Texto 2464 – THIS IS IT

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El camino del estar consciente nos permite vivir el momento presente dándonos cuenta de que estar preocupados por lo que podría pasar en el futuro o el estar amarrados mentalmente al pasado son las causas de muchísimos de los problemas que confrontamos en nuestra mente y vida a diario.

Cuando intentamos meditar sin tener ese grado de consciencia de nosotros mismos y del momento, ejercemos una fuerza excesiva tratando de alcanzar o de crear una experiencia relevante (que resultará muy difícil de alcanzar) en nuestras vidas.

En vez de distraernos de la vida y de los hechos a nuestro rededor, debemos concentrarnos en ellos, aumentando nuestro grado de consciencia para vivir con mayor satisfacción el instante presente.

De esta forma debemos concentramos en cada una de nuestras experiencias.

Meditar puede ayudarnos en esto si logramos adaptarnos a cada momento plenamente.

Si, por el contrario, llegamos a creer que debemos forzar nuestra meditación para lograr nuestros objetivos o alcanzar la felicidad, esto puede conducirnos a la frustración y a una tensión extra impidiéndonos alcanzar los resultados beneficiosos de la misma. Nada, de hecho, debido a esta sobre-exageración de la actividad meditativa, llegará a nosotros fluidamente.

El estar conscientes nos permite interesarnos en vivir este momento plenamente, y luego el próximo, y el que sigue.

Estar abiertos a lo que está aconteciendo dentro de nuestro mundo interior y fuera de él, nos ayudará a apreciar todo en nuestra vida.

Lo que está ocurriendo en este momento, es lo que es.

Ya estamos donde deseamos estar, está tan cerca.

Solo podemos errar esta vivencia productiva si vivimos a toda prisa, o si la buscamos al pie del arcoíris tratando torpemente de que esta suceda por arte de magia.

Estando presentes podemos ir más profundamente a nuestro mundo de todos los días (evitando las fantasías) y conseguir paz y agrado con lo que somos y con el dónde estamos.

Darnos cuenta de que lo que buscamos está bajo nuestras narices aportará una mayor riqueza a nuestras vidas.

Adam Dacey

 

COMENTARIO: No se puede meditar sin estar presente en tu propia vida. No se puede meditar sin consciencia de uno mismo. Meditar, estando ausente, no te aporta ningún beneficio. Hay quienes creen estar meditando y, al levantarse, inmediatamente se regodean con lo material, con lo vulgar, lo denso expresándolo mediante sus palabras, gestos y acciones ordinarias. Como dije, inmediatamente. Terminar de meditar y comenzar a quejarse de problemas, hablar de política, crímenes, pobreza…no es sinónimo de “haber estado en un estado de consciencia plena. Quienes así “meditan”, no meditan. Si pudiéramos, como dice Dacey, estar en este momento, y en el que sigue y en el próximo “conscientemente” no solo los disfrutaríamos y nos disfrutaríamos más, sino que estaríamos dónde deseamos estar.  Como se indicaría el Zen: sin deseos de buscar nada más. Esto se traduce en “plenitud.

Nota: El número de horas de meditación déjenselo a los taxímetros. Escapen de esa estupidez, por favor.

 

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Texto 2463 – LA IRA EN CRECIENTE

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Cuando no reconoces tu agresividad, ésta vendrá de afuera para que la conozcas. Esta frase no pretende sentenciarte, maldecirte, hechizarte o programarte negativamente. Solo trata de advertirte de lo que tú mismo crearás inconscientemente si no admites tu propia ira. Una vez que te encuentres en medio de la violencia, te preguntarás de donde viene tanta agresividad porque no te has ido dando cuenta de que tú mismo la creaste.

El maestro zen Jian Liao dice que cuando no somos conscientes de nuestros pensamientos habituales, entonces, sin darnos cuenta, creamos circunstancias que representarán esos pensamientos. Por ejemplo, cuando en una familia ninguno de sus integrantes ha reconocido la ira que sienten entre sí, entonces inconscientemente crearán situaciones cargadas de agresividad como las discusiones o las golpizas. Esto es una gran verdad. La ira es una energía “creada en casa“.

Seguramente en algún momento de nuestras vidas, alguien nos hizo sentir indignados, pero no fuimos capaces de reconocer nuestra ira en ese instante, y ésta quedó guardada en nuestro inconsciente. Seguramente no pudimos reconocerla gracias a nuestros valores y creencias, pues fuimos educados para “portarnos bien” y para “no expresar nuestras rabias“. Este silencio impuesto es responsable de millones de tragedias en la historia de la humanidad. El dolor proveniente de este silencio se podría comparar con el que las guerras imprimieron en todo el mundo. Después de todo, las guerras y las rabietas surgen de la ira. Los soldados pelean con odio pues nunca desearon ir a la guerra a combatir. En la casa ocurre lo mismo pues te llevan a la desesperación al criticarte y juzgarte y, al mismo tiempo, se te prohiben las rabietas. Esto genera más ira y mayor frustración. La rabia es nuestro peor enemigo pues “habita en nuestro interior”. Hay quienes se preguntarán ¿pero por qué algunos niños tienen rabietas desde muy pequeños si nadie los ha ofendido? La respuesta es muy simple: ¡han heredado la ira de sus ancestros!

Ahora bien, existen diferentes “destinos” para quienes no han admitido su propia agresividad, dependiendo del karma que hayan heredado. Estos destinos pueden ir desde los golpes físicos, dolores de cabeza, quemaduras, inflamaciones, enfermedades del hígado e infartos, hasta las discusiones, golpizas, accidentes, robos, hurtos y asesinatos.

La intención de este texto no es asustarte si no has reconocido tu propia agresividad. Tampoco pretende que te obsesiones por reconocerla. La idea es que practiques la “atención y la relajación” para que puedas reconocerla, calmarla y soltarla cuando la experimentes.

¿Cómo puedes saber si estás disfrazando o negando tu ira? En primer lugar, observa tu propio cuerpo: si tienes alguna enfermedad dolorosa o aguda con frecuencia. En segundo lugar, observa tu propio ánimo: si te sientes triste, frustrado, desmotivado, desorientado, incapaz, desconfiado o débil. En tercer lugar, observa el comportamiento de quienes te rodean. Por último, reflexiona sobre el tipo de situaciones en las que te has visto involucrado a lo largo de tu vida. Presta atención para ver si hay patrones emocionales negativos relacionados con la ira que se repiten.

¿Y qué puedo hacer con mi ira una vez que la reconozca? La puedes soltar, pues ya no te sirve para nada. El Buda nos enseña que ya tú no eres el mismo que vivió aquel momento en el que sentiste ira, ni la otra persona que te indignó es la misma tampoco.  La liberación es un proceso que evita que te desgastes. Si vives el “momento presente” con atención, te irás liberando de todos los resquemores que te mantienen preso y esto es sanación para ti y los demás. Liberarte es una colaboración para el bien del mundo.

Rubí Saki Shõ / Bodhisttava – Astróloga

Texto 2462 – ¿LA VIDA ES SUFRIMIENTO?

 

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Esta frase trillada puesta en boca del Señor Buda no es lo que él enseñó. A mi parecer, como hijo de Buda, que trata de asir su enseñanza, me atrevo a decir que él nombró el sufrimiento “evocando” la felicidad como fuente original de la vida del hombre. El hombre, a mi parecer, es siempre feliz. Parto de la idea de que “no hay ideas” en la mente cuando se nace. Se nace feliz (en armonía con la vida universal) y punto. Pero…el hombre alrededor del neonato (creador de sus mundos ilusorios individuales) comienza desde temprano a hostigar al “recién feliz” y lo atiborra con sus ideas y paradigmas generalmente atiborrados también de fracaso y desilusión. En este momento comienza a gestarse el sufrimiento en el nuevo ser inmaculado y feliz. El sufrimiento es una energía transmitida por quienes nos precedieron. ¿Y cómo es que ellos conocen ese sufrimiento?Porque les da la gana. Es sencillo: nunca cultivaron su felicidad, nunca se ocuparon de preservarla, sino que se dedicaron a crear mundos ilusorios paralelos dentro de sus cabezas. Y, vierten lo que para ellos es su verdad (nacida de un desajuste y enfrentamiento ignorante y egoísta con la realidad universal) en las mentes de los recién llegados.

Quienes sufren lo hacen por ignorancia: la ignorancia de no saberse felices. Traemos toda la felicidad con la vida. Sufrimos al dejarnos inyectar de ideas ignorantes y apreciaciones erradas ajenas. Ningún verdadero maestro puede sacarte de tu sufrimiento. Si te lo promete solo es un farsante, y si lo sigue, sufrirás aún más. La liberación propuesta por el Buda es simplemente el reencuentro con tu energía original de felicidad a la que no le falta nada.

Cuando nos sentamos en zazen, podemos comprender esto directamente. Cuando contribuimos con nuestra felicidad, ayudamos a todos los seres a “mantenerse felices”. Este voto es la base de la felicidad para todos.

Mi maestro, Taisen Deshimaru dice: El Karma (nuestra felicidad) puede ser origen de libertad total, en el caso de que se está en armonía con la corriente del orden cósmico. Este poder cósmico no existe solamente fuera de nosotros, sino que es inherente a cada una de nuestras células. Así, podemos controlar y gobernar el poder que nos habita. Podemos trascender sin cesar los limites en movimiento que caracterizan los rasgos secundarios (ignorancia, sufrimiento) de nuestra personalidad. Espero poder contribuir gracias a esta enseñanza con su felicidad y la de los suyos. Gassho.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

 

Texto 2461 – ¿SESSHIN PARA ENCONTRAR AL BUDA?

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¿Cómo es que en muchas organizaciones budistas  invitan al público general o a jóvenes devotos del budismo a encuentros (retiros) para “enseñarles a conocer el espíritu del Buda”? ¿No es esto una falsedad? Muchas veces (no siempre) el dinero que se espera recolectar en estos encuentros espirituales fortalece la aparición de monstruos y monstruosidades de los cuales el mismo Señor Buda, los maestros verdaderos y los patriarcas nos advirtieron hace largo rato.

Os lo digo: no hay Buda, no hay Ley, no hay prácticas que cultivar ni frutos que probar. ¿Qué queréis, pues, buscando junto con los demás? ¡Ciegos que os ponéis una cabeza sobre la cabeza! ¿Qué os falta? ¡Sois vosotros quienes en nada os diferencias del Buda y los patriarcas!”– Maestro Rinzai

Sensei Paul Quintero / Monje zen

Texto 2460 – LA MENTE ORDINARIA EN EL ZEN

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Hay lectores del blog que se sorprenden por el uso del término “mente ordinaria”. Realmente la mente ordinaria no es un término peyorativo. “Mente ordinaria” quiere decir la mente común que se comporta de acuerdo a los acuerdos y hábitos mentales y sociales heredados. Es una mente sin cultivo. Una mente ordinaria carece (por dejadez) del grado de consciencia necesario para alcanzar su liberación. Es una mente que se deja llevar por su Karma y que no busca la manera de superarse. Algunos lectores asocian el término con la idea de alguien que tiene poca cultura o que pertenece a estratos sociales bajos. ¡Nada que ver!

El maestro Rinzai dice que el hombre de “mente ordinaria”  no tiene una opinión justa ni sabe discernir el Buda de Mara (Maya). Esto no es un insulto, él habla de una condición, de una habilidad. El hombre de la Vía fortalece su mente con voluntad propia para estar consciente y presente en la realidad inmediata y a esto llamamos mente “extraordinaria” o “Mente Clara”. No os dejéis confundir por las palabras. A veces éstas juegan dentro de las mentes y ocasionan opiniones y apreciaciones fuera de orden. El Zen nos pone en guardia contra estas confusiones. Después de todo, sin mente ordinaria no hay Mente Clara.

Paul Quintero (Monje zen) y Rubí Uzcátegui (Bodhisattva)

Texto 2459 – ZEN RINZAI

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“Os lo digo: no hay Buda, no hay Ley, no hay prácticas que cultivar ni frutos que probar. ¿Qué queréis, pues, buscando junto con los demás? ¡Ciegos que os ponéis una cabeza sobre la cabeza! ¿Qué os falta? ¡Sois vosotros quienes en nada os diferencias del Buda y los patriarcas! Pero no tenéis confianza y buscáis por fuera. No os engañéis: no hay Ley afuera y tampoco la hay que pueda ser obtenida en el interior de vosotros mismos. Antes de apegaros a mis palabras, más vale aquietaros y permanecer sin apegos (sin quehacer). Lo que se ha producido, no lo dejéis continuar; y lo que aún no se ha producido, no dejéis que se produzca. Esto valdría más para vosotros que diez años de peregrinaciones”.

Maestro Chan chino Lin-Tsi (Rinzai)

 

COMENTARIO: El hombre confundido se busca en la parte trasera del espejo; y cuando se mira en el lado correcto no ve sino a un extraño. Qué extraño, ¿no? Tantos siglos de budismo y tantos discípulos “buscando” lo que nunca se perdió. Es como un grupo de ciegos que conversan con otros para tratar de imaginar el mundo que les rodea. Rinzai no era un maestro de palabras poéticas que pretendían hacer alucinar a sus discípulos; era un hombre con una visión singular de la naturaleza de Buda inherente al ser humano y por ello su lenguaje directo, crudo y esclarecedor. No todos los discípulos comprendieron al maestro pues sus fantasías mentales eran mucho más poderosas. Pero, lo intentó. Las personas “alucinadas” no son buenos prospectos para penetrar el espíritu de la Vía. En otras palabras, deja la paja mental y las tribulaciones del peregrino a un lado para poder comprender profundamente y claramente la Vía del Buda y los patriarcas. Sin misterios, sin complicaciones. ¿Más claro?

Nota: Lin-Tsi es el nombre chino del maestro. Y el nombre Rinzai es el nombre japonés del mismo maestro. Muchos maestros tenían dos nombres de acuerdo al país donde se les mencionara.