Texto 2489 – NOTAS SOBRE EL EGO

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Si nadie le hubiese presentado la idea del ‘ego’ a la humanidad, estaríamos mucho mejor. Como dice Ming Dao, quien eres está bien’. Un tuit dice que los lunes son un invento del diablo; yo agregaría que ‘el ego’ también lo es. ¿Qué, sinceramente es el ego? La gente ‘humaniza‘ la palabra ego y se va dando tumbos toda la vida debido a su especulación incierta sobre el supuesto ego. ¡Qué rollo! Cuando logres aquietarte, ser consciente de tus acciones, quererte y no juzgarte, el ‘ego‘ del que hablan los psicólogos también habrá cambiado. Es un juego interesante y hay que saberlo jugar. Buscar conocer lo que está cambiando incesantemente (el fulano ego) es una pérdida total de tiempo.

Las personas se acostumbran a esta farsa: el problema es tu ego, mata tu ego, abandona tu ego. Para mí, el ego (como aquel extraño que te golpea y somete) es una invención psicológica que surgió para culpar a otro de mis problemas; un ‘escape oportuno‘ que me libera de mis embrollos internos. La culpa de todo, por supuesto, se la atribuyo a mi ego.

No hay ego. El maestro zen Kosen nos dice que autoestima y ego es lo mismo. Bueno, nada de malo hay en estimarse. Las personas conscientes y las no conscientes se estiman naturalmente a su manera. Pero la idea de crear un ‘personaje egoes una falacia, una mentira, un daño terrible para los hombres. Deshimaru dice: “Siempre les digo que deben comprender el ego, pero al final no hay ego. El ego no tiene substancia“.

¿Entonces para qué lo mencionan en el Zen? ¿Cómo es eso de que te sugieren conocer y abandonar algo irreal, sin substancia? La razón es sencilla: uno también carece de substancia propia. Por allí va la enseñanza zen. Cuando el ‘ego’ desaparece, tu verdadero ser respira plácidamente, sin pesares, libre de etiquetas pues comprende que es libre. ¡Imagina el peso que te has quitado! El ego de ayer no es el ego de hoy, ni el de mañana, nos dice el maestro Deshimaru. Decir que hay que abandonar el ego equivale a decir que no te apegues a tu propia personalidad pues esta cambia día tras día. Esa es la verdadera enseñanza Zen.

Tu verdadero ser está directamente relacionado con tu grado de consciencia clara. Muchos ‘maestros‘ nos dicen que meditemos para que descubramos quienes somos verdaderamente. Pero, ¿es qué somos tan extremadamente distintos a lo que ya somos? No lo creo. De hecho, meditar es un acto de amor; aprendemos a amarnos como somos. ¿Y si cambiáramos un poquito al meditar? No pasaría nada, simplemente seguiríamos amándonos igual o hasta más.

No se puede usar el Zen para cambiar algo. La aceptación de lo que uno ‘es’ (sea lo que sea) es primordial. Uno no cambia de Karma a su antojo. Uno ‘vive’ profundamente su Karma y si se quiere, también debe amarlo. Amar, en el sentido de comprender los hechos que te trajeron a este momento de tu vida. Realmente cuando amamos, olvidamos nuestra película y nuestro personaje ‘del momento. El Karma se suaviza. Creer en un ego jodedor es hacer más sólida en nuestra mente la idea de la dualidad. Esto no es Zen. El ego es parte de nuestra personalidad, un producto o sub-producto que se forma desde el propio momento de nuestro nacimiento, no es un ‘aparecido’, y como creación propia es parte de uno…y ya.

El egoísmo es muy diferente, es querer todo para uno. Eso enferma y debilita…todo es de todos. Nadie posee realmente nada que no sea parte del universo. El egoísta vive una vida muy complicada.

En el Zen, el ego se creó para gente despierta; para esas personas que lo ven como un recordatorio de que este ser que soy hoy mañana no existirá. EL Zen es un juego, un juego que cambia de personajes cada día.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

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