Texto 566 – LOS TRES EGOS EN EL ZEN

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Aunque resulta difícil para muchos distinguir estos tres tipos de egos, la gente Zen debe conocerlos detalladamente. En el Zen se puede hablar de tres diferentes egos:

 

Al primer ego lo llamaremos: EGO INSTINTIVO (PROTECTOR DE LA VIDA). Este es un ego natural que viene con nosotros al nacer. No tenemos que estar pendientes de él. Simplemente existe y a través de complicados mecanismos biológicos, químicos y eléctricos (impulsos nerviosos) nos mantiene vivos. Es un ego protector. Existe sin que estemos conscientes de él. Este ego siempre está contigo.

 

Al  segundo ego lo  llamaremos: EGO PERSONAL, INVENTADO, APRENDIDO. Tú, a través de tu poder mental te creas a ti mismo. Esto incluye pensamientos conscientes y subconscientes. Absorbes del medio, copias patrones físicos, psicológicos, de voz, etc. y te das forma. Tu creación, puede al cabo de muchos años, gustarte o no. Pero, en definitiva este ego te va a empujar, a doblegar, a alegrar, a enfurecer cómo y cuándo él lo desee. De una u otra manera tú estás pendiente de este ego, pues te identificas con él. El alcohólico, por ejemplo, no solo se cree alcohólico, sino que lo disfruta. Protege su ego alcohólico. Está pendiente de ser y actuar como tal. Este ego/personalidad siempre estará con nosotros. Es nuestra creacion.

 

Al último ego lo llamaremos EL NO-EGO: este es EL EGO DIOS/BUDA. Pero a este ego no se llega ni porque si, ni siempre. A este ego se llega cuando abandonas tu segundo ego. Este proceso puede durar muchos años. Se necesita profundizar y vivir el Dharma de Buda para “olvidarse de sí mismo”. Esta es la indicación famosa de Dogen Zenji. Si no podemos olvidarnos de nosotros mismos (Ego 2), nunca podremos liberar nuestra mente del yugo de este segundo Ego. Olvidarse de sí mismo resulta IMPOSIBLE para la gente. El Zen, para quienes lo conocen, es el camino del No-Ego. Solo a través de Zazen (meditación sentada), Mushotoku (espíritu de no provecho), y Shikantaza (solo sentarse) se puede acceder a un estado de Mu Shin (no mente) y trascender al hombre humano; alcanzar Hishiryo. La conciencia Hishiryo es la consciencia más elevada, la consciencia del no-ego: es en ese momento cuando te olvidas de ti mismo.

 

Cuando en el Zen se dice: “Ustedes son Dios o Buda”, se refiere a la condición de NO-EGO. Cuando logras olvidarte, ya eres universal, ilimitado, sin dualidad. Eres uno con todo. Eso solo es posible cuando te olvidas de ti mismo, abandonas toda idea de ser quien eres (Ego 2). El estado de Buda es el estado del No-Ego.

 

Resumiendo paso a paso: 1) Tú naces como tú, 2) Te conviertes en otro (un tú con características específicas)  3) Te olvidas de ti mismo (Tú te olvidas de Tú), y finalmente… eres uno con todo (no más tú).

 

 

Sensei Paul Quintero

 

 

Nota: “Cuando suena la campana en el dojo, nadie la escucha.” Sensei Paul Quintero

Texto 565 – TE AMO…Y YA!

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Todos tenemos que acabar con ese juego de “mira lo que me has hecho” o “tú no me quieres”.

Es una falta de creatividad. No debemos regodearnos en la sensación de no ser amados.

Precisamente, si tengo esa sensación de no ser amado, hay que cambiar esa sensación y sentirse amado.

¿Y qué se puede hacer? Pues, para empezar, dejar de pedir. Si yo dejo de pedir, estoy en la situación de DAR.

Y entonces diremos: “Tú no me quieres, pero yo te adoro“. Y en lugar de pasar la vida enfadándonos y fastidiando al otro y sufriendo, diré “BASTA”, y se acabó el problema. Yo te amo.

No voy a vivir como una víctima toda mi vida.

No, yo te amo y eso basta. Si tú no me amas es TU problema, no el mío. Ahí está la CURACIÓN.

Cuando se es creativo, ya no se está centrado en la petición de algo, al contrario, lo fabricamos nosotros mismos.

Alejandro Jodorowsky, “Psicomagia”

 

 

NOTA: Gracias a Ruby Uzcategui por enviarnos este texto. Muy no-ego. Gassho.

 

 

 

 

 

 

Texto 564 – Y QUEDATE ALLI

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Cuando practiques zazen, busca un lugar tranquilo. Siéntate sobre tu cojín y respira profunda, suave y lentamente .Silencia tu mente y mantenla silenciosa. Detén tus pensamientos verbales; todo el tiempo estamos hablándonos a nosotros mismos. No reacciones ni mental ni emocionalmente a esos pensamientos, solo mantén la calma. Quédate allí .Este es tu momento privado. Tú debes buscar un descanso mental dentro de tu vida agitada. Solo así podrás refrescarte mentalmente. Poco a poco tu poder de voluntad aumentara, sentirás mas calma y te relajarás.

 

Cuando hayas alcanzado esta tranquilidad, podrás actuar en tu medio  desde este punto de tranquilidad, liberándote de toda  tensión y distracción. Te encontrarás en una posición privilegiada con respecto a quienes no meditan.  Quien armoniza con el fluido de la vida, va como unos cien pasos por delante de aquel que solo conoce el ruido.

Texto 563 – CONVERSACIONES POCO PROFUNDAS

Donde se ven....

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El problema de las conversaciones entre la gente, no son las palabras, ni su escritura, ni su pronunciación ni su ordenamiento. Para alguien que haya profundizado en el Zen, el gran problema es lo poco profundas que estas conversaciones pueden ser. Si tú no puedes entrar en tu mente, nunca sabrás si tus ideas, tus pensamientos y tus palabras son realmente profundas. Si la gente al menos sospechara esto, muchas podrían evitar hablar y quizás – gracias a este esfuerzo por hacer silencio – su mente podría dar los primeros pasos para hacerse profunda. Este ejemplo en este dibujo nos hace pensar en lo débil y absurda que una mente puede hacerse debido al bombardeo tecnológico/social en el cual estamos inmersos. Una mente profunda debe buscar muy dentro de sí para encontrar el origen de sus ideas superficiales. Para esto está el Zen: para ayudarte a ir a lo más profundo.

 

El ruido físico y mental ha tomado nuestros ambientes. Una sala de meditación Zen ayuda a restablecer tu contacto con la realidad. El silencio físico y mental propio del Zen te permite mirar dentro de ti mismo. El Zen es conocido también como La Vía del Silencio. Solo del silencio puede surgir un contacto real con la vida. Mientras no te observes, ni te desprogrames del ruido mediático solo disfrutaras momentos muy cortos de tu vida. Debes des-aprender lo que has aprendido.

 

Poca profundidad y poca comprensión van de la mano. Basado en estas limitaciones, el hombre común vive “media vida”. A través de tu práctica de zazen recuperas tu otra mitad. Por eso nos sentamos: queremos ver la película completa! No en Facebook, ni en mi perfil, ni en un espejo. Estamos hablando de un contacto frente a frente con la realidad: crudo y sin censura. Solo así podrás saber si estas “despierto” o  “a la mitad de un prolongado sueño”. Este encuentro con la realidad te permitirá vivir plenamente. Despierta para que puedas despertar!

 

 

NOTA: Si eres un buzo, el Zen es muy bueno para ti. El Zen es esencialmente un medio profundo. Por cierto, ¿Dónde te ves en unos 5 años? (Ha,ha,ha).

 

 

Debes des-aprender lo que has aprendido. Yoda
Debes des-aprender lo que has aprendido. Yoda

 

Texto 562 – ZEN: GRAN MENTE EXORCISADA

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Una gran mente no es una mente grande. Una mente grande no sé lo que es. Pero una gran mente es una mente despierta al instante presente. Una mente que no necesita asirse del pasado ni de las ilusiones del futuro. Por eso una gran mente no indica tamaño, y si lo tuviera sería muy pequeña pues no arrastra ni acumula nimiedades.

El entrenamiento de la postura sentada según los lineamientos del Zen, se hace para simplificar nuestra vida. Una vida sencilla con pocas perturbaciones y  con momentos todos agradables. ¿Para qué sufrir de más si se puede sufrir de menos? ¿Para qué llevar ropa de invierno a la playa? ¿Para qué robar un banco si luego el dinero se acabara? ¿Para qué matar a un animal si puedes comer frijoles con arroz? – El Zen es minimalista. Busca la simplificación de nuestro karma. Una vida sencilla, una mente clara, la atención consciente llevan a una mente grande.

El zazen no es una cura para nada. Tu actitud para la práctica si puede resolver parte de tus angustias. La sabiduría del Buda no es una medicina. Pero, si tú aplicas bien ese conocimiento llegarás a vivir más plenamente. La realización del Dharma de Buda solo es posible si la vives con plena conciencia.

Poca gente sabe que el carácter original de Zen en China significa “exorcizar”. ¿Qué se exorciza? ¿De qué hemos de librarnos?

La práctica te dará la respuesta. Tus pensamientos turbulentos se irán depositando cual la arena en el fondo del mar, podrás observar tranquilamente tus propios demonios, tus propias gulas, tus momentáneos placeres. Y llegará un momento en el cual ya no necesites cargar con todas esas fuerzas que te retienen, que te cercan y te hacen infeliz. Entonces cuando estés triste, disfrutarás tu tristeza y cuando desees reír, reirás. Más nada. Esa es una gran mente.

 

Sensei Paul Quintero

 

 

gassho

Texto 561 – GENTE A TU ALREDEDOR

Rafflesia arnoldii

 

 

 

 

 

 

 

Rafflesia arnoldii. : Rafflesia arnoldii, una planta parásita de las lianas del sureste asiático. No tiene hojas, ni tallos, ni raíces y vive bajo la corteza de las lianas a las que parasita, alimentándose de su savia. Una cosa rara. Pero en el género humano, por desgracia, sobreabundan las “personas-rafflesias”, prepotentes, parásitas y explotadoras.

Me he acordado hoy de un proverbio, no sé de qué procedencia: “Se rompe el árbol que no se mueve con el viento”. Y llevo un rato pensando en personas que se asocian con las plantas.

 

PERSONAS PLANTAS

Hay personas-cactus, con espinas por fuera y agua por dentro.

Hay personas-jazmín, dispersas, fragantes y efímeras.

Hay personas-palma de coco: con sus frutos muy elevados, para que lleguen muy pocos.

Hay personas-rosa, generosas por temporada.

Hay personas-hierba: ofreciéndose para el descanso ajeno y pisoteado sin mirar.

Hay personas-planta de interior: aunque reciben poco sol, se hacen notar.

Hay personas-acacia: después de las flores, echan las vainas.

Hay personas-semillas de café: por fuera rojas y llamativas, pero  para pasarlas hay que tostarlas.

Hay personas-cactus: mírame, pero no me toques; hago daño.

Hay personas-cují: aguantan de todo.

Hay personas-mangos: Solo a lo alto se ven bellas. En el piso apestan.

Hay personas-verdolaga: No dicen nada, pero son muy útiles.

Hay personas-parchita: después de enredarnos, nos dan sus frutos.

Hay persona- bonsái: chiquitas, pero con todo.

Hay personas-cayena: comunes pero admiradas.

Hay personas-bella-a-las-once: Sólo lucen a ciertas horas!

Hay personas-almendras, que siempre vuelven por navidad.

Hay personas-trébol, que siempre nos traen buena fortuna.

Hay personas-margarita, sí o no, sí o no, sí o no…

Hay personas-bambú: tan huecas que flotan.

 

PERSONAS FRUTAS

Hay personas-tamarindo: ácidas hasta las entrañas.

Hay personas- melón: siempre olorosas y agradables al paladar.

Hay personas kiwi: por fuera no dicen lo bellas y agradables que son.

Hay personas-limón: útiles en todo momento.

Hay personas-cambur: solo pelándolas (quitándole la piel) son agradables.

Hay personas-caraota: negritas y sabrosas.

Hay personas maní: todo lo que dan lo hacen haciendo ruido.

Hay personas-ajonjolí: saber mejor pasadas por fuego!

Hay personas-dátiles: sólo procesadas se pueden degustar.

Hay personas- mamón: provoca chuparlas.

Hay personas-ciruelas pasas: cuando las comes te aflojan.

Hay personas-cebollas: todo el tiempo te hacen llorar.

Hay personas-uvas: sabrosas por racimos.

 

 

NOTA FINAL: Hay personas “helado de pastelado”: divinas hasta el palito!

 

pastelado

Texto 560 – ES ESTE EL ZEN DEL CUAL YO HE LEIDO?

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Esto lo preguntó un joven a la entrada de un dojo Zen. El maestro solo le grito (un grito sonoro fuerte: KATZU) que es una enseñanza Zen sin palabras. El Zen no tiene que ser lo que tú esperas que el Zen sea. El Zen no se adapta a ti. Con este grito el joven se fue y decidió que ese no era un Zen verdadero (ja,ja,ja). Cuando deseas saber y vivir el Zen, tú debes adaptarte al Zen. Todas las circunstancias están dadas para ayudarte a olvidar el poder desviante de tu ego. Si no te gusta, te vas. Es simple.

El novato falla al no reconocer que la Mejor Sangha Zen puede ser aquella que a veces es inspiradora y otras veces te defrauda. Y los mejores maestros Zen son amigos que a veces te dan ánimos y otras veces te frustran con sus acciones. Esos maestros a veces cubren tus expectativas y a veces no.

Muchos alumnos se desencantan de las enseñanzas que se les da (pues las comparan con su idea personal de cómo deben ser las enseñanzas Zen, como deben sonar). Entonces se van o se quedan muy poco tiempo en el Zen y piensan Aquí no hay Dharma verdadero. Pueden hacer estos juicios tontos basados en los muchos libros sobre el Zen que han leído y por creerse un montón de cuentos Zen que han sido pulidos para que el novato se impresione con las palabras doradas de los maestros. Claro pueden leer textos importantes como el Vinaya que te explica lo desastrosa y desordenada que podía ser una sangha en los principios del Budismo: muchos combates entre muchos egos. Aun hoy puede ser así.

En todo caso, el alumno, no escucha el verdadero grito del Maestro Zen, ese grito que es una enseñanza Zen específica para el momento cuando él hace su pregunta. No todos saben escuchar. Y el ego es un impertinente poderoso y te desvía de inmediato. Te obliga a salirte (escaparte) del Zen. Ser demasiado intelectual puede ser un estorbo a la hora de hacerse sencillo, medio tonto (ingenuo) y espontaneo después de haber uno tragado y degustado la enseñanza Zen. Al Zen no vienes a escuchar ni lo que te gusta ni lo que no te gusta. Es muy sencillo. Si estás muy a gusto con el Zen, preocúpate. Si no estás a gusto, preocúpate. Un zen muy elemental y sencillo no es un Zen profundo. Es como una playa  bajita: no te puedes sumergir de cuerpo entero. El Zen no tiene por qué gustarte, para qué?

 

NOTA: Siempre digo: “El Zen no es una reunión de santos“. Sensei Paul Quintero.

Texto 559 – NECESIDAD DE ESPACIOS ZEN

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Hace poco comentaba con alguien lo increíble que resulta que en nuestras ciudades no haya espacios donde poder estar en paz. Imagínense estar en su ciudad, en medio de un torbellino humano, en medio de una tormenta mental basada en la retroalimentación brusca de ideas que entran y salen de sus mente cual una hoja de serrucho que va y viene cortando un pedazo de madera, o estar tan agotado que…desean conseguir un espacio donde pudieran descansar y pensar de manera más liviana y menos cargada. En otras palabras, un espacio donde puedan liberarse de tanta presión social. Un parque puede ayudar, una capilla silenciosa también podría hacerlo, y hasta un boulevard frente al mar. Pero, ninguno de estos espacios tiene las características de un ambiente Zen.

 

La estructura de una comunidad Zen te ayuda a aprender sin polémica – a retornar, en un sentido, a un estado de inocencia. Esto es muy importante, pues nuestras sociedades enfermas nos obligan a vivir vidas enfermas. Me explico: nuestros entornos no nos tranquilizan. Son medios sin orden (pues ya el orden social inicial establecido por los primeros pocos habitantes se ha perdido) y nadie se acuerda ya de la paz mental. Las ciudades son grandes reuniones de gente alterada, intranquila, dudosa y ansiosa. Ya nadie vigila a nadie, ni a sus pensamientos. La gente solo sobrevive.

 

Un espacio Zen (dojo, templo) es un espacio donde el ambiente te lleva de regreso a ese estado puro, apacible y armónico que en algún momento se te escapó. Es un ambiente disciplinado, bello, sencillo, minimalista en el cual la mente puede deshipnotizarse y abandonar la cruel programación desestructurada y sin rumbo que se aprende en nuestros espacios urbanos. Un espacio Zen es un cambio de mundo. Muchos podrían saber que cuando se camina para llegar a la casita especialmente diseñada por los japoneses para la ceremonia del té, uno se encuentra con una piedra más o menos redonda amarrada y anudada con una cuerda poco antes de entrar. Esta piedra divide tu mente en dos mundos: el mundo exterior y el mundo interior. De eso se trata, un espacio Zen te saca de un entorno para llevarte a otro más natural, más bello y de una conducta establecida para que tu mente repose.

 

Varias veces he dicho en este muelle Zen, que cuando te quitas tus zapatos para meditar en un dojo, abandonas lo mundano y pasas a otra dimensión en la cual tu mente puede reposar y armonizarse. Pero, quitarse los zapatos debe ser un acto consciente, si no, tu mente no podrá  cambiar. Este simple gesto es tu primer gesto importante para poder practicar zazen y poder respirar un nuevo aire. Cada persona que es parte de un dojo o templo Zen debe estar pendiente para hacer de ese espacio un espacio sagrado. No tanto un espacio religioso, sino de orden, quietud, limpieza y armonía. Un espacio Zen debe estar limpio, oler bien, estar ordenado, tener alguien que te indique cual debe ser tu comportamiento y que te sonría. Gracias a lo especial del ambiente, tu mente podrá des-estresarse y liberarse de una presión social desquiciada. Se necesitan espacios así. La disciplina Zen en un entorno Zen te lleva a ese nuevo estado mental. El buen humor es bienvenido.

 

Un espacio Zen es como una isla hermosa a la cual podemos ir cada vez que lo deseemos para encontrarnos con el silencio y calmar nuestra mente. En él se aprende a ser espontaneo. Primero debes observar las reglas, y luego (con el tiempo) las reglas ya no serán reglas…para ese entonces, tú no serás tú. Es un buen viaje!

 

Sensei Paul Quintero

TEXTO 558 – BAILAMOS?

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El Budismo trata sobre la libertad. En esta libertad solo existe este continuo fluir, este moverse de momento a momento sin dudas ni resistencia siendo natural y estando completamente presente. De hecho esto te libera de tu karma pues es la libertad de no ser dirigido por tu karma. Es la libertad de abrazar tu karma, bailar con él. Es la libertad de no estar en ningún otro lugar, y de no vivir en oposición a la realidad. Que buena sensación es esta. Cada zazen es un baile! Bailas libremente contigo mismo en el presente. No hay mejor ni mayor celebración!

 

Texto 557 – CARTA DE DESPEDIDA AL EGO

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Querido ego,

 

Estoy rompiendo relaciones contigo. No quiero más discusiones circulares (sin principio ni fin), no más recriminaciones. Hemos terminado.

 

Esta no es una decisión emocional. De hecho ni siquiera se siente como una decisión del todo. Ya hemos estado un poco separados desde hace algún tiempo y simplemente estoy certificando esta distancia entre los dos. Lo que sea que nos mantuvo unidos, ya no está.

 

No te servirá de nada tratar de ser simpático conmigo. Ni te molestes en intentar llenar mi cabeza de pensamientos que sugieran lo bueno que es estar juntos y que sin ti estaré perdido. Ya no tienes ese poder sobre mí.  Ahora puedo ver a través de ti. Miro y no hay nada allí.

 

Me llevó  tiempo descifrar esto. Como pasa con muchas parejas, nos encerramos en nuestro pequeño mundo y nos creímos que era nuestra realidad.

 

Puedo sentir la sensación del espacio abierto cuando cierro mis ojos y me olvido que tengo un cuerpo. Es como sentir que ya no soy más una persona. Solo soy este espacio que se prolonga indefinidamente.

 

No espero que nada de lo que te estoy diciendo tenga sentido para ti. Nunca lo ha tenido. Tú siempre tienes que estar definiendo las cosas, y dividirlas en categorías. Esto no se puede explicar fácilmente y sé que te molesta cuando hablo de esta manera pues reto tu manera rígida de ver las cosas. De hecho te callas cuando me escuchas.

 

Anteriormente yo malinterpretaba tu silencio. Me sentía mal, y hasta un poco loco al tratar de expresarme. Ahora ese silencio me dice algo completamente distinto. Me dice que yo te reto. Y me dice algo más, algo muy importante. Me dice que soy capaz de vivir por mi cuenta. Cuando tu voz desaparece, la mía aparece.  Simplemente está allí. Quizás mi voz estuvo allí todo el tiempo, pero tú siempre la ahogabas. Mi voz es clara. Es fuerte. Y estaré muy bien sin ti.

 

Mis amigos creen que he enloquecido. Se preguntan qué haré sin ti. Ven lo que pasa cuando estamos juntos, los altos y bajos de mi personalidad, mi comportamiento raro, pero aun así ellos cuestionan mi rompimiento contigo. Esto no me preocupa pues yo si recuerdo lo que es vivir una relación poco saludable contigo. Lo peor es que tú no crees que sea una relación enfermiza.  Tu estas convencido de que nuestra relación es perfecta y piensas que sentirse miserable todo el tiempo es lo normal. Mes tras mes, y año tras año tú siempre dices que las cosas mejorarán entre tú y yo. Piensas que lo lograremos, que todo mejorara. Pero no mejora. No puede.  Es una relación enfermiza. Y las relaciones de este tipo no mejoran, solo empeoran. Se enferman más.

 

Este es un mundo pequeño y de seguro nos volveremos a tropezar en el camino. De hecho pienso que esta despedida es más un “nos vemos por allí” que un “adiós” definitivo. Mientras mantengamos la distancia apropiada, estaremos muy bien cada uno por su lado. Debo estar muy lejos de ti para poder escuchar mi voz. A lo mejor me puedes acompañar mientras reparo una tubería de agua, o camino por un parque. Pero ya no podrás entrar en mi espacio y en mi vida cuando tú así lo desees. Necesitaras permiso para ello. Después de todo, ya no vives aquí.

 

Por favor recoge tus cosas y deja tu llave en la mesa al partir. Cuando regrese a casa más tarde solo quiero escuchar el sonido que queda después de tu partida. Me perderé solo en un silencio espacioso y me olvidare de donde comienzo y donde termino. Una vez me dijiste algo. Me dijiste que yo sería nada sin ti. Lo recuerdas? Pues terminaré esta nota positivamente diciéndote que tenías razón: sin ti no soy nada. Nada en lo absoluto. Si no fuera por todo lo horrible que vivimos juntos por tu culpa, nunca hubiese llegado a esta conclusión. Así que muchas gracias, así no comprendas lo que pasa.

 

Con amor, (tu nombre).

 

COMENTARIO:  Esta carta la escribió un monje Zen en los Estados Unidos. Me parece magnifica. Disfrútenla. Sin duda, como muy bien lo expresa el Maestro Dogen, debemos olvidarnos de nosotros mismos. Eso es lo que pasa cuando practicamos zazen: nos despedimos del ego. Cuando terminas tu zazen, ya no eres el mismo.