Texto 2431 – LA MALARIA Y MI DESPERTAR

ajahan si

Padecí de malaria durante un año en Tailandia. Antes de padecerla era un meditador muy diligente. Me encantaba “sentarme” a meditar. Le puse el corazón a la práctica pues tenía la ambición de llegar a algún lado gracias a ella. Pensaba mucho en que estaba logrando algo y que mi mente se convertía en una mente concentrada. Y, de pronto, aparece la malaria. La malaria es algo que te saca de tus casillas, no tienes energía para nada. Y casi no puedes comer. En ese entonces vivía en una parte de Tailandia donde la comida era rudimentaria. Casi no podía comer aun habiendo mejorado mi condición al cabo de unos meses. Las fiebres siempre estaban presentes. Nada tenía un sabor delicioso.

Durante ese año, nuestro maestro Ajahn Chah, vino a visitar el monasterio donde yo estaba. Yo me estaba quejando continuamente diciendo que ya no podía practicar más. Yo mismo pensaba que mi práctica se había arruinado y que la culpa la tenía la malaria. El maestro escuchó mis quejas y me dijo: “Ahora tu práctica es la malaria”. En realidad esto me sorprendió pues nunca lo había visto de esta manera. Siempre había pensado que la práctica era estar saludable y poder meditar en esas condiciones. Pensaba que debía practicar cuando uno está lleno de vigor y se siente bien. Su observación me hizo descubrir que uno nunca se va sentir  bien en todo momento.

Entonces comencé a contemplar y a reflexionar sobre la malaria, y mi aversión y mi resistencia a ella desaparecieron. La malaria, las fiebres, mi incomodidad no eran el verdadero sufrimiento. El sufrimiento real era mi misma aversión, mi miedo a la enfermedad y mi rabia contra ella. Realmente podía soportar la debilidad, la fiebre y el malestar, pero lo que no podía soportar era el miedo, el rechazo, el pánico y el resentimiento que yo mismo había creado.

Ajahn Sumedho / Tomado de una charla que dictó en Australia en marzo de 1987.

COMENTARIO: La enfermedad es una cosa, lo que creamos mental y emocionalmente a su alrededor es otra cosa. Un buen maestro es muy oportuno para ayudarnos a descubrir esta gran diferencia. Desde muellezen envío mis respetos a Ajahn Sumedho y a su maestro Ajahn Chah, donde quiera que estén.

NOTA: La imagen es del maestro Ajahn Chah.

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