Texto 2456 – AHORA ESTÁ CLARO, MAESTRO DOGEN

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Mientras Dogen estudiaba bajo la dirección del maestro Tendo Nyojo, este, viendo lo preocupado que Dogen estaba tras años de vivir y estudiar el budismo en China, le aconsejó con palabras profundas y mucho tacto que “no se preocupara por alcanzar la iluminación”. “De preferencia, le dijo,solamente debes sentarte para encontrar la esencia misma del budismo.

Dogen se mantuvo con él en el templo de Keitoku-ji durante mucho tiempo esperando poder entender estas enseñanzas de su maestro. Durante un día de zazen, Dogen escuchó a su maestro alentar a un joven practicante que se había dormido diciéndole: ¡Cuál es la ventaja de dormir! ¡Zazen es liberarse del cuerpo y de la mente!” Estas simples palabras impresionaron fuertemente al maestro Dogen.

De las palabras de Nyojo rescató un nuevo significado de zazen y una nueva comprensión del budismo en sí. Comprendió que con “cuerpo y mente”, el maestro Nyojo quería decir “la conciencia del cuerpo y de la mente. De tal forma, liberarse del cuerpo y la mente significaba liberarse de las desafiantes exigencias del cuerpo y las ilusiones de la mente. En otras palabras, practicar zazen era la trascendencia de esos factores, mentales y físicos, aquellos que tienden a perturbarnos y que nos despojan de nuestro sentido natural de equilibrio.

(Déjenme ponerlo de forma más sencilla: no se puede ahondar en nuestra propia naturaleza si estamos asediados y gobernados por nuestros gustos y nuestras ilusiones mentales ya que estos nos distraen. No es que no necesitemos de nuestro cuerpo ni de nuestra mente, lo que no necesitamos es que estos nos conduzcan por caminos que no nos permiten detener sus arraigos. Sin arrojar cuerpo y mente, estos señores -como demonios hambrientos- buscan saciar sus gustos mundanos y no nos permiten llegar a la verdadera comprensión de nuestra vida, lo que Dogen llama “nuestro sentido natural de equilibrio”. Es decir, alcanzar una paz estable.)

La práctica de zazen es pues regresar a un estado más allá de las fijaciones de nuestro cuerpo y mente. Dicho estado no puede alcanzarse al exagerar la conciencia de la mente o el cuerpo a través de técnicas de concentración mental y física. Solo puede encontrarse al “ingresar al reino en que la conciencia del cuerpo y la mente estén perdidas o barridas”.

(En el pasado y más aún en el presente, muchos pseudo maestros insisten en practicar horas y horas de zazen, en practicar una atención exagerada de la conciencia…conduciendo a quienes son pastoreados a complicaciones físicas o mentales de magnitudes inciertas. No se puede exagerar lo que está en desequilibrio pues las consecuencias pueden ser fatales. Uno no debe subestimar el poder de los anhelos del cuerpo y de la mente pues estos dos encuentran su  raison de vivre  en la complacencia de sus gustos que no provienen justamente de mentes ni cuerpos estables. Buscar alejarse de estos poderosos personajes es la verdadera entrada al reino de la paz; y no –como algunos creen-  fustigándolos con ejercicios y métodos nada acertados que avivan su poder y su desequilibrio. Perdidas o barridas quiere decir que ya no tienen poder sobre nosotros.)

Este es el reino de la acción verdadera. Mediante la acción sincera y profunda en el momento presente, el estado de equilibrio natural puede alcanzarse de inmediato. Sentarse tranquilamente, era pues, para Nyojo, la realización de la verdad misma. Es la iluminación en sí.

(Mientras os sentéis de manera relajada sin esperar nada, la mente y el cuerpo dejan de pedir y comienzan a tranquilizarse. Si logramos pasar por encima de sus apetitos voraces, esa mente y ese cuerpo ya no podrán perturbarnos. Por eso se dice en el budismo que no es con este cuerpo ni con esta mente que alcanzaremos el despertar.)

Sensei Paul Quintero / Monje zen

NOTA: Cuando el joven practicante se durmió en la sala de meditación, su cuerpo y su mente habían entrado al mundo del cuerpo ingobernable y de los pensamientos errantes.  Esto no le acurre al hombre que ha superado las exigencias del cuerpo y la mente.

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