Texto 2347 – GANARSE UNA VIDA DIGNA

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El Zen como el ajedrez: es un plan para ganar. Sin embargo lo que ganes no lo podrás ver. Es una ganancia existencial: saberte ubicar en el lugar donde estás y en el momento preciso en el que vives para ganarte y disfrutar una vida con intensidad y consciencia plena. La liberación trata de esto: ganarle a la ignorancia, al disfraz, al poderío ilusorio de tu ego. Ganar el juego es liberarte: es ganar la batalla que siempre debiste ganar;  para eso, y solo para eso, naciste. Esa experiencia es tu karma. Más nada lo es.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

 

Texto 2346 – ¿POR QUÉ ME ENOJO?

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Aunque dentro del Budismo Zen se hable muy poco acerca de las emociones, es un tema que vale la pena tratar, por ser una causa muy común del sufrimiento humano.

La verdad es que nunca me enojo con nadie. Nadie se enoja verdaderamente con nadie. Solo nos enojamos con la idea que tenemos sobre alguien.

A la mente ordinaria, dirigida por el ego, le entretiene clasificar todo a su alrededor en 2 categorías principalmente: bueno y malo. Tendemos a considerar a alguien como “bueno” cuando satisface nuestras expectativas, demandas, juicios, patrones y percepciones. Pero cuando esto no ocurre, lo condenamos como “malo” y nos enoja.

Dice el Reverendo Archibald Alison dice: Cuando sentimos cólera es porque hemos dejado de defender la verdad y comenzamos a defendernos a nosotros mismos.Hemos comenzado a defender los intereses de nuestro ego “a capa y espada” y no descansaremos hasta que la persona (objeto de nuestra ira) vuelva a satisfacer nuestro ego, “admitiendo su culpa” por habernos hecho enojar.

Sin embargo, solo cuando seamos capaces de ver y aceptar la verdad, nuestra ira se desvanecerá. “Ver la verdad” significa reconocer la idea que causó nuestra cólera sin sentido y entender por qué nuestra mente la fabricó.

Cuando sentimos ira, no solo juzgamos a alguien de “malo” y lo responsabilizados por nuestro sufrimiento, sino que nuestra mente sigue encadenada a un pasado que ya no existe. Somos nosotros mismos quienes nos esclavizamos a él y solo nosotros podemos liberarnos.

Aunque se puede decir mucho más acerca de la ira, lo más importante es que, cuando te enojes, te preguntes: ¿Estoy defendiendo mi ego o estoy defendiendo la verdad?

 

Bodhisattva Rubí Saki Shō / Linaje de Taisen Deshimaru

 

Texto 2345 – VASALLO DE VENEZUELA, VASALLO DEL BUDA

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“El origen etimológico de la palabra vasallo es celta. Proviene de “gwasi” con el significado de “criado”. En el latín, “vassallus” puede traducirse como “sirviente”. El vasallo era aquel que estaba sometido por interés propio a un señor feudal. Si bien el vasallo tenía varios deberes con su señor, éste también los tenía con el vasallo. El vasallo debía ser fiel a su señor, relación que se sellaba por medio de un juramento solemne…”

Vasallos de Venezuela (anteriormente Vasallos del Sol) es una agrupación de música y danza tradicional venezolana de la que soy integrante hace más  de 25  años que surge con el propósito entre otros, de aprehender los ritmos y bailes tal como se hacen en los pueblos o comunidades ancestrales y llevarlos a otros espacios, en ese sentido somos servidores de estas culturas y por ende de nuestro país ya que difundimos ese conocimiento a otros fuera de su entorno natural.

Con el Zen ocurre algo similar, cuando uno ha sentido durante mucho tiempo compasión por los demás seres y no tiene una forma efectiva de ayudarles y el karma te lleva a este camino del budismo, encuentra en este un sendero que le guiara para ayudarlos, así que en un ceremonia solemne y maravilloso se toman  los preceptos del Zen bien sea como bodhisattva o monje, se aprehenden / estudian los dharmas y con la guía y apoyo de tu sensei (maestro) uno se compromete a ayudar a otros a liberarse del sufrimiento a encontrar su  felicidad, de este modo entonces nos convertimos en servidores de Buda.

Ser vasallo (servidor) es una gran responsabilidad, un compromiso y una práctica de todos los días, obtener los dharmas y usarlos para el despertar de otros debe ser nuestra meta.

Pueda yo realizar esta tarea sin desfallecer y si esto ocurriera (solo soy humano) pueda levantarme y seguir con esta misión.

¡Hoy me declaro más vasallo que nunca!

Bodhisattva Hugo Kai Butsu Ballesteros / Linaje de Taisen Deshimaru

 

Texto 2344 – FORMULA 1

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Durante una práctica de zazen en el Centro Zen Bodai Shin, ubicado en Los Palos Grandes (Caracas – Venezuela) mientras meditábamos se escuchaba de fondo en una radio una de las carreras de la fórmula 1, deporte del cual soy fanático y la que no podía dejar de oír, por esta razón no podía realizar la meditación tal como debe ser pues solo pensaba en la carrera: la carrera en la que andamos día a día. Siempre andamos apurados, en la calle, a la hora de comer, en el trabajo y otros quehaceres. Y ni hablar de la carrera mental, esa que nos mantiene idiotizados con tantos pensamientos desordenados innecesarios donde el ego es amo y señor y  que nos mantiene engañados haciéndonos creer que el mundo es así como lo vivimos. Fue una gran batalla entre mi ego y mi no ego hasta que poco a poco fui dejando pasar la carrera y como cualquier otro pensamiento fue perdiendo relevancia hasta desaparecer, allí en ese momento comprendí que el estado natural de la mente es sosegado, calmo y no estrepitoso.

Zazen es zazen, no debe haber otra cosa, hay que dejar pasar la carrera (pensamientos) no apegarse a ruidos, imágenes ni ideas, dejarlos pasar sin aferrarse a ellos. Lo mismo en el resto de nuestro día a día, dejar la carrera es darnos la oportunidad de ver la realidad tal cual es, sin permitir que el apuro y complicaciones nos controlen

Bodhisattva Hugo Kai Butsu Ballesteros / Linaje de Taisen Deshimaru

COMENTARIO: Demasiadas carreras nos conducen a muchas complicaciones físicas y mentales.

 

Texto 2342 – ¿VIAJAR A DÓNDE?

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Haz tus maletas y vete a la estación sin ellas. Móntate en el tren y déjate a ti mismo atrás”.  – Wei Wu Wei

Yo no sé a quién se le puede ocurrir la idea de que uno es transportable. Si dejáramos de “cargarnos” mentalmente de un lado a otro, podríamos llegar a ser “seres presentes” maravillosos. Cuando cargamos nuestros quehaceres y la imagen de nosotros mismos a otra parte, nuestra vida aburrida y estancada no le permite a la “energía renovadora del universo hacerse presente. Wei Wu nos invita a dejar atrás a esa existencia y a ese ser al cual estamos apegados que nos esclavizan. ¿Qué necesitas para darte cuenta?  A cada instante perece nuestro instante. Solo debemos viajar al país donde nada estancado importa: el país sin apegos y donde reina la esperanza. El país donde retoñan luminosamente las esperanzas que al fin tú te habrás permitido disfrutar. El tren del Despertar te espera. No lleves nada, no necesitas nada. No tienes ni eres nada. Solo eres un instante. Disfrútate.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

Texto 2341 – EL MEDIDOR DE ILUSIONES

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Muchas personas creen haber “logrado el despertar“. Algunos celebran a escondidas y se sienten satisfechos por su logro. Otros lo vociferan donde quiera que vayan. Otros experimentan un estado de armonía “inquebrantable” hasta que un día ocurre algo que los “vuelve a dormir“. Pierden la calma que creían eterna y sienten que retroceden en su cultivo espiritual. Creían que se habían liberado de toda ilusión.

La naturaleza de las ilusiones nos dificulta saber cuándo estamos viviendo de acuerdo con ellas o no, porque aun cuando logremos quitarle una capa de ilusión a nuestra mentes y creamos que no nos queda ninguna otra, podríamos estar metidos bajo muchas capas más.

¿Cómo salir de nuestro estado ilusorio y vivir desde la mente clara? (o por lo menos, más clara). El Maestro Zen Kodo Sawaki decía que “ser iluso significa ser controlado por una situación“. Cuando tu mente se agita y permites que las circunstancias te controlen o te hagan sufrir, se debe a que te encontrabas afectado por alguna ilusión.

La cantidad de tensión o confusión que te produzcan las circunstancias de la vida, será “el medidor” que te indique cuántas capas de ilusiones te quedan por romper. A mayor cantidad de sufrimiento, mayor cantidad de capas deberás romper. Una desilusión más, una confusión menos. Destruir estas capas permitirá que tu mente sea cada vez más clara.

La tarea más importante de un practicante Zen es la de prestar atención, no solo durante zazen sino también durante su vida cotidiana. Permitir que las circunstancias generen una serie de pensamientos y reacciones descontroladas, significa que no estamos prestando atención a nuestro estado mental en ese momento. Significa que estamos siendo guiados por nuestras ilusiones: expectativas egoístas, imaginación morbosa o por el engaño de nuestros sentidos.

No hace falta que el medidor de ilusiones cuente las capas de ilusiones que te faltan por romper, solo hace falta que lo mantengas “encendido“.

 

Bodhisattva Rubí Saki Sho / Linaje de Taisen Deshimaru

Texto 2340 – ZEN: EL ENCUENTRO CON LA VIDA MISMA

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Llamar al Zen una disciplina es llevarlo intelectualmente a un nivel escolar, o socialmente a uno de crianza de hogar. Realmente no se trata de una disciplina de este tipo. El Zen propone “despertar la consciencia” que se ha perdido a causa de múltiples causas mentales, físicas, espirituales, kármicas. La consciencia puede servir para mucho siempre y cuando esta forme parte de nuestra vida diaria. Vivir en la inconsciencia es muy fácil: la parte subconsciente de nuestro cerebro nos guía y nos mantiene “vivos”. Es por esto que muy poca gente ve la necesidad de “despertar” la consciencia, elevar su calidad de vida para vivir más plácidamente y más plenamente. A esta comodidad la llamó el Buda “ignorancia”. Y es a causa de esta ignorancia que vivimos vidas miserables muy a menudo.

La frase “regresar a casa” en el Zen es justamente esto. Uno “regresa” a ese estado de consciencia inicial que “viene con la vida misma” y se apoya en esa “consciencia clara y carente de defectos” que permite vivir la vida tal como “es”. Esto significa abrirse a la posibilidad de “digerir los acontecimientos conscientemente” para poder sacar el mayor provecho de ellos. La vida es  invisible y por ello es espiritual, razón por la cual el provecho ha de ser espiritual también.

La vida cósmica abraza la dualidad y la desintegra, carece de fallas, no es complicada y se armoniza con el momento y el lugar cuando y donde la vida humana se manifiesta.

El Zen es, en pocas palabras, encontrarle algo de sentido a tu existencia que aparece y desaparece a cada instante. El Zen te ayuda a descubrir y apreciar lo nuevo de cada instante (actualizando tu mente acostumbrada a rutinas y acuerdos obsoletos) gracias a este despertar de la consciencia. Realmente “no” es una “solución de vida”: es el encuentro con la vida misma de frente, sin suposiciones, ideas preconcebidas, sin adornos y sin etiquetas. Siempre lo he expresado de esta manera: los complicados somos nosotros. El Zen (Dhyana, Chan) de Buda es una “puerta abierta” para quien quiera encontrarse con este otro nivel superior de consciencia y de vida donde sea que esté viviendo. Pasar esta puerta depende de tu convicción y empeño, de más nada. Los que desean vivir comprenderán muy bien esta enseñanza.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

Texto 2339 – EL RELOJ PARADO

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En una de las paredes de mi cuarto hay colgado un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas, detenidas desde casi siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto.

Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una blanquecina y vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.

Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del mundo.

Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección… Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes callan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que una vez detuvo su andar.

Y yo amo ese reloj. Y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él.

También yo estoy detenido en un tiempo. También yo me siento clavado e inmóvil. También yo, soy de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía.

Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora. Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.

La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como mi amigo el reloj, también se me escapa el tiempo de los demás.

Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otras personas, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática. A mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida.

Pero sé que la vida es otra cosa.

Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía del universo.

Casi todo el mundo, pobre iluso, cree que vive.

Sólo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianidad.

Por eso te amo, reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo.

 

Giovanni Papini (Florencia 1881-1956)

 

COMENTARIO: Cada hora es un espectáculo de vida. Cada instante es irrepetible…pasa y no regresa jamás. Realmente el Zen no te hace razonar sobre esto sino que te invita a ver la vida, tu vida, como “otra cosa”: hacerse amigo del instante es la verdadera práctica del Zen. Vivir, en el Zen, es cuestión de consciencia y disfrute, no de desgaste. Uno aprende a vivir como el turista que todo lo encuentra bello. Y eso somos a fin de cuentas: turistas en este vasto  y maravilloso universo lleno de vastas horas de encanto.

 

Texto 2338 – UN RITMO SERENO

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Llegar abruptamente al Zen es la manera más fácil de errar el camino, creer que haber leído unos libros budistas, usar malas (japamalas) o ser vegetariano entre otras no garantiza tu vivencia del Zen. Al Zen no hay que teorizarlo o conceptualizarlo hay que vivirlo y se vive a diario de manera sencilla, en el quehacer de todos los días, solo debes calmar tu mente, serenarla y sobre todo ser paciente, todo en la vida tiene su ritmo y “el ritmo del zen es calmo” donde el silencio es de suma importancia.

Para acercarse al Zen solo basta con dejar fuera de si los pensamientos (ruidos) contaminados y contaminantes tanto externos e internos y ejercitar la paciencia, nada más, sin adornos, preconceptos o exceso de teoría y sobre todo en silencio. Así como en la música, en el Zen el silencio es un elemento esencial, no es en el ruido mental donde este se desarrolla, más bien florece en el sosiego, en una mente tranquila libre de falsos pensamientos y siendo muy pacientes.

La paciencia como práctica es una de las bases para aproximarse y experimentar el Zen, la paciencia con uno mismo y hacia los demás debe ser un ejercicio diario, no es fácil y si muy cuesta arriba porque el ego se resiste, sin embargo debemos como practicantes y Bodhisattvas ejercitar la paciencia, navegar en aguas tranquilas a un ritmo lento pero sin pausa.

Por experiencia propia y como músico percusionista diría que “para estar en armonía con el ritmo del Zen hay que tocar con paciencia”, con suavidad, no se puede estar apurado. Solo así, el Zen se hará parte de tu día a día.

¡Sigo tocando!

Bodhisattva Hugo Kai Butsu Ballesteros / Linaje de Taisen Deshimaru – Caracas, Venezuela