Texto 2432– ADHYATMIKA KARMA

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Karma es, probablemente, una de las palabras hindúes que mayor presencia se ha ganado en nuestro vocabulario cotidiano. En Occidente, el termino karma es de uso común, aunque posee unas connotaciones que no se corresponden fielmente con su verdadero significado. A menudo, utilizando la palabra karma queremos referirnos a una especie de destino ineluctable del que no podríamos escapar y al que deberíamos someternos con resignación. Ahora bien, este concepto se ajusta mejor al término expresado por la palabra árabe “kismeth, cuyo significado es precisamente “fato”, esto es, aquello que determina el curso de nuestras vidas y de lo que no podemos tener dominio alguno. El karma es más bien “la acción”; así, la ley del karma implica el “deber de asumir todo lo que hacemos”. Más exactamente, debemos tener en cuenta no solo las acciones materiales, sino también los pensamientos y palabras.

Estos tres componentes (acciones materiales, pensamientos y palabras) tienen la misma importancia en nuestro karma. Debemos ser conscientes del hecho de que cada pensamiento, cada palabra, cada acción que provocamos, no caen en saco roto, sino que quedan insertas en el tejido o red energética de la que formamos parte, generando un efecto con sus vibraciones.

El resultado de este efecto se hace visible a lo largo del tiempo: que se manifieste antes o después, dependerá del eco que ese pensamiento, acción o palabra haya tenido en nuestra mente. Es esencial considerar que un pensamiento tiene la misma solidez que una piedra, puesto que se proyecta en el mundo de la energía, el cual es – no lo olvidemos- el sustrato sobre el que se basa todo nuestro mundo perceptible.

Dado que no solemos prestar la atención que merece a este aspecto de nuestra existencia, por otro lado fundamental, vivimos ignorando esta realidad tan evidente.

El karma producido por nuestros pensamientos y acciones se llama “adhyatmika karma”, y consiste exactamente en el conjunto de efectos, y por lo tanto de reacciones, problemas y dificultades que derivan de nuestros deseos, y en consecuencia de nuestras acciones, palabras y pensamientos. Hay un viejo dicho hindú que, traducido reza más o menos así:

“Siembra un pensamiento, cosecha una acción. Siembra una acción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter. Siembra un carácter, cosecha un destino”.

Este dicho hace referencia seguramente a la importancia del sembrar nosotros mismos pensamientos positivos; ¿acaso no son dichos muy comunes “Dios ayuda a quien se ayuda a sí mismo” o “A mal tiempo, buena cara”? estos dichos albergan una verdad esencial. El dejarse ir, en un sentido fatídico o pesimista, no puede producir nada bueno.

Stefanía Redini / Los Mantra – Los sonidos y las palabras que aumentan la energía vital. (1996)

 

 

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