Texto 2620 – DHAMMAPADA EN CASA

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“El bien que ni la madre, ni el padre,
ni cualquier otro pariente pueda hacer a un hombre,
se lo proporciona una mente bien dirigida,
ennobleciéndolo de este modo.”

Dhammapada, La Enseñanza de Buda (Capítulo 3)

Cuando la cólera, los deseos y la ignorancia de un niño son demasiado grandes, los esfuerzos de los padres por hacer feliz a su hijo siempre serán pequeños. Por eso, el mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos es enseñarles a dirigir bien sus mentes.

Nuestra herencia mental es como una barca sin rumbo, cargada de pasiones que van en miles de direcciones, produciendo así toda nuestra agobiante agitación mental. Nuestros padres no pueden regresarnos a nuestra condición natural, pura y serena; no pueden hacernos experimentar nuestra naturaleza búdica. Nosotros mismos debemos devolvernos esa condición, mediante nuestra práctica constante en la senda propuesta por el Buda.

Dirigir bien la mente no significa imponerse uno mismo nuevos dogmas o patrones de pensamiento, significa calmar nuestras mentes cuando éstas se agitan ante los eventos. Significa evitar que la mente viaje al pasado o al futuro y mantenernos activamente en el presente. Significa liberarse de los propios enredos mentales y adaptarse al orden natural de la vida.

No culpemos a nuestros padres de nuestra agitación mental. Agradezcamos que ellos son el espejo donde podemos ver nuestro propio karma. No los culpemos por no habernos dado lo que deseábamos cuando niños, ni por no habernos criado de la forma como nos hubiese gustado ser criados. Ellos son la brújula que nos sirve para dirigir nuestras mentes, para cambiar el rumbo incierto que traían nuestros ancestros y llevar a toda la familia al despertar.

Monjes y Bodhisattvas: dirijamos pues el rumbo de la barca mental que heredamos. Tenemos que asumir la responsabilidad de nuestras vidas.

Rubí Saki Shō / Monja Zen

Texto 2619 – VIAJEROS

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Las personas que no pueden soportar su vida presente constantemente comienzan a viajar hacia el pasado o el futuro sin comprender muy bien lo que hacen. Inician viajes inciertos apoyados en la no-consciencia. Es un viaje incierto en ambos casos hacia la irrealidad.

El Zen nos propone justamente lo opuesto. El desgaste propio de estos viajes carentes de consciencia y mente clara, nos convierte en viajeros nada zen. La proposición fundamental del Zen –muy conocida por todos– de mantenernos en el presente es la verdadera odisea que debemos emprender desde el plano de la consciencia vigilante. Zazen se convierte para nosotros los practicantes en esta odisea.

El verdadero viaje en el Zen es: “No dejar ningún trazo de ningún tipo”. Esto equivale a practicar la vida en el presente. “Cuando vivimos plenamente el presente, no dejamos ninguna huella”, nos dice el maestro zen Dainin Katagiri, y añade: “nuestra experiencia se convierte en una brisa suave y refrescante”.

Cuando, como viajeros descontrolados, viajamos hacia planos inexistentes (pasado y futuro), el viaje se convierte en “vientos huracanados”. Esto es terrible para el hombre que desea caminar la Vía de los budas.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

 

Texto 2618 – ZEN SIN RECONOCIMIENTO DE AUTORIDADES

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Si hay en este mundo algo que trasciende las relatividades del condicionamiento cultural, eso es el Zen, cualquiera sea el nombre que se le dé. Por esta razón el Zen nunca fue institucionalizado y muchos de sus antiguos exponentes fueron “individualistas universales” que nunca participaron como miembros de una organización zen ni buscaron el reconocimiento de una autoridad formal”.

Alan Watts / El Camino del Zen

COMENTARIO: Nada más claro. Gracias Alan Watts. No pertenecer a nada que te limite es la expresión genuina del Zen. Un Zen sin Templos, como bien lo conocemos quienes practicamos en plena libertad sin ser afligidos por las ideas, las membresías ni las organizaciones. El Zen carece, como muy bien sabemos, de “olor humano”.

Texto 2617 – PONER DE LADO LO HUMANO

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Constato a menudo que la gente ve en zazen una solución a los problemas y a los sufrimientos personales, o incluso a la educación de una persona. Pero Kôdô Sawaki rôshi da un punto de vista diferente del zazen en su frase : “Zazen es conectarse al universo.” La postura de zazen nos une al universo entero. Como Shigeo Michi, celebre anatomista del siglo pasado, decía : “Puesto que zazen es una postura en la cual el ser humano no hace nada por el ser humano, el ser humano es liberado de ser un ser humano y se convierte en un Buda.”

Canciones de la vida – Himno al zazen por Daiji Kobayashi

Texto 2616 – SELLAR LA BOMPUIDAD

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¿Qué significa renunciar a todas estas capacidades humanas adquiridas duramente cuando nos sentamos en zazen? Yo creo que tenemos la oportunidad de “sellar nuestra bompuidad“. En otros términos, sentados en zazen, abandonamos sin condiciones nuestra ignorancia de ser humano. En efecto decimos: “No voy a utilizar estas capacidades humanas para mis objetivos confusos y egocéntricos. Tomando la postura de zazen, mis manos, mis piernas, mis labios y mi espíritu están sellados. Son exactamente como son. No puedo crear más karma con todo esto.” He aquí lo que significa “sellar la bompuidad” en zazen.

Cuando utilizamos nuestras sofisticadas capacidades humanas en nuestra vida cotidiana, las utilizamos sistemáticamente para nuestros fines ilusorios y egocéntricos, para nuestros intereses de bompu. Todas nuestras acciones están fundamentadas sobre nuestros deseos, nuestras atracciones y nuestras aversiones. Las razones por las cuales decidimos ir aquí o allá, manipulamos diferentes objetos, hablamos de distintos temas, teniendo tal o cual opinión, son determinadas únicamente por nuestra inclinación a querer satisfacer nuestros intereses egoístas. He aquí como somos. Se trata de un hábito profundamente enraizado en cada bompu ser humano. Si no hacemos nada con este hábito continuaremos utilizando todos nuestros maravillosos poderes humanos en la ignorancia y el egoísmo, sepultándonos siempre aún más profundamente en la ilusión.

En cambio, si practicamos correctamente zazen, nuestras capacidades humanas no serán jamás utilizadas para intereses de bompu. De esta forma esta tendencia se interrumpirá, por lo menos por un tiempo. Es lo que yo llamo “sellar la bompuidad“. Nuestra bompuidad siempre existe, pero ahora – gracias a zazen – estará completamente sellada. En el Bendôwa (“En la persecución de la vía”), el maestro zen Dôgen describe el zazen como una condición en la que podemos poner el sello de Buda sobre las tres puertas del karma (el cuerpo, la palabra y el espíritu) y sentarnos derechos en este samâdhi.”

Esto quiere decir que de ninguna manera debe haber la menor traza de actividad bompu, sea esta en el cuerpo, en la palabra o en el espíritu. Todo esto es lo que constituye nuestra auténtica “señal de budas”. El cuerpo no se mueve en la postura de zazen. La boca está cerrada y no habla. El espíritu no busca convertirse en Buda, sino que más bien detiene las actividades mentales del pensamiento, la voluntad y la conciencia. Eliminando todos los signos de bompu de nuestras manos, de nuestras piernas, de nuestra boca y de nuestro espíritu (que normalmente actúan únicamente en el nombre de nuestros intereses ilusorios de humano), poniendo el sello de Buda sobre ellos, los colocamos al servicio de nuestra naturaleza de Buda. En otras palabras, cuando nuestro cuerpo-espíritu de bompu actúa como un Buda es transformado en un cuerpo-espíritu de Buda.

Isshô Fujita

Texto 2615 – BOMPU ZEN

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¿Qué es bompu Zen? Es un Zen “intervenido” por la mente racional y sus asociaciones con la filosofía, psicología, metafísica, psiquismo y algunos dogmas. Es un “Zen de cabeza”, no de “cadera”.

Un “bompu” es el opuesto de un Buda, es una persona que no está despierta aún, que está “atrapada” por todo tipo de ignorancias e incongruencias, de tonterías y sufrimientos. Cuando estamos completamente inmersos en zazen, en lugar de permanecer en esta idea, no deberíamos olvidar jamás comprender que la práctica de zazen, es la “negación” o el abandono de nuestra “bompuidad”. En otras palabras, se pasa en zazen, de la cabeza al corazón en el seno de nuestra naturaleza de buda. Si nos olvidamos de tomar este punto “en serio”, nos dañamos a nosotros mismos alentando nuestra propia “bompuidad”, practicamos un zazen débil, adaptado a nuestra bompuidad y degradamos el zazen mismo.

Shigeo Michi

Texto 2614 – UN HOMBRE SIN RAÍCES

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Siempre he pensado que las ordenaciones en el budismo Zen son una ceremonia de “liberación”. Es la celebración de la muerte de tu ego que indisciplinadamente te había llevado de paseo por la vida dando tumbos y fortaleciendo tus ilusiones. Por eso, al iniciarte en el Zen y recibir los preceptos, tu vida toma “otro rumbo”. Pero, necesitas tener fe en esa ceremonia-raíz. Esa es la fogata que te mantendrá vivo y fortalecido durante toda tu vida de budista.

Las artes marciales, la caligrafía china y muchas disciplinas ancestrales asiáticas y de la India son disciplinas que ponen su base (así como cuando colocamos nuestra cadera sobre el zafú durante zazen) en una herencia espiritual. Todas tienen un “sensei”, maestro, gurú que inicia a sus discípulos en una disciplina. En las artes marciales esto es esencial; yo estudié karate con el maestro Kunio Tanabe desde los años 70 y esa realidad no lo puede cambiar nada. Kunio Tanabe sensei es mi “base” en el karate. De la misma manera el sensei Yves Carrouget (Zen) es mi “base” en el Zen. Luego me ordené con el sensei Taisen Deshimaru, otra “raíz” que no puedo negar. Esto, repito, es un hecho histórico, nadie puede cambiarlo. Cuando uno reniega de sus raíces, simplemente flota. Se carece de “raíz”. Esto no existe en ninguna de las disciplinas que mencioné anteriormente.

Quienes se acerquen al Zen por primera vez deben conocer un poco sobre las raíces de sus instructores. No deben recibir el Dharma de instructores que nieguen sus raíces. Exijan conocer su linaje. Exijan conocer sus instructores. Exijan conocer la condición de su mente. Si sus instructores llevan puesto un rakusú, (símbolo físico de haber sido ordenados por alguien más antiguo que ellos en el budismo), averigüen de dónde salió ese rakusú, cómo lo obtuvieron. No sean “come flores”. El Zen no tiene nada de “come flores”. El Zen es una vía dura, seria, sin adornos que promueve el “no-miedo”. Si sus instructores niegan su herencia espiritual lo hacen por miedo. Esto no es Zen. Nunca estudien Zen con alguien temeroso. No vale la pena. Se vive el Zen o no se vive, sin medias tintas. Las medias tintas son solo eso: tintas diluidas. De esto se trata la “liberación”. Este el Zen de Buda, Dogen, Deshimaru, Yves Carouget que muchos seguimos sin miedo en Venezuela.

Las abuelas o antepasados representan a menudo el inconsciente. Lo que el consciente no es capaz de aceptar, el inconsciente sí lo acepta”. Es allí donde reside el verdadero y profundo descubrimiento de uno mismo, y el no-miedo. Sin abuelas, flotamos en un mar de ideas y por supuesto no vamos a ninguna parte, nos perdemos. Sin abuelas no hay raíces. No hay nietos sin abuelos.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

NOTA: En la fotografía (entre otros) están presentes Cesar Sciara, el Sensei Daniel Márquez (monje) , el sensei Paul Quintero (monje), el sensei Hector Espinoza (monje),  Magaly  (monja), Eduardo Molina, Tania Primera, Juan Carlos Neme (monje), Carlos, Javier Pérez Cordero, Antonio Pignatiello, Ángelo Suarez, Juan Carlos Tenia, Marcel Perciante, Geraldine Batman, Liana Gámez, y Jonathan D´Enjoy.

Texto 2613 – ASÍ SE MANIFIESTAN LAS PERTURBACIONES

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El “mar” es nuestro “ego”. Un gran mar silencioso y de mucha profundidad.

El “viento” es nuestra falta de control, nuestro desequilibrio mental. Este empuja y va formando “olas” sobre el mar. De esta manera, la ignorancia, la cólera, el miedo, la avidez, las pasiones y los deseos “aparecen” dentro de esas olas. Estos son los frutos de nuestro Karma pasado que reposan en lo profundo del mar.

Todos tenemos potencialmente todos estos bonos. Todos, por ejemplo, somos capaces de “matar”. Basta con que aparezca un “estimulo” adecuado para que nuestro Karma responda por medio de nuestro ego. Los bonos se manifiestan gracias a múltiples factores externos; el viento es solo uno de ellos.

Si las personas no meditan, recitan mantras u oran, no se podrá equilibrar el poder de los bonos. No habrá sosiego ni mental, ni físico, ni emocional, ni psíquico. No se pueden detener los “bonos”, pero sí se puede, a través de “zazen”, detener el poder del ego. Calmarlo, aminorarlo, controlarlo. De esta manera podemos “transmutar” la energía dispersa e impredecible del ego.

La serenidad interior es de importancia capital; de lo contrario las pasiones emergerán y crearemos caos ilimitadamente.

Por esto practicamos zazen. El poder que emerge del sometimiento, control y la eventual desaparición del poder del ego, lo podemos catalogar como el “despertar” en el budismo.

El Zen no se apoya sobre ningún dogma. Se apoya únicamente en una práctica viva, a la vez corporal y mental, basada en el descubrimiento de nuestros condicionamientos, condicionamientos estos superficiales ligados a las circunstancias, pero condicionados en mayor profundidad debido a la presencia de un “yo”. Descubrir estos condicionamientos puede engendrar la necesidad de deshacernos de ellos para poder ver (descubrir) lo que realmente somos”.  – Maestro zen André Lemort

Sensei Paul Quintero / Monje zen

NOTA: “Quienes purifican su corazón, son quienes más benefician al mundo”. –  James Allen / Cortesía de Diana Di Natale – @dia889

 

Texto 2612 – ZAZEN EN DOS PARTES

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La postura de la parte alta del cuerpo durante zazen – por encima de la cintura – es una manifestación de lo que ocurre en la parte baja de la postura, en la base, en la base de la columna, en las caderas. Pero, lo contrario no es verdad: lo que ocurre en la parte baja del cuerpo no es la manifestación de lo que ocurre en la parte alta de la postura.

La fuente es la parte baja del cuerpo. Si ustedes tratan de corregir su postura desde sus cabezas, de sus hombros, de su espalda no lograrán nada, no valdrá la pena y no alcanzarán ningún resultado.

La postura de zazen se corrige desde la base. Si las caderas están libres, si la posición de la base del cuerpo y las vértebras lumbares son correctas, el resto del cuerpo puede posarse sobre la verticalidad. De vez en cuando es importante tratar de corregir la parte alta del cuerpo, pues es allí donde somos más sensibles y podemos darnos cuenta de si la cosa anda bien o no. Pero, dense cuenta de que si ustedes tratan de corregir su postura desde la parte alta del cuerpo, ustedes le estarán agregando muchas más dificultades a las que ustedes ya poseían.

Lo mismo ocurre en la vida cotidiana. Ustedes no deben considerar ni el comportamiento, ni el pensamiento, ni los movimientos interiores “humanos” como aquellos sobre los cuales se basa la práctica. No crean ustedes – ni por un instante – que ustedes van a resolver el problema de la vida, de las dificultades de su vida, a través del comportamiento y el pensamiento. Esa es la alusión que hacemos en el Zen cuando nos referimos a “apagar el fuego sobre nuestras cabezas”.

Cuando ustedes practiquen zazen, consideren que el comportamiento y el pensar son la expresión, la manifestación o el reflejo de lo que ustedes son en su interior. Dentro del comportamiento y de su manera de pensar ustedes deben ver un reflejo de su ser; esto es la fuente. Esto es lo importante. Si no se da un cambio en lo que ustedes son, el comportamiento y su manera de pensar no serán sino una simple decoración de ustedes mismos, de su ser interior. Esto se convierte en un agregado a su propia confusión dentro de la vida, un agregado a su falta de libertad, un agregado a su propia rigidez, un agregado que añade aún más dificultades a sus relaciones con su medio circundante y con sus semejantes. El maestro Ekhart decía que si nosotros somos justos, nosotros nos comportaremos de manera justa.

Dentro de eso que ustedes perciben de sus posturas, de eso que ustedes perciben de su comportamiento en la vida cotidiana, y dentro de sus propias reacciones, vean justamente su propio reflejo. No se equivoquen de objetivo.

Mientras ustedes crean en su realidad fehacientemente, ustedes no tendrán posibilidad alguna de salir de la ilusión, de abandonar su mundo ilusorio, y continuarán tratando en vano de resolver las dificultades inherentes a ese, su propio credo.

Es esencial conocer la “raíz” de las dificultades dentro de la vida humana. Es por esto que practicamos zazen.

 

Maestro André Lemort / Colombia / Discípulo directo de Taisen Deshimaru

 

Y como el fluir del arroyo nunca detenerse,

Y como el reflejo luminoso de aguas profundas reconocernos.

Zhou Xingsi

 

COMENTARIO: Desde la base de nuestra cadera (durante zazen) hasta la punta de nuestra cabeza recorremos nuestra vida y nos deshacemos de las ilusiones que creamos a diario y que vamos agregando al ser artificial que somos. Fortalezcamos la raíz. La mente y sus dificultades se resuelven al “sentarnos”.