Texto 231 – UN BUDA HIZO UN TAMBOR

Jose Daza (Monje Zen) y su tambor.

Hay miles de maneras de ejercer nuestra budeidad. Para José Daza, hacer un tambor es su contribución para el bien de la humanidad. Así no lo sepa.  Cuando un tambor suena, los gakis (demonios, espíritus negativos) huyen despavoridos. En todo templo Zen existe el gran tambor (TAIKO 大鼓)  que ha de tocarse para las ceremonias. Muchos creen que es un ritual y más nada. El sonido de un tambor es un arma poderosísima contra las elaboraciones ininterrumpidas de pensamientos sin rumbo producidas por nuestras mentes inquietas, y además espanta cuanto gaki desee hacernos la vida imposible.

Si cada uno de nosotros tomara un gran tambor y lo tocaramos en el mismo momento durante una semana en nuestro país, todo cambiaria. Todo. Un repique de tambor es, en un templo Zen, el despertar a una nueva conciencia.

Si Buda nunca lo dijo, lo digo yo como discípulo directo suyo a través del honroso linaje de MokudoTaisen Deshimaru e Yves Nan Sen Carouget. Para ellos, un gran y eterno repique de tambores. José, te toca a ti tocar. Gassho y felicitaciones por tu aporte para calmar las mentes y erradicar los males. Sensei Paul quintero.

Nota: Los gakis los creas tú mismo. Un gaki es en sí una metáfora para explicar nuestros propios estados psicológicos. Son simples casos de una mente que nos juega bromas pesadas. Por eso debes ser, según el propio Budismo, una lámpara para ti mismo; así los podrás erradicar. Busca un tambor y contrata a José Daza para que te lo toque. Lo demás es simple iluminación.

Texto 229 – MONTAÑA SIN DEMONIOS

Jorge Ferreira – Mountain Zen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las uvas que vemos en un cuadro pueden darnos ganas de comer uvas, pero nunca serán esas uvas dibujadas las que comeremos. Cuando las comemos, no podemos explicar esa realidad, ni darle un nombre. La acción de comerlas existe sin definición en el instante presente. La práctica del Zen consiste en asir la realidad en la acción que llevamos a cabo. La acción es el contacto del sujeto con el objeto, interior con exterior. En ese instante presente de la acción en el cual no entra el pensar y tampoco las percepciones de los sentidos, no entran las discriminaciones.

Cada mañana practicamos la postura del despertar (zazen) a la realidad. Cada mañana acabamos con la imagen del mundo que nosotros hemos construido. No es una destrucción, solo decimos stop a la fabricación de ilusiones, hacemos huelga de creaciones mentales de ilusiones. Nuestra acción se hace la realidad sin adornos. Dejamos pasar los pensamientos, no estamos ni en el antes, ni en el después, solo disfrutamos del instante. Practicando shikantaza (solo sentarse) aprendemos a asir el universo en una mirada y para nada importa el siglo en el que vivimos. Realizar la realidad se encuentra en un grano de arroz que no botamos negligentemente o en la montaña que se nos presenta silenciosa e imponente. Jorge Ferreira (monje Zen) sabe de lo que estoy hablando. Su nombre Zen, Mu Gaki San -que quiere decir: montaña sin gakis (demonios)- le permite ver la montaña y solo la montaña. Si viera otra cosa, no podría escalarla.

La acción se hace la raíz de nuestra existencia con el espíritu en equilibrio. Este espíritu en equilibrio – que ni etiqueta ni discrimina- se convierte en la raíz de la compasión hacia todas las existencias.

Cuando veo la montaña,

Allí hay Zen.

Cuando digo: “Veo la montaña”,

Ya no hay Zen.

Texto 228 – LA VÍA ABRUPTA

Maestro Zen Kosen (Francia)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Zazen es el método para girar el botón que nos integra a todo el universo.

El universo Zen consiste en sentarse tranquilamente en la postura correcta. Zazen significa poner el espíritu en reposo. El Zen no es un estado en particular, es el estado normal, silencioso, apacible, sin agitación. En el Zen no es necesaria ninguna intención de búsqueda, ni de esfuerzo en particular, ni de imaginación. Es suficiente no ser hipócrita, no ser  dogmático, no ser arrogante, y abrazar las contradicciones.Está más allá de las religiones. Supriman la palabra Zen y pongan en su lugar Verdad, Orden del Universo; o “Vida”. En las religiones, le pedimos a Dios o a Buda. En el Zen uno se dirige a si mismo.

Texto 227 – EL ZEN DE LA PAPA

 

 

 

 

 

 

 

 

Llevar nuestro Zazen, o sus beneficios a la calle es la meta de todo practicante. Ayudar a otros a través de palabras, gestos, silencio, buenos consejos es servir a la humanidad y aun más al Buda Interno de cada persona.

Esta debió ser una humanidad de servicio. Pero, si no puedes dar sin esperar nada a cambio, tus gestos interesados rompen la armonía establecida por el universo mismo. Cuando observas el servicio  interdependiente de cada animal o planta en el entorno, ves como cada uno cumple su cometido sin anunciarlo. La hierba alimenta a la vaca, la vaca da su leche y carne a los hombres. El río riega los pastos, las selvas, los animales toman del río, los peces nacen y se reproducen, el hombre come los peces. Esta es la interdependencia, el inter-ser.

Entonces, al salir de tu Zazen trata de compartir tu experiencia con otros seres humanos y hasta con los animales. Para esto debes estar conciente de lo que haces. Sentir que tienes un propósito. Sin anunciarlo.

Cuando vas por la calle y en la acera en la que caminas ves una rama que tú puedes quitar para que no entorpezca el paso, hazlo. No mires alrededor para ver si alguien ve y agradece lo que tú haces. Sólo hazlo. Las obras hechas sin anuncio, en silencio y las que nadie ve que tú realizas, son verdaderos gestos de humanidad. Claro, tu ego va a tratar de decirte lo contrario.

En el supermercado, al ver una papa en el piso, recógela. Y sigue tu rumbo. Si ves un paquete de servilletas en el piso, recógelo. Si alguien deja caer un plátano accidentalmente, y no lo nota, recógelo.  Esto es servicio. Es Zen. Aun si la persona se da cuenta y no lo recoge,   puedes recogerlo.

Si alguien te habla de un problema, escúchalo. Si alguien te escucha, agradécelo. Si alguien te enseña, dale tú algo como agradecimiento. Si ves al necesitado, bríndale comida o ropa. Si alguien te brinda un pedazo de pan, acéptalo, deja que practique su caridad, no se lo impidas.  La interdependencia ayuda a cumplir el buen karma que tenemos para con los demás. Brinda tu aporte para que todo lo que el universo ha planteado como orden, ayuda mutua, desinterés, amistad y colaboración se dé. Se tú mismo parte de ese karma de la humanidad. Medita y luego lleva esa montaña de silencio, de auto-descubrimiento, de sabiduría y compártela con los demás.

Este es el Zen de la vida cotidiana. Ya lo debes haber asimilado. Para brindar de ti lo mejor, debes fluir con el entorno, perder toda rigidez y ser espontáneo. Ser como el hombre que construye una capilla en el bosque para meditar, y al salir de ella no le pone llave a la puerta, la deja abierta para que todos los demás puedan venir hasta ella cuando lo deseen y usarla. Después de todo, nada en este universo es de nosotros, sólo usamos lo que nos llega en esta vida y compartimos…si así lo deseamos.

 

 

Texto 226 – ¿A QUIÉN DEBO PREDICAR EL DHARMA?

 

 

 

 

 

 

 

 

En nuestra condición de sacerdotes Budistas no podemos ni debemos, en virtud a los votos asumidos al momento de la ordenación, establecer ni adoptar criterios ni conductas discriminatorias a la hora de predicar el Dharma. La razón de ser de un Monje Budista es la prédica del Buda-Dharma y está comprometido a hacerlo aún en las condiciones más adversas que se pueda imaginar; en ese orden de ideas, si somos invitados a predicar el Dharma en los mismísimos REINOS INFERNALES, gustosamente iríamos a los infiernos a llevar la enseñanza del Buda. No está en nuestra potestad decidir quién merece escuchar el Dharma de Buda y quién no; si el escenario y la audiencia están dispuestos quiere decir que las causas y  condiciones kármicas están dadas, así que mal podría este humilde monje erigirse en juez y jurado para determinar quién merece o no escuchar la enseñanza.

Un monje Budista no puede ni debe asumir posiciones políticas. El caso de S.S. el XIV Dalai Lama del Tibet es excepcional y tiene que ver con su condición de Jefe político del pueblo Tibetano (en el exilio) y de ninguna forma con su condición de Monje Budista. Sin embargo, no debe olvidarse que Su Santidad se reunió en varias ocasiones con el extinto Presidente Mao antes de tomar la decisión de huir de su país y asilarse enla India.

“Que todos los méritos producto de nuestra buenas acciones sean transferidos a los que sufren, para alejarlos del sufrimiento y sus causas”

Paz, Salud y Prosperidad para todos,

Ven. Shih-Fa Lu