Texto 2476 – MÁS ALLÁ DE UN MÉTODO

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Alan Watts nos dice que tan pronto alguien pregunta cuál es la técnica para lograr tal cosa y la gente responde que tal forma es la técnica para hacerlo, la cosa verdadera se pierde. ¿Qué quiere decir esto? – Pues que al igual que en la educación y en la música uno no puede seguir un método para alcanzar objetivos específicos como para graduar en cada promoción, en un conservatorio, como mínimo un músico de la altura de Bach o de Mozart.  ¿Por qué? – Pues porque no existe una formula específica para lograr repetir un hecho sin condenar al mismo método o proceso a una absurda repetición de pasos que sin duda alguna no arrojará la esencia de la cosa verdadera; es decir, que se habrá perdido la frescura, lo original y el encanto propio de un primer logro o evento alcanzado. Aún si uno le preguntara a Dios como Él crea el universo, de seguro que el mismo Dios respondería: “No tengo un método especial para hacerlo”.

Cuando el maestro zen Rinzai criticaba la postura inmóvil y silente, que era una copia burda de la empleada por el mismo Buda para alcanzar el despertar, él no criticaba el zazen en sí mismo. Rinzai criticaba el método que pretendía producir Budas basado en la simple enseñanza y repetición de una postura inmóvil y de una respiración específica.

Razón de más tenía el maestro Taisen Deshimaru cuando le presentó el Zen a Europa en insistir en la actitud del espíritu y la creatividad (aspectos estos que no tienen copia posible) pues eran estas dos características las que le darían el vigor necesario y la frescura al Zen. Deshimaru decía que el Zen no era indio, ni europeo, ni japonés, ni chino expresando la universalidad del mismo evitando encasillarlo. Esto le permitió avanzar por encima de los supuestos métodos de otros maestros que habían – con sus ideas intelectuales, arcaicas y repetitivas – enterrado de facto el espíritu original del Zen en occidente. Gracias a su irreverencia para con los métodos tradicionales sus discípulos conocieron un Zen original, de primera extracción.

Si el zazen produjera Budas, este sería un método perfecto para llenar el planeta de Budas. Pero, no es así. “La repetición puede simplemente no alcanzar la cosa verdadera”, nos dice Alan Watts.

Watts añade el ejemplo de que cuando se intentó popularizar la forma poética llamada Haiku a través de competencias internacionales promovidas por Japan Airlines y otros patrocinantes en el propio Japón,  el resultado fue que estos Haikus resultaron ser tan forzados y tan faltos de la cosa verdadera (la verdadera esencia y espíritu) que – según sus propias palabras – uno no hubiese querido jamás haber escuchado hablar sobre el Haiku.

El Zen, tal como debería ser apreciado, no depende de un método. El Zen es cosa viva, no repetible. Su esencia real no puede aprenderse a través de un método escolástico. Su esencia real es no repetible. Uno no aprende el Zen gracias a un método ni debe imitar a los maestros. Esto es simplemente absurdo. Si el Zen carece de frescura, no es Zen. Cuando se practica el zazen, se necesita de un instructor o maestro con mentalidad fresca y enérgica que te ayude – descartando métodos y lineamientos ortodoxos – a atrapar su esencia. Ya lo sabes, no hay método. Solo hay práctica fresca e irrepetible. La forma (postura) puede parecer igual a la de los demás practicantes, pero es absolutamente necesario ir más allá de una postura y “atrapar el espíritu” del Zen verdadero…la cosa real.

Sensei Paul Quintero / Alan Watts

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