Texto 2532 – LA FALSA IMITACIÓN / LA FALSA ESPIRITUALIDAD

 

Quien se cree espiritual porque sigue un dogma, ni es espiritual ni está claro. La espiritualidad es la manifestación viva de cada persona que obedece a una verdad probada en su interior, en su mente, corazón. Nadie se “hace” espiritual siguiendo a nadie ni a ninguna religión edificada sobre la experiencia de otros. Si así fuera, sobrarían santos en nuestro planeta.

La persona espiritual (si se puede llamar así) es una persona libre: posee una fuerza interior que aboga por el bien, que se nutre al hacer lo que su corazón (que ha trascendido lo intenso de la influencia del mundo material y la prisión de las ideas) desea para hacer del mundo algo mejor.

El principiante, al comenzar a interesarse en la espiritualidad, debería comenzar por “no creerle nada a nadie”; debe investigar asociándose con personas o grupos (un peligro latente) pero manteniendo la “distancia”. Mantener la distancia es evitar seguir a ciegos, o evitar ajustarse a un dogma porque alguien (generalmente desconocido) lo instituyó.

La espiritualidad no se aprende, no se recibe de nadie. Es un logro, algo muy privado, algo no transmisible. Puedes seguir el ejemplo de muchas personas espirituales, pero tu versión de la espiritualidad siempre será única.

Muchos pierden su espontaneidad al seguir a pseudo maestros y gurúes que tratan de que los demás les sigan a ciegas para poder moldearlos mentalmente según lo que ellos también recibieron de otros, o peor, de su propio ego.

El Zen, como manera de vivir, no es dogma, ni cuenta con maestros poseedores de la verdad. El Zen es Zen por la misma libertad que inspira en otros.

Los maestros zen verdaderos usan su espiritualidad y sabiduría para alentar a otros a despertar su propia espiritualidad y sabiduría. Esto lo hacen a través de su práctica. No a través de sermones y, mucho menos, usando la coacción. El Zen verdadero es sólo un camino salpicado de sabiduría, gestos, meditación, trabajo manual que te lleva al auto-conocimiento y te permite expresar tu libertad, que es, a fin de cuentas, tu genuina espiritualidad. Una espiritualidad que no sigue a “nadie”, no imita a “nadie”, pero que procura el bien de “todos”.

El Zen te inspira para que uses lo que has aprendido a través de la práctica. Tú mismo encuentras la manera de expresarte, de tomar acción en el mundo, de crear nuevas circunstancias para ti y para los demás. Es solo en este momento que las destrezas que se han desarrollado en tu interior demuestran que ha valido la pena el trabajo/cultivo interior.

Cuando un practicante sincero de Zen se sienta en zazen por convicción propia, este le brinda y comparte con el mundo su quietud, su armonía y sus buenos deseos. Esta es la verdadera espiritualidad, la verdadera religión…tal como lo exponía el maestro Taisen Deshimaru.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

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