cuando dice que podemos vernos a nosotros mismos como una casa. Hay que entrar en ella, darnos el permiso de observar lo qué hay allí, sin juzgar, sin aceptar ni rechazar nada, abandonando el miedo, con respeto y compasión, sin nada que obtener. Algunas situaciones pueden resultar difíciles, quizás haya cosas que queremos quitar porque no nos gustan, pero pienso en lo que usted dijo en una oportunidad durante un mondo: “Quizás en algún momento las cosas cambien, pero ahora mantén la práctica, has zazen”.

El cielo sigue siendo cielo aunque las nubes no nos dejen ver el bello azul que está allí.

Gracias sensei. Gassho. Cesar Sciara (Dojo Zen de Santa Monica, Caracas).

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