Texto 88 – LA REALIDAD DE ESTAR EN UNA VÍA

 

No sé por qué  la gente común cree que estar en algún movimiento religioso- espiritual es sinónimo de ser un ser perfecto, armonioso, excelso, maravilloso y feliz. No se debe creer que esto es la norma. Puede ser que encuentres algunas personas aparentemente felices y armónicas en tu grupo de meditación, yoga, de oración, etc., pero no debes creer que quien está en una vía es porque ya resolvió su problema interno.

 

Al contrario, estar en un camino como la Vía del Zen, no es sinónimo de realización. La gente que se reúne a meditar es gente normal. Normal: con problemas, con ira, gente que critica, gente que lleva cuentos de sus propios amigos a otros amigos, gente inestable, gente irritable, gente con aires de grandeza, con prejuicios de manías, y otros con baja autoestima. Y eso es lo que hace que los grupos sean humanos.

 

La sólo idea de buscar un camino espiritual es sinónimo de que deseas en el fondo mejorar, ser más sincero, ser más dado, corregir tus errores, ser mejor persona. Eso es todo.

 

Si la Vía del Zen estuviera llena de santos, sería muy exclusiva. Y Siddharta Gautama, el Buda, nunca dijo que lo fuera. De hecho la primera gran verdad del Budismo es que todos sufrimos. Todos tenemos demonios que vencer. Por eso sufrimos. Para eso se practica la meditación sentada: para día a día luchar y vencer los demonios de ese día.  Zen quiere decir justamente esto: exorcizarse. Ese es nuestro reto diario.

 

Por eso me alegro de ser imperfecto. De ser un humano más. De caminar esta vía señalada por el Buda para ir, cual matador de plaza de toros, matando. Pero no matando toros, matando ignorancia.

 

Me postro ante ustedes amigos de la Vía, me sonrío, y sigo practicando. A lo mejor de esta misma naturaleza humana se reía a carcajadas Ryokan todas las noches antes de acostarse. We are only human. Si no lo creen, mírenme a mi.

 

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen

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Texto 87 – LOS PUNTOS DE VISTA

Todos los seres humanos somos unos cuentistas que tenemos un punto de vista propio. Cuando comprendemos esto, dejamos de sentir la necesidad de imponer nuestra historia a los demás o defender lo que creemos. En lugar de ello, consideramos que todos somos artistas con el derecho a crear nuestro propio arte.

 

Nuestra vida, de origen o raíz pura, cada uno de nosotros se encarga (por medio de sus experiencias y el poder de sus creencias personales (sus propias mentiras) de re-crearlo a su manera. De esa manera perdemos nuestra pureza original. Cada quien por su lado vive su propio paraíso o infierno. Esto es completamente personal.

 

Un budista no anda por allí deseando cambiar a nadie. Un budista respeta la vida de los demás. Y su compromiso es con su propia vida. No se puede cambiar la vida de los demás sin haber hecho un trabajo interior profundo de revisión y renovación. Por eso se medita. Para eso se medita. Al menos es un instante de silencio que muchos no hacen, para detenernos un poquito a revisar nuestra creación.

 

Y la renovación comienza a cada instante. Vivir cada instante es la vía del budista. Revisarse, mirar adentro para poder comprender el dolor ajeno. Todos somos distintos. Cada uno de nosotras es creador absoluto de su karma (historia), y, por lo mismo, cada uno debe poder sanarse a si mismo (si lo desea).

 

El bodhissatva no desea cambiar nada. Él da tips (sugerencias) de acuerdo a la situación que vive con las demás personas. En el Zen se dice “Mendigar con el pobre y darle monedas de oro al rico.”

 

Nadie puede cambiar a nadie, y tampoco es su trabajo. Conocer sobre el drama de nuestras vidas puede ayudar a otros. Podemos influir en los demás a través de nuestras acciones, palabras, gestos. Más nada. Por eso es esencial reconocer y comprender y aceptar que cada quien es creador de su propia historia. El mendigo es mendigo pues el desea serlo. Y el rico es rico pues desea serlo. Y así ocurre con todas las preferencias humanas. ¿Quién puede cambiar esto? – Nadie. Ni ningún credo, ni ningún mago, ni ningún Buda. Solamente uno. Debo decidir lo que deseo ser, y serlo.

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen

 

Texto 86 – LAS 4 ACCIONES FUNDAMENTALES

Las cuatro acciones fundamentales que abraza el Zen son: caminar, estar de pie, acostarse y sentarse. La práctica de zazen es solo una de ellas. La gente cree que es la única. Pero, no es así. Cuando dormimos al estilo Zen, por ejemplo, dormimos y descansamos de verdad. La gente común duerme (eso creen) mientras piensan y sueñan con miles de cosas.

 

Lo mismo les pasa al comer y al caminar. Ni comen como acción completa ni caminan como acción completa .Casi todo lo hacen a medias. Por eso para un practicante de Zen es necesario concentrarse en estas 4 acciones. ¿Para qué? – Para actuar para el bien del mundo. Nuestras acciones no deben interferir con las acciones del Universo.

 

Esto sí es Zen. Practiquemos las 4 acciones equilibradamente. Solamente practicar Zazen podría arrinconarnos en una de las 4 esquinas de un cuarto. Pero hay más acciones a las cuales llevar nuestra atención y observación. Esta claro que practicar el Zen es llevar la atención y observación a todas nuestras acciones cotidianas.

 

Si meditas, por ejemplo, y luego sales a hablar de más, criticar a otros, entrar en conflicto con otros o crear esos conflictos…realmente tu atención y observación es “ocasional”. Esto no es llevar una vida Zen.

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen

Texto 85 – ¿LA FIESTA O LAS COSAS DE LA FIESTA?

La gente que asiste a una fiesta para ver que se trae de la misma no es la misma gente que asiste a ella para disfrutar. Mi padre, no nos permitía traer torta, ni galletas ,ni refresco, ni quesillo, ni nada de las fiestas a las cuales asistíamos  mis hermanos y yo de niños. Y a esa edad no entendíamos el por qué.

 

Piense usted: si usted va a ver que se trae de la fiesta (centro de mesa, torta, pasapalos, botella de whisky, papel sanitario, etc.) en realidad usted no va a disfrutar la fiesta.

 

Mi padre era Rosacruz. Y creo que con este ejemplo me dio a entender que la fiesta es la vida misma. Y,cuando nos pasamos la vida recogiendo checheres (como el buscador de objetos en una fiesta de 15 años o en el matrimonio de un amigo), en realidad no disfrutamos de la vida.

 

Eso es una gran enseñanza. Pregúntense: “Estoy disfrutando esta vida, o estoy guardando cosas para llevármelas (como pensaban los faraones) para la próxima?”. Aun habiendo una próxima vida, ¿de que te servirían objetos de esta vida si nunca serás la misma persona en la otra?

Amigos, esta vida, este instante es la fiesta verdadera. Aprendamos a vivirla en plenitud. Mejor disfrutar ahora que es cuando se puede, pues estamos vivos. De esta fiesta, no te llevarás nada. El punto, desde la óptica Zen, es disfrutar esta vida. Disfrutar y sentirse sosegado, ¿para qué más?

 

“Solamente soy residente forastero en la tierra.” (Salmo 119:19)

“Inclina mi corazón a tus recordatorios, y no a las ganancias. Haz que mis ojos pasen adelante para que no vean lo que es inútil”. (Salmo 119: 36,37).

“Las cosas valiosas no serán de ningún provecho el día del furor, pero la justicia misma librará de la muerte”. (Proverbios)

Texto 84 – DESPUÉS DEL SATORI

Hay un dicho muy popular en el Zen que dice que después de alcanzar el satori (despertar), sólo vemos al viejo hombre común sentarse. Algo extraordinario ocurre cuando se logra el despertar, pero al mismo tiempo nada extraordinario ocurre. El Vedanta, la filosofía de la cual surge el Budismo,  se traduce como “el final del conocimiento”.

 

Si el despertar es el final del conocimiento, el final de nuestras luchas (interiores), el final del sufrimiento, ¿qué queda en nuestra vida? ¿Qué queda por hacer después que se termina el esfuerzo, la lucha? Después de todo, ¿no son parte de la belleza de nuestra vida la lucha, las lágrimas, los pesares del corazón y el conseguir la sanación y la paz a través de todos ellos?

 

Si no queda nada para hacer, si no hay nada más que lograr a través de nuestras luchas, ¿qué sentido tendrá el seguir viviendo? ¿Cuál será el sentido de vivir si la vida en si no tiene sentido? ¿Cuál será el sentido si no vale la pena jugar el juego de la vida?

 

Existe un sentido sin embargo: la creación de tu propia historia. La única diferencia es que después del Despertar y de probar ese sabor único (satori), ya no nos identificamos con el drama.

 

Pero el des-apego (a esa vida global humana ordinaria) no significa no participar. No es un escape de la vida; es simplemente crear tu propia historia con el discernimiento claro de que tú no eres esa historia. No te molesta (entonces) cuando tu vida toma un camino equivocado o cuando algo sale mal. De la misma forma serás capaz de celebrar cuando un hecho maravilloso ocurra en tu vida, pero no te apegarás al hecho pues te darás cuenta de que tu historia no eres tú.

 

Todo en la vida es una historia. La evolución del universo desde materia inconsciente hasta convertirse en consciente, es una historia. El Eros de la conciencia humana, el cómo evolucionamos desde una dualidad y un estado de separación  a un estado de Iluminación y de unión (integración) es una historia.

 

La búsqueda del significado de las cosas y de la belleza fuera de nosotros, y el darse cuenta de que la felicidad sólo puede venir de nuestro interior, es otra historia más. Somos capaces de convertir cualquier acción mundana (como el lavar los platos) en una historia. Tenemos todo tipo de sentimientos sobre todo los que nos rodea y aprendemos a usar esos sentimientos para moldear nuestra historia. La vida es pues una serie de historias que conforman el todo de la humanidad.

 

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen

Texto 83 – CREANDO UNA MENTE RADIANTE II

En el libro La Voz del Conocimiento, Don Miguel Ruiz sugiere que todos somos artistas. Todos estamos constantemente soñando, constantemente creando  y moldeando nuestras historias. Basados en la cantidad de tiempo que invertimos en nuestros credos, nosotros le damos forma a nuestra historia. Dado que siempre estamos percibiendo nuevas cosas y nuevos eventos, lo que hacemos es filtrar algunos de ellos y aceptamos otra información y otras ideas basados en la perspectiva de cómo esos eventos se alinean con la historia que deseamos crear: la nuestra!

Como Ruiz, yo pienso que es un más poderoso paradigma el vernos a nosotros mismos como artistas que como “sólo gente”. Aun si tú no crees que tú seas del tipo de gente creativa, tú estás creando todo el tiempo.  Tú no puedes no crear! Cada vez que respiras, te mueves, abres o cierras la boca, tú estás creando.

NO VIVIR UNA VIDA ACCIDENTAL

¿Alguna vez has dado un paso atrás y has observado la vida mientras pensabas: “Cómo carajos llegué aquí?”. Es en ese momento de iluminación personal  que tú te das cuenta de que eres el arquitecto de tu vida, pero no hay directrices fijas que te ayuden a ver como resultará tu trabajo e intención con  respecto a esa creación personal. Contamos con un misterioso compás interno que nos ayuda a guiarnos, pero aparte de eso no contamos con más nada. Tenemos que cuidarnos nosotros mismos e ir creando mientras vamos viviendo. Es necesario ser conciente de ello. Esto puede ayudarnos a ver mejor lo que hacemos con nuestra vida a cada instante.

De hecho, somos “recolectores”, cazadores de origen prehistórico que seleccionan sus presas y sus zonas para vivir para preservar su vida. Nuestra vida es una colección de personas, acciones, medidas tomadas, inspiraciones, errores y éxitos.

Tenemos que tomar control conciente de nuestra presencia en esta vida y conducirnos a través de ella de la mejor manera posible. Lo más importante es tomar el volante y no vivir de accidente en accidente. Lo importante es que no nos rindamos (que usemos nuestro poder) y no renunciemos a la propiedad de nuestra mente! Para esto se practica zazen: para reconocer que tu mente es tu mayor tesoro.

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen

Texto 82 – CREANDO UNA MENTE RADIANTE I

Usamos mucha energía decorando nuestros espacios externos para embellecerlos. Nos agrada comprar cosas para hacer de nuestra casa un lugar hermosamente habitable. Y lo que es más, nos apegamos a esas cosas. Podríamos pensar que “sufrimos” si algo de nuestro espacio se daña, se pierde o se  rompe.

 

A veces la obsesión con las cosas nos lleva a pensar que hay una relación directa entre el valor de nuestra vida y el valor de nuestras pertenencias. Pero, una vez que compramos un objeto que deseamos, dentro de unos días (y para muchos a veces solo horas) ya estamos pensando en la próxima compra. Siempre estamos esperando una nueva euforia que se relacione con una nueva adquisición.

 

Lo cierto es que este embellecimiento de nuestro cuerpo y nuestros espacios nunca nos va a satisfacer. Hoy día tenemos más lujo y más comodidad que la que la gente tenía hace cien años. Inclusive, hay sirvientes reales (de algunos reinados existentes) que cuentan con más lujo que el de cualquier rey a quienes pudieron haber servido hace cientos de años.

 

Obviamente algo anda mal. Nuestro sistema de valores está distorsionado. Si tus posesiones externas constituyen tu mayor logro (propiedad), ¿por qué será que son tan poco tomadas en cuenta por los demás? – La realidad es que no se puede ver una mente brillante, armoniosa, sosegada. No puedes lucirte por tener una mente así pues nadie puede verla. No puedes andar diciendo: “Miren mi mente brillante”.

 

Nos damos cuenta de que crear un espacio interno lujoso pareciera no servir para mostrar nuestra mente brillante. Esta mente no se puede medir, no se puede comparar con ninguna otra. Por otro lado, esta misma incapacidad con la que contamos para comparar nuestras mentes con otras, es una bendición. Pues nuestra obsesión con las medidas y las cuantificaciones es realmente insana. Vean como nos medimos todo el tiempo por las cosas que tenemos. ¿Para qué?

 

Crear una mente hermosa es en si un trabajo que consiste en colocar arreglos permanentes de ideas hermosas en nuestra mente. (No arreglos florales). Se trata de quitar las telarañas que reflejan nuestros credos limitantes. Se trata de crear la respuesta interna mental automática de dar un uso impecable (correcto, perfecto) a tu palabra, y de aprender a no usar tu mente contra ti mismo. Se trata de crear un entendimiento entre tú y tu mente práctica, y de crear una relación entre tu cabeza y tu corazón. Se trata de marcar los limites y declarar como propia tu mente, y de darte cuenta de que esa es la más poderosa y preciosa posesión (regalo de vida) con la que tú cuentas.

 

Sensei Paul Quintero / Monje zen