Texto 2569 – FELICIDAD SIN CONDICIONES

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Nuestra vida está signada por la búsqueda de la felicidad. Buscamos la felicidad en todo lo que hacemos, pero ¿qué es la felicidad? Utilizando una definición de diccionario, podríamos decir que la felicidad es aquel estado emocional de alegría y satisfacción, que conlleva un estado de paz interior y una visión positiva del entorno. Nos dicen que este estado emocional generalmente se alcanza cuando hemos logrado alguna meta y que nos motiva al logro de otras metas… Es decir que ¿entonces la felicidad no es permanente? Pues al parecer no, en este orden de ideas sería momentánea, transitoria y su función fundamental sería motivacional, mantenernos en movimiento persiguiendo logros efímeros y transitorios que nos hagan sentir felices, aunque sea por un momento. Me van a perdonar, pero esto me suena parecido a la definición de la drogadicción.

El Buda, hace mas de 2500 se ocupó de estos temas y concluyó que lo que nos aleja de una felicidad permanente, es decir de un estado de regocijo y paz interior constantes, no es la frecuencia o magnitud de nuestros logros, ni la cantidad o calidad de nuestras posesiones materiales, es más bien una actitud mental condicionada por lo que llamamos los tres venenos: deseo, aversión e ignorancia.

Les hablaré del primero de esos tres venenos que se interponen entre nosotros y una felicidad plena y permanente: el deseo.

Para hablar del deseo y de como nos condiciona para no ser felices, debemos también hablar de las necesidades y tratar de entender la diferencia entre estas y los deseos.

Las necesidades son de distintos tipos, fundamentalmente podríamos hablar de tres: necesidades fisiológicas o físicas (aire,  bebida, comida); de seguridad (vestido, vivienda, trabajo, atención médica, seguridad social), y sociales (amistad filial, sentido pertenencia)… estas necesidades son de obligatoria satisfacción, son legítimas y, de hecho, deben ser satisfechas. El logro de la felicidad se nos pone cuesta arriba si tenemos hambre o sed, si no estamos adecuadamente vestidos, si no tenemos un lugar seguro donde descansar, si no tenemos salud o atención médica para recuperarla, en fin, si nuestras necesidades básicas no están debidamente satisfechas.

Ahora bien, tengo que comer para vivir, pero ¿Qué deseo comer? ¿Una pizza por ejemplo? ¿O me conformo con las sobras del almuerzo que están guardadas en el refrigerador? Por mi trabajo, necesito estar constantemente comunicado ¿Es suficiente un económico teléfono “tonto” que me permita hacer y recibir llamadas y mensajes de texto? ¿O necesito un sofisticado (y costoso) teléfono “inteligente”, capaz de realizar decenas de funciones (de las que uso no más de un 10%) y que casi piensa por mí? Caramba, tener un vehículo para transportarme cómoda y rápidamente no estaría mal. Pero, ¿Me conformo con un modelo compacto, fácil de estacionar y no demasiado atractivo será apropiado? ¿O necesito uno de lujo para impresionar a otros y poder competir con mis vecinos? ¿Y la ropa? ¿Qué me dicen de la ropa? ¿Ropa común o  ropa de marca conocida? Creo que ya vamos viendo por donde va la cosa. ¿Es realmente necesario o imperativo que adquiramos “modelos recientes” de todo?

Yo creo que deberíamos reflexionar un poco. ¿Debo restringir la satisfacción de mis necesidades (comida, vestido, recreación, etc.) por satisfacer el deseo spor objetos que no necesito? ¿Tiene eso sentido? ¿Satisfacer deseos nos libera y nos da felicidad permanente o nos esclaviza y nos hace crónicamente insatisfechos? Estar atados a nuestros deseos nos entierra en una corriente, en una cadena sin fin, donde la satisfacción aparente de un deseo conduce irremediablemente a otro deseo, y a otro y a otro.

Por otro lado, está la cuestión moral, la solidaridad humana. ¿Cómo pueden millones enfermar por exceso de peso, por satisfacer un deseo mórbido por la comida, cuando unas 24 mil personas mueren al día de hambre? Y eso por mencionar un solo aspecto de este problema.

Ojo, no me malinterpreten, no estoy diciendo que ser rico es malo, o que se deshagan de sus posesiones materiales superfluas y vivan como monjes. Solo les sugiero que busquen el punto medio en sus vidas, el equilibrio; que sean usuarios de sus posesiones, no poseídos por ellas. Les sugiero que antes de dedicar tiempo, esfuerzo y recursos para conseguir algo, evalúen hasta donde llega la necesidad y dónde comienza el puro y simple deseo; en fin, que sean solidarios, sea cual sea su condición social o económica. Siempre hay algo para compartir y alguien con quien compartirlo, alguien que necesita lo que a nosotros nos sobra, porque solo en el servicio desinteresado a los demás se encuentra la verdadera y perdurable felicidad.
Para concluir, recordaré esta frase de Abraham Lincoln:

Es más fácil reprimir el primer capricho que satisfacer a todos los que le siguen.”

 

Shih-Fa Lu  / Monje Chan

 

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