Texto 2434 – SABIJA KARMA

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Por lo que respecta al pasado, ciertamente en nuestro inconsciente se almacena una gran cantidad de emociones de distinto género, sensaciones y vivencias; un conjunto un tanto desordenado y caótico que está ahí, latente, y que en un cierto momento puede surgir como reacción ante una circunstancias propicia e inducirnos a obrar de manera contraria a nuestra voluntad, o en todo caso no positiva. Este tipo de karma se llama “sabija karma” Para purificarnos de esta negatividad, provocada por fuerzas psíquicas no direccionales, poco claras, sepultadas en nuestro interior (pueden ser también frustraciones, traumas que podemos haber reprimido en algún momento y que creíamos haber olvidado), tenemos la posibilidad de practicar una antiquísima técnica yóguica mántrica: “hang-sah kriya”.

Stefanía Redini / Los Mantra – Los sonidos y las palabras que aumentan la energía vital. (1996)

COMENTARIO: El mantra: “Govindé, mukandé, udjaré, aparé; Harián, karián, nirnamé, akamé” es maravilloso para realizar esas limpiezas del subconsciente. Visiten y escuchen esta versión maravillosa: https://youtu.be/Bo-OLNeqeyc

NOTA: En la obra de Stefanía Redini: “Los Mantra – Los sonidos y las palabras que aumentan la energía vital” (1996 – Editorial De Vecchi) pueden encontrar mayor información sobre los ejercicios respiratorios de hang-sah kriya. Tiene muy buenas imágenes y explicaciones.

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Texto 2433 – ADHIDAIVIKA KARMA

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Se dice que Napoleón Bonaparte elegía sus generales, ayudantes y colaboradores preferentemente entre aquellos que eran tenidos, por “afortunados”. No porque Napoleón fuera supersticioso; si tenemos en cuenta su talento militar, poseía un conocimiento profundo, intuitivo, de la psicología del ser humano; seguramente, había comprendido que las personas “afortunadas” son fuentes de energía de su pensar positivo. Este es el sector del karma sobre el cual podemos influir, y posee un gran poder; debemos mentalizarnos de ello y asumir las riendas de nuestra existencia. En el fondo, el concepto hindú de karma es muy similar al occidental, el concepto de “poder ser dueños de nosotros mismos”.

En la película Lawrence de Arabia, por poner otro ejemplo, el protagonista – que acababa de atravesar el desierto con un puñado de árabes con objeto de conquistar la ciudad de Aqaba (una travesía que había durado varios días) – se da cuenta de que uno de sus hombres se había quedado en el desierto al haberse caído del camello que montaba. Retrocede y decide ir en su busca, y el general árabe que lo acompañaba le dice: “Es inútil: es su destino, estaba escrito que debía morir”. Lawrence lo mira y no dice nada. Vuelve atrás, afronta nuevamente aquella prueba y encuentra al hombre todavía con vida. Lo lleva consigo y cuando se reintegra al grupo, agotado, aniquilado, antes de desplomarse, replica a su amigo general: “No hay nada escrito¨. Esta es la actitud que solemos encontrar en la ciencia y disciplina del yoga. Se puede incidir en algunos aspectos de nuestra existencia.

Por otro lado hay otro aspecto del karma sobre el cual no poseemos dominio alguno, o por lo menos ahora, en este preciso instante, y es precisamente el karma relativo al nacimiento, entendido no solo como una condición o situación ambiental, sino sobre todo como herencia genética. Este destino recibe el nombre de “adhidaivika”. Daivika significa el plano de existencia de los Deva, que son los dioses hinduistas o los ángeles, demonios, etcétera que  son en realidad las poderosas fuerzas psíquicas que gobiernan la mente humana, el sistema nervioso e, incluso, la mayor parte de las glándulas de nuestro cuerpo. Sobre este “karma adquirido” es muy difícil poder intervenir. Hay ciertos mantras que pueden atenuar o neutralizar ciertos “efectos negativos” de este karma, pero se refieren sobre todo a un aspecto astrológico. O bien a la posición que podían tener los planetas y el firmamento en el momento de nacer.

Teniendo en cuenta todo ello, podemos considerar que, por lo que se refiere a nuestro pasado, lo que está hecho está hecho, debemos asumirlo y asumir que, a partir de ese momento, podemos modificar nuestro destino tomando en consideración todo lo dicho hasta ahora y teniendo en cuenta que el mañana es el resultado de sumar el ayer más el ahora.

Stefanía Redini / Los Mantra – Los sonidos y las palabras que aumentan la energía vital. (1996)

COMENTARIO: Una forma muy interesante y poderosa para atenuar nuestro karma genético es la práctica de ciertas ceremonias para nuestros padres o ancestros. La debida concientización del proceso humano que nos dio la vida, y  del cual somos depositarios kármicamente, despierta en algunas personas el deseo de honrar mental, emocional y físicamente (con la ayuda de cantos, plegarias, velas, incienso, flores, alimentos) a sus predecesores, que son la raíz de su presente. Este grado de conciencia puede ser ampliado por alguna persona de nivel espiritual que pueda ayudarnos a comunicarnos con esa esencia de vida kármica para “mejorar nuestras relaciones” con nuestros ancestros. La astrología puede auxiliarnos para ayudarnos a ampliar el panorama kármico de nuestra vida tomando como base el estudio de las circunstancias del día de nuestro nacimiento. El estudio de nuestra carta astral  puede ayudarnos a mirar la vida desde la óptica del karma astrológico. Les recomiendo ampliamente consultar a la astróloga Rubí Uzcátegui (rubisakisho@gmail.com) cuya comprensión del karma como budista practicante podrá ayudar a muchos en este sentido.

Texto 2432– ADHYATMIKA KARMA

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Karma es, probablemente, una de las palabras hindúes que mayor presencia se ha ganado en nuestro vocabulario cotidiano. En Occidente, el termino karma es de uso común, aunque posee unas connotaciones que no se corresponden fielmente con su verdadero significado. A menudo, utilizando la palabra karma queremos referirnos a una especie de destino ineluctable del que no podríamos escapar y al que deberíamos someternos con resignación. Ahora bien, este concepto se ajusta mejor al término expresado por la palabra árabe “kismeth, cuyo significado es precisamente “fato”, esto es, aquello que determina el curso de nuestras vidas y de lo que no podemos tener dominio alguno. El karma es más bien “la acción”; así, la ley del karma implica el “deber de asumir todo lo que hacemos”. Más exactamente, debemos tener en cuenta no solo las acciones materiales, sino también los pensamientos y palabras.

Estos tres componentes (acciones materiales, pensamientos y palabras) tienen la misma importancia en nuestro karma. Debemos ser conscientes del hecho de que cada pensamiento, cada palabra, cada acción que provocamos, no caen en saco roto, sino que quedan insertas en el tejido o red energética de la que formamos parte, generando un efecto con sus vibraciones.

El resultado de este efecto se hace visible a lo largo del tiempo: que se manifieste antes o después, dependerá del eco que ese pensamiento, acción o palabra haya tenido en nuestra mente. Es esencial considerar que un pensamiento tiene la misma solidez que una piedra, puesto que se proyecta en el mundo de la energía, el cual es – no lo olvidemos- el sustrato sobre el que se basa todo nuestro mundo perceptible.

Dado que no solemos prestar la atención que merece a este aspecto de nuestra existencia, por otro lado fundamental, vivimos ignorando esta realidad tan evidente.

El karma producido por nuestros pensamientos y acciones se llama “adhyatmika karma”, y consiste exactamente en el conjunto de efectos, y por lo tanto de reacciones, problemas y dificultades que derivan de nuestros deseos, y en consecuencia de nuestras acciones, palabras y pensamientos. Hay un viejo dicho hindú que, traducido reza más o menos así:

“Siembra un pensamiento, cosecha una acción. Siembra una acción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter. Siembra un carácter, cosecha un destino”.

Este dicho hace referencia seguramente a la importancia del sembrar nosotros mismos pensamientos positivos; ¿acaso no son dichos muy comunes “Dios ayuda a quien se ayuda a sí mismo” o “A mal tiempo, buena cara”? estos dichos albergan una verdad esencial. El dejarse ir, en un sentido fatídico o pesimista, no puede producir nada bueno.

Stefanía Redini / Los Mantra – Los sonidos y las palabras que aumentan la energía vital. (1996)

 

 

Texto 2431 – LA MALARIA Y MI DESPERTAR

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Padecí de malaria durante un año en Tailandia. Antes de padecerla era un meditador muy diligente. Me encantaba “sentarme” a meditar. Le puse el corazón a la práctica pues tenía la ambición de llegar a algún lado gracias a ella. Pensaba mucho en que estaba logrando algo y que mi mente se convertía en una mente concentrada. Y, de pronto, aparece la malaria. La malaria es algo que te saca de tus casillas, no tienes energía para nada. Y casi no puedes comer. En ese entonces vivía en una parte de Tailandia donde la comida era rudimentaria. Casi no podía comer aun habiendo mejorado mi condición al cabo de unos meses. Las fiebres siempre estaban presentes. Nada tenía un sabor delicioso.

Durante ese año, nuestro maestro Ajahn Chah, vino a visitar el monasterio donde yo estaba. Yo me estaba quejando continuamente diciendo que ya no podía practicar más. Yo mismo pensaba que mi práctica se había arruinado y que la culpa la tenía la malaria. El maestro escuchó mis quejas y me dijo: “Ahora tu práctica es la malaria”. En realidad esto me sorprendió pues nunca lo había visto de esta manera. Siempre había pensado que la práctica era estar saludable y poder meditar en esas condiciones. Pensaba que debía practicar cuando uno está lleno de vigor y se siente bien. Su observación me hizo descubrir que uno nunca se va sentir  bien en todo momento.

Entonces comencé a contemplar y a reflexionar sobre la malaria, y mi aversión y mi resistencia a ella desaparecieron. La malaria, las fiebres, mi incomodidad no eran el verdadero sufrimiento. El sufrimiento real era mi misma aversión, mi miedo a la enfermedad y mi rabia contra ella. Realmente podía soportar la debilidad, la fiebre y el malestar, pero lo que no podía soportar era el miedo, el rechazo, el pánico y el resentimiento que yo mismo había creado.

Ajahn Sumedho / Tomado de una charla que dictó en Australia en marzo de 1987.

COMENTARIO: La enfermedad es una cosa, lo que creamos mental y emocionalmente a su alrededor es otra cosa. Un buen maestro es muy oportuno para ayudarnos a descubrir esta gran diferencia. Desde muellezen envío mis respetos a Ajahn Sumedho y a su maestro Ajahn Chah, donde quiera que estén.

NOTA: La imagen es del maestro Ajahn Chah.

Texto 2430 – ¿ALIMENTANDO ILUSIONES?

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Muchas veces cuando recorremos la Vía de Buda creemos que hemos superado al ego bien sea porque ya no nos vemos como un “yo” o porque ponemos a los demás por delante de nosotros. Sin embargo, eso no es suficiente si aún queremos estar de primeros en la foto, o nos ofrecemos para ayudar en cualquier evento o situación antes que los demás lo hagan para ser el primero (competir), o cuando realizamos algún acto compasivo en público para que todos nos vean. Cuando esperamos reconocimiento por nuestras acciones es nuestro ego quién se está alimentando. Sutilmente nos hace creer que no es malo si todos se enteran de que soy budista, religioso y buena gente. Esto nos hace sentir plenos, amados y entonces caemos de nuevo en la trampa del ego sin darnos cuenta de ello.

No estoy seguro de si el ego existe o no – al menos tal como lo conocemos y como nos lo han enseñado en nuestro proceso educativo – lo que sí estoy seguro es que es una ilusión, una construcción de nuestra mente, y de ser así el reto es dejar de alimentarlo. No se puede alimentar lo ilusorio, lo que no existe. Entender que no necesitamos reconocimiento alguno de parte de nadie y ni siquiera de nosotros mismos es un avance en la construcción de un ser sin méritos. En el Zen debemos actuar como personas invisibles.  Ayudar a otros sin exhibirnos debe ser lo que impulse nuestras acciones. Este  es el verdadero camino a recorrer.

“Un Buda visible lo ve uno mismo (está en nuestra mente); un Buda invisible lo reconoce todo el mundo”.

Bodhisattva Hugo Ballesteros / Linaje de Taisen Deshimaru

COMENTARIO: El sensei Yves Carouget (fundador del Zen en Venezuela – 1973) en muchas oportunidades nos decía que hiciéramos las cosas más importantes como budistas “cuando nadie nos estuviera mirando”. Este texto expresa justamente este espíritu: el espíritu del hombre invisible.

 

Texto 2429 – EL ALCANCE DE LOS CINCO PRECEPTOS

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Abstenerse de matar es mostrar respeto por las vidas de los demás; si no irrespetamos los derechos de los demás, todos podemos disfrutar la libertad de la vida.

Abstenernos de robar es no infringir los derechos de propiedad de los demás; entonces puede existir la libertad de la abundancia.

Abstenernos de una conducta sexual inapropiada es mostrar respeto por el cuerpo y honrar la integridad de los demás, permitiéndoles a todos el disfrute de la libertad del cuerpo y la dignidad.

Abstenernos de mentir y practicar un lenguaje falso es evitar perjudicar la reputación de otro y de esta forma, el nombre de nadie es ofendido.

Abstenernos de consumir sustancias intoxicantes y estimulantes es evitar hacernos daño físico o mental a nosotros mismos, y por ende, esto evita hacer daño a los demás también.

Si una persona puede respetar los Cinco Preceptos entonces el carácter y la moralidad de esa persona están bien asentados. SI una familia puede respetar los Cinco Preceptos, el carácter y la moralidad de los miembros de esa familia estarán ciertamente perfectamente establecidos. Si una organización, sociedad, o nación puede respetar los Cinco Preceptos, entonces esa nación ciertamente será una caracterizada por la estabilidad, la paz y la prosperidad.

 

Venerable Maestro Hsing Yun / Humanistic Buddhism

 

COMENTARIO: Aunque no podemos ver el alcance de nuestras buenas acciones y pensamientos, podemos estar seguros que podemos soltarlos en cualquier parte y nunca harán daño a nadie. Nuestra práctica en el Budismo se centra en estos cinco preceptos…y aunque de primera vista no parecen ser gran cosa, el universo entero honra a un hombre que sabe seguirlos. De esto no tengáis jamás ninguna duda. Si dudáis es porque no tenéis fe en lo que hacéis.

 

 

Texto 2428 – CONVERSAR CON LAS ESTRELLAS

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El hombre que no incluye a los astros en su dieta mental y espiritual diaria, es como quien va al cine y no come popcorn. Nuestra vida y los astros caminan de la mano. Los astros son y serán los acompañantes eternos de la humanidad. Su influencia omnipresente en nuestro quehacer diario y la progresiva comprensión que pueden aportarnos son también nuestros acompañantes eternos. Un hombre sin consciencia de los astros es como un monje que no medita. Cuando un monje medita, éste toma consciencia de su microcosmos de pensamientos y así logra conocerlos profundamente y liberarse de los de naturaleza esclavizante (positivos y negativos por igual) alcanzando la paz interior, gracias a sus acciones claras.

Todos llevamos una réplica del cosmos en nuestra cabeza. Conocer tu mapa natal astrológico puede marcar una gran diferencia entre una vida de sufrimiento y una de comprensión y plenitud. Cuando meditamos (sin saberlo) aprendemos a mantener una “conversación amable” con los astros hasta que nos liberamos amigablemente de su influencia. De esto resulta (sin saberlo) una vida más responsable y más centrada.

Como diría el renombrado astrólogo Stephen Arroyo, si bien no podemos escapar de nuestras tendencias inconscientes, podemos trabajar conforme a ellas. De esta manera aprenderemos las lecciones que la vida ha de enseñarnos en lugar de maldecir a nuestro destino.

Rubí Uzcátegui – Astróloga / Blog: www.sakisho.wordpress.com / rubisakisho@gmail.com