Texto 2657 – PRÁCTICAS MILENARIAS DE FIN DE SEMANA

«La raíz de la maestría de nuestras facultades mentales, está basada en la guía o dirección de una persona calificada, porque es imposible lograr el control de nuestras propias facultades de una forma arbitraria. No solo es imposible, sino que el intento es peligroso. Las versiones popularizadas de las enseñanzas orientales a veces sugieren que la maestría de las facultades puede lograrse mediante algún tipo de meditación, concentración o práctica yóguica, pero los hechos documentados dicen que las disciplinas mentales simplificadas en exceso, practicadas en solitario y por motivos personalistas, en realidad desencadenan desequilibrios mentales, fijaciones endurecidas y fomentan pensamientos engañosos y comportamientos basados en éstos. El resultado es una personalidad sin coherencia interior, un individuo sin autonomía intrínseca.

Como lo escribió un pensador chino “Aprender es un asunto de todos los días, en el cual la consciencia debe ser ejercitada en cada situación.” El discernimiento desarrollado mediante la observación, la experiencia y la práctica verdadera, se vuelve una parte permanente de la personalidad, un talento permanente, una forma abstracta de riqueza que puede ayudarte a prosperar en cualquier situación en la que te encuentres.»

Thomas Cleary (El arte de la riqueza)

Si estás interesado en conocer y equilibrar tu mente mediante alguna práctica espiritual milenaria, es importante que te cuides mucho de no hacerlo de forma superficial o arbitraria, saltando de una clase espiritual a otra, caprichosamente. Debes tomar en cuenta que si tu mente es desequilibrada, no puedes tener certeza de lo que es una práctica equilibrada o genuina y por eso puedes engañarte muy fácilmente, creyendo que estás logrando algún progreso espiritual. No solo puedes engañarte, sino que puedes ser engañado con facilidad. “Al que nada sabe, cualquiera lo engaña.” decía el educador venezolano Simón Rodríguez. Es importante que reflexiones sobre lo absurdo que resulta reducir prácticas espirituales milenarias, a talleres, clases o sesiones de uno o varios fines de semana, muchos de ellos ofrecidos con un interés totalmente mercantilista.

Por lo tanto, cuando actúas arbitrariamente, podrías hacerte un gran daño a ti mismo, tanto material como mentalmente, ya que no solo corres el riesgo de caer en lo absurdo, sino que estás expuesto a la especulación de quienes hacen un negocio de las prácticas espirituales.

La simplificación en exceso de prácticas espirituales que requieren de mucho conocimiento, práctica y observación de uno mismo, junto con anuncios y ofertas prometedoras dirigidos a un público ignorante de la profundidad y extensión de estas prácticas pero ávido de bienestar, puede resultar en una combinación bastante peligrosa para la salud, cuando no se sabe discernir.

Esto no quiere decir que de ahora en adelante no vas a realizar ninguna práctica espiritual porque es peligroso, quiere decir que debes investigar, comprometerte sanamente y observarte a ti mismo durante el proceso, para que desarrolles la capacidad de discernir y el dominio de ti mismo.

No puedes ser internamente coherente si actúas de forma incoherente, saltando de una práctica espiritual incompleta a otra práctica espiritual incompleta. Existen “coleccionistas de cursos espirituales” que llegan al Zen y luego se van al darse cuenta de que el Zen no es como los demás cursos rápidos. El Sensei Yves Carouget decía que “si uno abandona la práctica de zazen, podría enloquecer” y es que, si dejas de practicar, tu “sistema de apoyo psicológico”, mejor conocido como “ego”, quedaría medio deshecho, y una estructura medio despedazada es más inestable. Por eso el Maestro Taisen Deshimaru decía “practiquen zazen eternamente”. Practicar la Vía es un compromiso sempiterno.

Rubí Saki Shō / Monja zen

Texto 2656 – EL EQUILIBRIO SABIO Y TRASCENDENTAL

Para el budista, el Karma no es el premio o castigo por las acciones, sino el hecho de que cualquier acción produce un efecto, y un conjunto de causas da origen a un conjunto coherente de efectos que son la contrapartida de esas causas. Esto se debe a que todo lo que existe en el universo ‘tiende al equilibrio’. Las cosas se ‘desequilibran‘ para lograr un ‘equilibrio más elevado, lo cual también es Karma. Sea esta nuestra búsqueda: alcanzar equilibrios ‘más elevados’.

El equilibrio del Karma lleva a equilibrios ulteriores; la sanación parcial (que puede manifestarse lentamente) nos conducirá con toda seguridad a la sanación total. La Mente Clara, dice el Señor Buda, comprende esto muy bien. El hombre no debe contentarse con ‘mini equilibrios‘; él debe usar su vida para alcanzar equilibrios mayores, completos, sanadores. No importa nuestra edad, la búsqueda debe conducir a esto. Este es el verdadero y profundo sentido del Karma. Este Karma es trascendencia, crecimiento, aspiración y realización. Lo importante es ‘alcanzar‘ un estado de conciencia que te ayude a comprender la idea de un Karma (equilibrio) ‘más elevado’.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

NOTA: Lo que induce a errar a los humanos es que las consecuencias de su forma de actuar y de pensar no son inmediatas.  – Mikhael Aivanhov

Texto 2655 – DÉJÀ VU

En algún momento de nuestras vidas, muchos de nosotros, hemos tenido la extraña sensación de que ya hemos vivido exactamente una misma situación. A esta sensación se le ha llamado “déjà vu” que en francés significa “lo que ya se ha visto”. Aunque nadie sabe con certeza la causa de esta extraña sensación, lo que sí es cierto -para explicar este fenómeno- es que si todo el tiempo pensamos lo mismo, entonces siempre veremos lo mismo y viviremos lo mismo. Esto es lo que el Zen sugiere cuando dice: si siempre tienes los mismos apegos, entonces siempre tendrás los mismos sufrimientos.

El propósito de este texto no es discutir la causa o el significado de los “déjà vu”, sino el de recordarte que te mantengas atento a tus pensamientos habituales en vez de dejarte llevar por ilusiones, suposiciones o alucinaciones provenientes de ellos. Cuando te mantienes atento, sin dejarte llevar por lo que ocurre a tu alrededor, te das cuenta de que las situaciones repetitivas se corresponden con tus pensamientos repetitivos, lo cual era de esperarse.

La próxima vez que tengas un “déjà vu”, no te pierdas buscando su significado en otras partes, ni suponiendo nada, ni buscando explicaciones científicas, espirituales o esotéricas; mejor mantén los pies bien firmes sobre la tierra y toma las riendas de tus “pensamientos errantes” como los denomina el Maestro Zen Jian Liao.

“Lo verdaderamente importante es lo que haces en este momento” dice el Maestro Kodo Sawaki. “Seguir la Vía del Buda significa que tus pies tienen que asentarse firmes sobre la tierra a fin de que no pierdas de vista el día de hoy. […] Satori significa conocerte a ti mismo y sostenerte con lo pies firmes sobre la tierra. Realizar la Vía significa avanzar seguro sin perderte a ti mismo de vista.” Vivir este momento presente deshace por completo la teoría del “déjà vu”.

“Solo hallarás la paz de espíritu cuando tomes las riendas de tu mente en cada uno de tus pasos, de manera que no dejes de estar bien plantado sobre la tierra” dice Sawaki. Un espíritu sereno y bien plantado no tiene necesidad de “volver a ver nada de nuevo”. Solo los necios desean repasar o volver a ver aparecer “lo ya visto” múltiples veces, pues la ignorancia se nutre de lo repetitivo.

Rubí Saki Shō / Monja zen

Texto 2654 – FE POR SIEMPRE

Continuaré creyendo, así todo el mundo pierda la esperanza.

Continuaré amando, así los otros destilen odio”.

Abbé Pierre (1912 – 2007)

Así el sol salga por el oeste,

El camino del Bodhisattva es siempre el mismo”.

Proverbio Zen

El Zen es fe. “No se trata de tener fe, sino de ser la fe”, como dice Arnaud Desjardins en su libro Zen y Vedanta. Ser la fe no tiene que ver con el buen o mal tiempo, con las condiciones internas o externas. Es una “actitud” a la que se llega al apreciar la vida tal como es. En el Zen, la práctica es nuestra fe. El camino del bodhisattva y el pensamiento de Abbé Pierre explican – sin medias tintas- el espíritu de la perseverancia en el quehacer de la Vía. La Vía- sea la que escojamos seguir- se nutre de nuestra práctica y nosotros nos nutrimos de ella. Casi en lecho de muerte, mi maestro Taisen Deshimaru, nos pidió a sus discípulos “practicar zazen eternamente”. Esa es su máxima enseñanza para todos, esa es la fe del que sabe lo que hace. Es la fe del hombre que “cree” y nunca pierde la esperanza y  es la fe del hombre que “ama” así todos sus semejantes destilen odio.  La postura de zazen es la materialización de nuestra fe, por ello zazen es “mantener vivo al Buda”. Viktor Frankl decía que lo que podía ayudarnos a sobrevivir las peores condiciones que pudiéramos enfrentar en nuestra vida se lograba al saber que existe un “sentido” en nuestra vida. Desde mi experiencia en el Zen, yo diría que podemos descubrir el sentido de nuestra vida a través de la práctica de zazen.  Zazen es fe y sentido de vida.

Sensei Paul Quintero / Monje zen

Texto 2653 – LA IMPOTENCIA Y LA VÍA

Pregunta: ¿Cómo puedo vencer los obstáculos (muros) que se me presentan? ¿Cómo puedo superar mi apego al deseo de obtener algo cada vez que hago algo?

Respuesta: Eso que sientes no es una parálisis. Eso se llama “impotencia”.

       Pregunta: Me siento atrapado. ¿Cómo salgo de esto?

       Respuesta: Descubrir nuestra impotencia es dar el paso definitivo y necesario para incorporarnos a la práctica de la Vía. Si tú no aceptas tu impotencia continuarás actuando la vida que vives y permanecerás en esa condición perennemente. Sin ese reconocimiento, nunca podrás salir de esa situación. Solo experimentarás lo que vives. Aceptar la impotencia es reconocer que ya no puedes permanecer donde estás, ya no puedes seguir en lo mismo…y eso te lleva a recorrer la Vía.

Nuestra tendencia habitual es la de comportarnos como sujetos que buscan atrapar objetos y como sujetos que toman conciencia de las cosas para luego decidir a cuales de ellas apegarse o a cuales eliminar. Después de sentarse en zazen uno puede “darse cuenta de que uno debe situarse en la dimensión en la que uno acepta su impotencia y no sigue ningún movimiento de la mente”. Esto lo podemos lograr si nuestra capacidad de interiorizar es lo suficientemente fuerte. En nuestro propio cuerpo podemos darnos cuenta de cómo “algo se cierra” en nuestro bajo vientre cada vez que la mente “atrapa” algo. Debemos detener esa sensación. En este punto, la proposición del maestro Huang Po es la de hacer como si uno estuviera tan enfermo que uno decide ya no ocuparse de nada, hasta el punto de no desear volver a saber nada de nada”.

¿Qué quiere decir esto? Es llegar al punto en el que ya no tomamos conciencia de que uno ya no desea atrapar más nada; es llegar al punto en el cual uno no toma conciencia de que no toma conciencia de que ya no atrapa nada. (Así como lo leyó).

Llegar a ese estado en el que uno es quien es previo a cada uno de nuestros movimientos mentales – sean los que sean – es la proposición de los maestros zen. Este es el estado de no-agitación mental que proviene de nuestra aceptación de que las cosas son como son sin necesidad de construir sobre ellas. Solo así cede la impotencia. Por eso se dice que la puerta de entrada a la Vía es la aceptación de nuestra impotencia.

Maestro zen André Lemort

COMENTARIO: Cuando te das cuenta de lo obsoleto de tus ideas y de su repercusión de ellas sobre ti (atormentándote y poniéndote barreras) puedes intentar “aceptar tu impotencia”. Así puedes relajarte y abrirle paso al cambio que no es justamente el que tú esperabas. Tu impotencia era claramente lo que te predisponía a sentir el agobio en tu vida. Reconocer tu impotencia es descubrir tus hábitos mentales que te mantenían esclavizado. Esta frase de la monja zen Saki Sho, nos ayuda a visualizar lo amplio de este asunto: “Reconocer la  impotencia propia nos permite darnos cuenta de que no nos habíamos dado cuenta de algo sumamente importante”. Hacer, como dice Huang Po, el papel de “no ocuparse de nada” tiene todo el sentido para las personas que viven el Zen. Es, por así decirlo, viajar más allá de nuestras propias creencias y sus obstáculos.

El mundo es ganado por aquellos que lo dejan ir”. – Proverbio Zen

Texto 2652 – LOS DIFÍCILES DE ENSEÑAR

“Si alguien sabe que está haciendo algo malo pero no desea cambiar, este entra dentro del grupo de las personas que son difíciles de enseñar.  Las ofensas – sin importar si tienen el tamaño del cielo –pueden desaparecer si uno se arrepiente y se reforma. Las ofensas del tamaño de una mota de polvo nunca desaparecerán a no ser que uno se arrepienta y se reforme.  Así de importante es el arrepentimiento. Antes de recibir los preceptos, uno se inclina delante de los budas y se arrepiente de todo el mal que uno haya podido cometer (Sutra del arrepentimiento). Cuando el arrepentimiento es verdadero y sincero, por lo general aparece una señal auspiciosa. Hay quienes ven en sus mentes luces y flores, otros puede que vean a cientos de budas frotando la corona de su cabeza. Esos son ejemplos de señales auspiciosas. Cuando uno ve una señal auspiciosa esto quiere decir que uno ya ha aprehendido los preceptos.”

Venerable maestro Hua / Vajra Bodhi Sea

COMENTARIO: Arrepentirse, reformarse. Estudiar el Dharma, establecerse en el sosiego. ¿Deseas aprender?

Texto 2651 – ¿CUÁL ARMADURA QUIERES?

“Tener una consciencia justa
es como revestir una armadura.”

Taisen Deshimaru

Por una parte, cuando defendemos nuestros apegos, creencias o percepciones, la armadura del ego se vuelve cada vez más pesada y solo nos aplasta cada vez más. Incluso, puede hacerse tan pesada que nos impida movernos. Por eso, es mejor no estar tan seguros de lo que pensamos y no defender nada.

Por otra parte, una consciencia justa es una armadura invisible a prueba de todo juicio y de toda influencia kármica, porque ¿quién puede juzgar a aquel que no agrega ni quita, que no espera ni busca, que no vive en el pasado ni en el futuro?, ¿qué puede afectar a aquel que no tiene preferencias ni se aferra a ningún extremo?

¿Cómo se logra revestir la armadura de la consciencia justa? Dejando de juzgarlo todo y dejando de apegarnos a lo que pensamos. Practicar Zen significa cambiar la pesada armadura del ego por la armadura de la consciencia justa, que se logra entre otras cosas, mediante la práctica sincera y desapegada de zazen.

Date cuenta de que cuando te pones la armadura del ego solo peleas contra fantasmas, mientras que cuando te pones la armadura de la consciencia justa no necesitas pelear. ¿Cuál armadura te quieres poner hoy?

Rubí Saki Shō / Monja Zen