Texto 1905 – ¿MALESTAR AL MEDITAR?

Las formas más comunes de malestar y de incomodidad son el adormecimiento, los calambres o el dolor severo en nuestras piernas, rodillas y tobillos. Esto se debe a que tenemos “apegos” a nuestro cuerpo físico – es un reto para nuestros hábitos físicos y mentales. En este caso, debemos ignorar y tolerar el dolor por espacios de tiempo cada vez más largos en cada sesión de meditación. Eventualmente, el dolor desaparecerá, pues con el tiempo, la mente comenzará a soltar su apego al cuerpo físico. Sin embargo, si dejamos de meditar,  “perpetuaremos los apegos” a nuestros malos hábitos. Por esta razón debemos relajarnos y perseverar cuando sintamos alguna incomodidad.

Venerable Maestro Jian Liao / La esencia de la vida

COMENTARIO: Cada dolor es reflejo directo de un apego (o de varios), y por ello podemos comprobar nuestro índice de inclinación hacia las cosas, personas o eventos al practicar zazen. Nuestro cuerpo inmóvil habla durante zazen expresando estos dolores, y nuestro entrenamiento nos permite trascender el dolor desde el desapego que nos enseña el Dharma.

¡Uff, cuantos apegos!
¡Uff, cuantos apegos!
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