Texto 2424 – LOS REVESES DE LAS PRÁCTICAS ESPIRITUALES

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Muchos de los que practican la espiritualidad lo hacen para “sentirse superiores” a los demás. Realmente no lo hacen para sentir paz interior, sino para sentirse mejor que tú. Para muchos meditar se convierte en una satisfacción para su ego. Entonces se creen más sabios y más espirituales pues se dedican a una “actividad espiritual. Esta manera de pensar restringe la autentica espiritualidad pues tú terminas confiando más en tu ego y mucho menos en establecer una conexión contigo mismo y con los demás.

Muchas personas “espirituales” terminan juzgando a cualquiera que exprese “emociones negativas” como la rabia. Piensan que las emociones como la rabia y la ansiedad son de “baja vibración” y que deben ser despreciadas. La verdad es que la rabia y la ansiedad son emociones humanas naturales y son, en muchos casos, una respuesta muy útil ante múltiples circunstancias. Este tipo de personas se considera “mejor” que los demás (de más alta vibración) y terminan juzgando torpemente a los demás. Este es una señal evidente de no poseer ningún nivel de progreso espiritual.

Si caes en este juego, debes buscar la manera de “cambiar” lo más pronto posible. De lo contrario, tú y esas personas que “creen” que deben mantenerse “positivas” las 24 horas de los 7 días de la semana (24/7) terminarán reprimiendo las emociones negativas desconectándose de lo que realmente son como seres humanos.

Muchas de estas personas adoptan “nuevos hobbies” simplemente porque son “la ultima moda espiritual”. “Encajar en una onda nueva” es una característica propia de la naturaleza humana. Todos deseamos sentir que “pertenecemos” a un grupo distinguido. Y, para muchos, es algo muy “novedoso” practicar la espiritualidad. Por eso inmediatamente muchos se involucran con el yoga, la meditación, los festivales de música espiritual, etcétera. Si haces esto para sentirte “cool” (chevere, distinto), te estás negando la oportunidad de participar en autenticas prácticas espirituales.

En muchos casos la gente que cree que las drogas psicodélicas pueden conducir a estados espirituales elevados “justifican” el uso de drogas, alucinógenos y hasta pociones indígenas para alterar la conciencia como una práctica espiritual. Esto es simplemente “otro apego más”, y como cualquier adicción tiene sus efectos colaterales negativos. Confundir la espiritualidad fomentando “estados alterados de conciencia” es una visión muy equivocada de la realidad.

Otros creen que el “positivismo” solucionará los problemas de la humanidad. Para muchos su frase preferida es: “mantente positivo”. Ciertamente existen beneficios evidentes si uno se mantiene positivo, pero al final del día los aspectos más brutales de la vida aún estarán presentes. De hecho, “negar” las emociones negativas, te hace menos consciente de ti mismo y de los demás. La verdadera espiritualidad destaca por incluir y abrazar todas tus emociones por igual. Esto te permite ser más consciente de ti mismo y de los demás.

Muchos llegan a experimentar “auto aversión” cuando confrontan sus propios aspectos negativos. Esto se debe al hecho de que quien se involucra en una práctica espiritual se cree superior y mejor que los demás. Por eso mismo se les hace “muy difícil” aceptar sus propios errores.

Quienes idolatran a gurús, al Buda o al Dalai Lama los ven como seres humanos “perfectos”. Por eso es que cuando tienen fallas, debilidades o se equivocan sienten que no son “lo suficientemente buenos”.

Pero nadie es perfecto, ni siquiera estos gurús espirituales. Todos somos humanos y todos cometemos errores. Un comportamiento más gratificante es aceptar tus errores y aprender de ellos.

Otros tantos desean que sus prácticas espirituales sean la única verdad y por eso desprecian a la ciencia. La ciencia tarda un poco en validar todas las prácticas espirituales y muchos se sienten ofendidos y agredidos por la limitada visión de la ciencia. La consideran una enemiga de sus creencias y se cierran mentalmente ante sus precauciones y sugerencias. Carl Sagan apunta al respecto: “La Ciencia no solo es compatible con la espiritualidad sino que es una fuente profunda de espiritualidad. Cuando reconocemos nuestro espacio en la inmensidad de los años luz y en el paso de los siglos, cuando somos capaces de comprender la belleza y lo sutil de la vida, entonces ese sentimiento de euforia y de humildad es ciertamente espiritual”.

– Y, finalmente, para muchos la vía espiritual es su único escape de la realidad de la vida, y la usan como “tabla de salvación” ante cualquier adversidad. Evadir es huir de tu vida, de sus problemas, éxitos, altos y bajos. Esto no tiene “nada” de espiritual. Por muy espiritual que el hombre se considere siempre será un simple ser humano de carne y hueso…como todos sus congéneres. Ninguna vía espiritual te “saca” de tu condición humana. Mantén eso muy claro siempre.

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Texto 2423 – EL VESTIDO DEL MONJE

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El Kesa es el vestido del monje, el vestido de Zazen, y su costura ha sido transmitida hasta nuestros días desde Shakyamuni Buda.

Kesa tiene su origen en la palabra kesaya que significa color de tierra, de ruina, y evoca el aspecto de los campos de arroz del valle del Ganges, unidos por medio de las acequias. Desde aquellos lejanos días se sigue el mismo montaje tradicional de las piezas de tela juntas. Al coserlas, cada uno se concentra en las medidas exactas y sobre el punto, que es muy pequeño, como un grano de arroz.

El Kesa no es una mera pieza de tela o un objeto de vestimenta al uso, sino que simboliza la transmisión misma de la enseñanza del Buda, cada Kesa es el Kesa original del Buda. Cuando lo vestimos estamos vestidos por el orden cósmico, es el orden cósmico que hace Zazen, nosotros mismos somos el orden cósmico haciendo Zazen. El Kesa es material, es tela, hilo y también es inmaterial: es la transmisión silenciosa de maestro a discípulo.

Un día, un ‘Unsui’ (monje) me preguntó por el significado del Kesa. Le respondí: “El Kesa es algo que no está claro”. Me miró sorprendido y estupefacto, con cara de pensar que yo decía cualquier cosa.

Realmente el Kesa es indefinible, tanto por su color “roto”, color de ruina o de harapos, como por su dimensión que no responde a ninguna regla precisa. No está limitado por ningún aspecto definido que pudiera contenerlo. Es la razón por la cual ha sido llamado ‘el vestido del arrozal de la dicha sin aspecto’.

Se dice que Shakyamuni medía mil pies y que Miroku mediría mil pies. Pero el Kesa que Shakyamuni transmite a Miroku no es ni grande ni pequeño, es un vestido sin aspecto y un ‘arrozal de dicha’. Realmente, es algo inconcebible. El kesa, vestido de lloviznas y rocíos, brumas y nubes es el símbolo de la substancia de la Ley de Buda.

El cielo, la tierra, el universo entero no son más que un solo y único Kesa. Nada existe fuera de él. Ni subimos al cielo ni bajamos al infierno, no vamos a ningún sitio ni venimos de ningún sitio. No hay más que un Kesa y el hombre debe llevarlo.

El príncipe Shotoku, que introdujo el Budismo en Japón llevaba el Kesa para gestionar los asuntos de Estado, y lo llevaba cuando comentaba los tres Sutra Mahayana. El emperador Shomu lo llevaba también para gobernar y varias generaciones de emperadores han tenido fe en el Kesa. También, en el mundo de los guerreros: Kikuchi Taketoki, Takeda Shingen y Uesugi Kenshin se han beneficiado de sus infinitas virtudes.

Llevar el Kesa y transmitirlo es la dicha suprema del hombre. Aquel que piensa que no es más que un tejido de estrecho formalismo es un juguete de su mal Karma, pero aquel que se alegra de llevarlo recibe su parte de alegría. Es Daichi Zenji quien ha expresado mejor la gran alegría que procura el Kesa a todo el Universo:

Mi cuerpo vestido del arrozal de la dicha es feliz.

Hombre tranquilo, he ganado el universo;

Me abandono a él, yendo o permaneciendo a su voluntad.

La brisa fresca acompaña las nubes blancas.

 

Kodo Sawaki Roshi

 

 

 

Texto 2422 – LA FORMA DE UN KESA

 

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El Kesa o Rakusú existe entre la forma y la no-forma. Existe dentro de la forma y más allá de la forma. Es el símbolo de la transmisión: el hilo del Dharma ( la no-forma). Coser un Kesa es descubrir nuestro verdadero Karma. Cada puntada al coserlo elimina un demonio de nuestra mente. Se toma aire al pinchar la tela con la aguja, y al avanzar una puntada se exhala. Entrada y salida del aire le dan la no-forma al Kesa. La aguja, el hilo y la tela le dan la forma. Esto es un misterio. El hombre de la Vía camina entre formas y no-formas. La vida entera se sucede entre formas y no-formas al igual que el Dharma de Buda. A veces usamos una palabra, a veces callamos. A veces estamos presentes, a veces solo somos fantasmas. El Kesa es igual: un mundo de existencia y no existencia.

Al coser un Kesa seguimos un orden específico, sino el Kesa resulta en un desastre. Pero el desastre tiene forma y no forma: lo real del mismo y lo subjetivo (nuestra impresión) del mismo.  ¿Cómo sabemos cuál es la forma correcta del Kesa? El Kesa material es sin forma, no es correcto ni incorrecto. El espíritu del Kesa es la verdadera transmisión en el Budismo, más allá de la forma. ¿Qué resulta más apropiado, coser un Kesa correctamente o llevar un Kesa con sinceridad? Esto no lo sabe el hilo, ni la tela, ni la aguja…esto solo lo sabe un Buda.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto 2421 – LIGHT ZEN

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La visión “light del Zen es que este es el Zen que queda en el mundo en este momento. O lo vitalizamos con nuestra práctica, o perece. ¿Qué es lo “light” del asunto? Pues que no es tan rígido como creías pues tú eres co-hacedor del Zen. No se sigue al Zen, se vive. Si el Zen fuera una suma de lineamientos rígidos, ya hubiera muerto. La naturaleza orgánica del Zen te incluye en su “hacer“: todos contribuimos con el Zen, sin alterar el Zen. Todos lo alimentamos y nos alimentamos de él sin enfermarlo. De eso se trata la verdadera libertad del practicante. “Ser parte de” sin arruinar nada. We are Zen.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

 

 

 

 

Texto 2420 – EL OCÉANO DE ZAZEN

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Hay dos formas de abordar el problema de la vida y de la muerte. La primera es la fuerza del Karma, la segunda el poder de los votos del Bodhisattva.

La vida, el nacimiento y la muerte son como un océano. Todos los hombres nadan en este océano y sufren.

Caer en el océano de la vida y de la muerte o hundirse son también dos religiones.

Caer al agua es síntoma de miedo, saltar al agua significa que se ha superado ese miedo.

Todo el mundo está en el agua, pero es posible nadar. Tal es el papel de las religiones: enseñar a nadar.

Mokudo Taisen Deshimaru / El Canto del inmediato satori

 

COMENTARIO: La manera de afrontar las circunstancias de la vida puede ser muy difícil para el hombre y su mente común. El Bodhisattva toma sus votos y reviste su rakusú como un alienígena pues luce diferente ante el común de los hombres. Luce diferente pues cuenta con una sobredosis de confianza cimentada en sus votos. Gracias a esta confianza nada en cualquier mar (desavenencia) sin ningún miedo y ayuda a salvar la vida de quienes no saben nadar. Les dice: “Debeis nadar como yo, mover las piernas y los brazos como yo…”. Pero para ellos es difícil. Ellos comprenden pero a veces tragan agua. El Bodhisattva sabe cómo hundirse en el agua para ayudar a los demás.  Él se sumerge y no tiene miedo. La muerte no lo asusta. Zazen es ese gran océano. Los Kai y el rakusú son el poder heredado de los Budas para vivir sin miedo. Cada zazen equivale a sumergirse en las profundidades de la vida y la muerte…sin miedo.

 

Texto 2419 – ZAZEN/MUERTE

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“Zazen es la experiencia de la muerte. Zazen consiste en entrar en el ataúd. Aquí y ahora, en zazen, es la muerte, el nirvana. Respiramos pero estamos muertos. Nuestro ego quiere vivir, después ir al cielo. Pero zazen es el abandono del ego, por lo tanto una forma de muerte”.

Mokudo Taisen Deshimaru

 

 

 

Texto 2418 – DE LO BUENO A LO MEJOR

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Si os apegáis a una sola cosa, no podéis ver nada más. Durante zazen nuestra conciencia se vuelve como un espejo. Nos hacemos uno con todo: sujeto y objeto desaparecen. Sois como un grano de arena que entra en contacto con toda la superficie de la tierra. Pero una mente que se detiene en una sola cosa, solo es esa única cosa. Ese es el peligro del pensamiento aferrado a las circunstancias. Zazen es ir más allá de las circunstancias, como ese grano de arena. El hombre de la Vía es mushin. Se hace sabio gracias a ese contacto con todo.  Puede tocar todo y comprender todo. Mushin es una visión muy amplia del mundo y de la naturaleza humana. Deshimaru dice que una sabiduría comprende todas las sabidurías. El hombre de la Vía se cultiva y se hace sabio solo siendo como un espejo. Zazen tiene un alcance ilimitado. Deshimaru agrega: Por eso la sabiduría que surge de mushin no tiene forma, ni es material. No tiene conciencia, ni Karma.

¿Por qué no tiene Karma? – Porque es una sabiduría que surge de la no discriminación. Es sabiduría “del momento, del instante”. La práctica de zazen conduce a ese estado. Lo que no se apega a lo circunstancial no genera Karma.

Sensei Paul Quintero / Monje Zen

Nota: La traducción mushin como no pensar, pensar sin pensar es muy limitada, nada clara. Mushin es la suspensión del estado analítico o discriminatorio que permite emerger otro tipo de estado mental. En sanscrito, tibetano, chino y japonés existen diferentes palabras para las diferentes funciones de la Mente; para nosotros no existe más que una: “pensar”. Mushin es “la ausencia de juicios emocionales basados en la atracción o la aversión”. Es decir, no hacer elecciones basadas en aceptaciones o rechazos emocionales. No dejarse llevar por pensamientos preconcebidos, juicios, esperanzas o miedos que pueden alejarnos de una respuesta adecuada durante cualquier tipo de actividad, tanto a nivel corporal como intelectual. Este estado está relacionado con la práctica de zazen o el entrenamiento serio en un arte marcial.

Texto 2417 – TU SEGUNDA NATURALEZA

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“Los pensamientos involuntarios, o dicho de otra forma, nuestros hábitos nos impiden obtener la maestría sobre nuestra Mente. De allí surge el dicho “lo que es habitual se convierte en natural”. Nuestros hábitos o costumbres llegan a ser una “segunda naturaleza” en nosotros y esa segunda naturaleza se convierte en nuestros reflejos .Estos reflejos son tan familiares que “llenan todo el espacio de nuestra mente”. A partir de ese momento estos hábitos motorizan a nuestro comportamiento”.

Maestro Jian Liao

COMENTARIO: ¿En qué te han convertido tus propias ideas? ¿Te das cuenta de que tus hábitos tienen un poder extraordinario sobre ti? A veces desvalorizamos el poder de nuestros pensamientos involuntarios desordenados, pero ellos terminan dominándonos. Esa segunda naturaleza que osamos crear con nuestros pensamientos desordenados solo puede traer desdicha, tribulaciones y poca capacidad para dirigir nuestra vida. Fumar, beber, trasnocharse, consumir drogas, comer demasiadas hamburguesas, usar palabras groseras, ofender a diestra y siniestra (por ejemplo) te “convierten en otra cosa”; en algo menos humano y menos racional. Un esclavo común sabe que es esclavo porque ve sus cadenas, pero los hábitos son invisibles. Las cadenas pueden cortarse, pero los hábitos nacidos de nuestro desorden interior deben erradicarse totalmente…esto implica que necesitamos un cultivo mental perseverante. Los pensamientos involuntarios son una fuerza muy poderosa cuyo poder desconocemos. Nuestra práctica consiste en crear pensamientos de valor. Piensa claro y vive bien; es sencillo.

 

Texto 2416 – HABLA EL MAESTRO BANKEI

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“No había rastro alguno de ilusión en la mente que vuestra madre os dio cuando os trajo a este mundo. No podéis culpar a vuestros padres por ser vosotros personas ignorantes incapaces de alcanzar la iluminación. Los iluminados y los ignorantes comparten la misma única substancia, no hay nada que los diferencie. Es como sacar agua de un río y echarla en recipientes de diferentes formas y tamaños. Cuando el clima se enfría, el agua se congela y se hace sólida. La forma que toma este agua, larga, pequeña, cuadrada o redonda varía de acuerdo con la forma de los recipientes en los que la pusisteis. Pero al final, todo es agua del mismo río. No sabéis que ya sois iluminados vivientes haciendo todo lo que hacéis. Creéis que podéis alcanzar la iluminación acumulando méritos y conocimientos o con prácticas religiosas, pero como eso es totalmente falso, vais por ahí dando patéticos tumbos, saliendo de una oscuridad para entrar en otra. En cuanto a mí, yo no predico enseñanza religiosa alguna. Yo sólo os señalo las falsas creencias que traéis con vosotros.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto 2415 – EL ESFUERZO JUSTO

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El Esfuerzo Justo, es uno de los propósitos de la óctuple senda que más se ha malinterpretado en Occidente, pues nosotros tenemos la idea de que el logro de un objetivo va en proporción con la magnitud del esfuerzo que se invierte en lograrlo, y también partimos de la creencia de que la mente debe ser disciplinada de muchas maneras para no perder el control de sí mismo, en busca de eficacia y salud mental. Pero en el Oriente existe una tendencia al “no hacer”, al no esforzarse más de lo necesario para lograr un estado de satisfacción vital; esta actitud nos parece una especie de “quietismo” que creemos parte de una cultura poco “manifestativa, como se dice actualmente, queriendo indicar una conducta en la que se desplaza el esfuerzo considerable hacia la consecución del éxito en aquello que uno se propone. El esfuerzo proporcionado del budismo es un “esfuerzo proporcionado”, lo que implica ser “acertado” o “atinado” (manifestativo) en cuanto a la cantidad de energía que se necesita realmente para lograr algo, pues si se despliega más de lo necesario, generalmente el efecto es contraproducente.

Las “sobrecargas de intención” pueden dar lugar a estados neuróticos en las personas aumentando la tensión y el conflicto interno en ellas. De manera tal que mientras las personas se esfuerzan más en lograr la salud mental, crece su patología, pues su energía se invierte “en el acto mismo de esforzarse”. En el Taoísmo, wei wu wei (hacer “no haciendo”) es idéntico al “esfuerzo justo”. En este sentido el budismo propicia un  compromiso relajado, flexible y lúdico con la vida, lo que conlleva el sentido del humor y la risa frecuente. Para el budismo, el tomarse a sí mismo demasiado en serio es un pecado, una desviación kármica, y una de las maneras de no avanzar por el camino de la superación espiritual.

Tomado de la obra “Buda” de Roberto Mares

 

COMENTARIO: El esfuerzo justo es un esfuerzo ajustado al momento, a las circunstancias, al equilibrio o desequilibrio interno que se vive, un “dejar ser” consciente. Demasiada perfección, o deseo de ser perfecto no se corresponde con el esfuerzo que se hace. Tensión y relajación, dosificación del esfuerzo y espera serena son todos importantes para el hombre de la Vía. Halar demasiado una cuerda, la rompe. Cocinar demasiado una pieza de barro, la parte. Nuestra vida como budista recurre al Esfuerzo Justo como una guía que señala que todo exceso perjudica a la Mente. Toda exageración del compromiso con el Dharma puede revertirse y desequilibrarte. Seguir al Buda tiene su ritmo. Encuentra ese ritmo y verás cómo la Mente sosegada toma cuerpo. Cuando en el medio del “dejar ser” uno comienza a desarrollar un sentido amplio de buen humor, de risas y de sano compartir estaremos más cerca del Dharma y de sus beneficios. Para los adictos a las extensas prácticas meditativas (por ejemplo), los malos resultados aparecen pronto. Para quienes saben dosificar, esperar, reír, relajarse, dejar pasar…los buenos resultados “ya” están con ellos.